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76 CULTURAyESPECTÁCULOS MIÉRCOLES 26 s 3 s 2008 ABC Fallece Pilar López, la gran señora de la danza española La bailarina y maestra, hermana de la legendaria La Argentinita, murió en Madrid a los noventa y cinco años JULIO BRAVO MADRID. La danza española perdió ayer a una de sus figuras más extraordinarias. Aunque el nombre de Pilar López no haya tenido la proyección popular de artistas como Antonio Ruiz Soler o Antonio Gades, su trascendencia dentro de la historia de nuestro baile es similar. Hermana de la legendaria Encarnación López, La Argentinita, Pilar conservó su legado y su recuerdo con profunda devoción; su manera de entender el baile y la profesión le valieron el cariño unánime del mundo de la danza, que ayer desfiló triste y respetuoso por la capilla ardiente, instalada en el Tanatorio de San Isidro de Madrid. Antonio Gades, uno de sus más acérrimos defensores, y discípulo declarado de la bailarina, repetía siempre como una cantinela: Pilar me enseñó antes la ética del baile que su estética Pilar López murió ayer, a las seis de la mañana, en la clínica madrileña de La Luz, donde se encontraba ingresada desde hacía unos días. Tenía 95 años, edad a la que había llegado con una absoluta lucidez y un amor por el baile absolutamente intacto. Hasta hace muy pocas semanas se la podía ver sentada en el patio de butacas de cualquier teatro donde se programara un espectáculo de baile. La danza, decía, se mete en las venas y no sale nunca. Es preciosa; a mí me parece una de las artes más bellas que existen, porque no hay palabra. Se tiene que decir todo sin hablar, y eso es muy bonito. Hay que expresarlo todo con movimientos, con la cara, con el gesto, con tu manera de hacer Vivía Pilar López en la calle de Almagro, en Madrid, en una casa llena de recuerdos, de retratos, cuadros, recortes, carteles, libros, de fotografías dedicadas por figuras como Joselito, Ortega y Gasset, Salvador de Madariaga... Nada más cruzar el umbral de la puerta, el visitante se encontraba la réplica de un patio andaluz. Lo mandó construir La Argentinita, que compró la casa en los años treinta. La casa entera era un homenaje a Encarnación López. Mi hermana era una artista tan poderosa que ninguna otra podía suplirla Con ella empezó a bailar Pilar. Había nacido en San Sebastián el 4 de junio de 1912. Procedía de una familia de comerciantes de telas que se encontraba de paso por la capital donostiarra, y fue su padre quien inyectó la afición por el baile y el flamenco en las dos hermanas. Encarnación era la mayor, y a su lado debutó Pilar en 1933. Fue en el teatro Falla de Cádiz, con El amor brujo Más palabras de cariño para su hermana. Ella propició indudablemente un resurgimiento del arte flamenco. Los tablaos, los cafés cantantes, habían desaparecido en los años treinta, y mi hermana llevó el flamenco al teatro, creó una escuela, abrió una transición en la cultura flamenca Pilar acompañó a su hermana en una larga gira que les llevó a países como Argentina, Chile, rasil, México, Francia, Gran Bretaña, Bélgica, Holanda y Estados Unidos. La muerte en Nueva York, el 24 de septiembre de 1945, de La Argentinita, cambió la vida de Pilar López. A punto estuvo de abandonar el baile, pero se repuso y creó su compañía. El sombrero de tres picos de Falla, fue su primer ballet. Vendrían después piezas como Agua, azucarillos y aguardiente Pepita Jiménez Capricho español El Café de Chinitas Puerta de Tierra Soleares Los cabales El pelele Madrid flamenco y sobre todo el Concierto de Aranjuez sobre la partitura de Joaquín Rodrigo. El compositor dijo que Pilar había logrado expresar con su arte toda la poesía y emoción de esta música Por las filas de su compañía desfilaron artistas de la talla de José Greco, Manolo Vargass, Rafael Ortega, Mario Maya, El Güito, Elvira Real, Alicia Díaz... y Antonio Gades. La admiración del bailarín por Pilar era prácticamente devoción, y su nombre no se le caía de la boca. Le gustaba recordar una anécdota. Tras una actuación en la que él había tenido mucho éxito, Gades señaló a la orquesta durante los aplausos. La respuesta de Pilar dejó sorprendido al bailarín. La próxi- Maestra La danza se mete en las venas y no sale nunca. Es preciosa; a mí me parece una de las artes más bellas que existen José Antonio Director del Ballet Nacional de España ORFANDAD S e ha roto definitivamente el cordón umbilical que nos unía con los grandes maestros del pasado, con una generación histórica de la danza española. Se nos han ido artistas grandes, irrepetibles, pero con la desaparición de Pilar López la danza española queda huérfana de una manera de entender el arte; yo me siento huérfano, desamparado, por vez primera. Pilar fue maestra de maestros, un referente tanto en lo artístico como en lo personal. Ella fue el vínculo que unió el arte de la danza con una generación de intelectuales de la talla de García Lorca, de Sánchez Mejías, de Alberti... Pilar López era la sabiduría hecha persona, una mujer que con su sola presencia dictaba lecciones de señorío. Era un referente artístico, claro, pero también un referente personal, por el ex- traordinario respeto que sentía por la profesión, por la ética del baile que ella predicaba, por la lucha constante por elevar el arte de la danza y por la dignidad de los artistas. He vivido momentos muy entrañables a su lado; no tuve el privilegio de trabajar en su compañía, pero he compartido momentos y situaciones de todo tipo durante los primeros tiempos del Ballet Nacional, y hemos pasado largos ratos hablando de baile. Y siempre tenía la palabra justa para todos, y juzgaba con generosidad y precisión el trabajo de los artistas a los que veía. ma vez- -le dijo con sorna- -no le eche usted la culpa a nadie El bailarín holandés Julio Príncipe recordaba siempre la impresión que le produjo verla bailar. Fue verla y decidí marcharme detrás de su bata de cola En 1974, Pilar López dejó de bailar. Podía haber seguido diez o doce años más- -confesaba- pero lo dejé por razones personales que me alejaron de mi profesión; y cuando uno se aleja, es muy difícil volver Quienes vieron bailar a Pilar López la admiraron; quienes la conocieron, la quisieron. Su educación exquisita, su simpatía, su ingenio, eran parejos con su discreción. Cada vez que alguien- -y fueron muchos los que lo intentaron- -quería dedicarle un homenaje, ella lo rehusaba. Tampoco era amiga de conceder entrevistas, aunque fuera una extraordinaria conversadora y guardara en su excelente memoria recuerdos, historias y anécdotas apasionantes. ¿Pero qué quiere usted que le cuente? -espetaba con modestia- si yo ya no soy nadie Pero lo era. Aída Gómez, durante la época en que dirigió el Ballet Nacional, puso el nombre de Pilar López a la sala de ensayos principal de la sede de la compañía. La sucesora de Aída, Elvira de Andrés, repuso el Concierto de Aranjuez y elogió en las páginas de este periódico a la gran maestra. Ella quiso hacer público su agradecimiento con una carta abierta en ABC en la que escribió: Quiero decirle que las semanas que estuve con ustedes en el Ballet Nacional montando el Concierto de Aranjuez han sido uno de los más gratos recuerdos de mi vida profesional, por vuestra entrega total, vuestra profesionalidad, vuestro respeto y vuestro amor hacia mí. Gracias, Elvira Así era Pilar López, una artista irrepetible y una mujer inolvidable, que vivió la danza hasta sus últimos días. Cuando estoy con mi gente- -decía- -cambio mucho; noto un cierto frescor. Me noto muy bien hablando de baile