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ABC MIÉRCOLES 26 s 3 s 2008 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA ¿PORTAQUÉ? ECÍA Chesterton que gracias al periodismo se entera de que míster Jones ha muerto mucha gente que ignoraba que míster Jones estuviese vivo. Así, la irrelevante noticia de que el PSOE va a cambiar de portavoz en el Senado revela a numerosos ciudadanos el hecho sorprendente de que ya existía uno. Si resulta complicado entender para qué sirve y a qué se dedica el Senado, la misión de sus portavoces constituye un auténtico misterio del que acaso participen los propios interesados. La nomenclatura política española está llena de hornacinas superfluas, como las de esos santos ignotos expuestos en las naves laterales y oscuras de las iglesias, pero mucho más oneIGNACIO rosos porque sus titulares CAMACHO circulan en coche oficial y ocupan el correspondiente renglón en el presupuesto, sin haber acreditado más devoción que la del partido ni más milagros que el de vivir del cuento. Otro misterio de lo más enigmático es el rol de aparente preponderancia que se concede en el organigrama parlamentario a los portavoces de la mayoría y la oposición en el Congreso, siendo así que en realidad son muy contadas las ocasiones en que se les escucha pronunciar un discurso en la Cámara. Al Gobierno le representan su presidente y los ministros, que son los que han de dar cuentas de la gestión, y la oposición se hace oír por la boca de su líder, de tal modo que los presuntos depositarios de la portavocía suelen ejercer más bien como capataces, dedicados la mayor parte del tiempo a muñir acuerdos entre bambalinas y apacentar al rebaño de diputados. No se trata estrictamente de portavoces, sino de subalternos, cuyo papel esencial consiste en liquidar cualquier espontaneidad de la función representativa y reducirla a un teatrillo que legitima los pactos urdidos a espaldas de la soberanía popular. Los aparatos de los partidos le otorgan a ese empleo una gran importancia porque sirve para engrasar los mecanismos pasteleros en que se mueve la vida parlamentaria, pero resulta incomprensible que la opinión pública acepte sin chistar un esquema de organización destinado a hurtarle relevancia al debate político abierto y sustituirlo por cambalaches de despacho, pasillo y teléfono móvil. De ahí que José Antonio Alonso, un hombre juicioso y discreto, haya visto con indisimulado recelo el marrón que le ha obligado a comersesu jefe y amigo el presidente Zapatero, necesitado de alguien de confianza que le haga de correa de transmisión en la sala de máquinas del Congreso, porque para lucir en la tribuna ya está él. Alonso ha sido ministro de Interior y de Defensa, dos carteras de Estado, y ha de haber entendido que el nuevo cargo le degrada por mucha alharaca mediática que alcance su nombramiento. Tras mandar a las fuerzas del orden y al Ejército, Zapatero le envía a dirigir una tropilla de diputados culiparlantes y a concertar inciertos pactos con los que apuntalar la estabilidad del Ejecutivo. Acostumbrado a tareas delicadas, de disciplina y silencio, este político discreto debe intuir, con lógica y razón, que es cometido más difícil y correoso entenderse con los nacionalistas que diseñar misiones de paz en Afganistán o Kosovo. D CAMBIO CLIMÁTICO... A ESTATAL ORQUE no soy amigo de las apuestas, pero me ponía una cena a que en esta segunda legislatura zapatera cae. Cae la palabra nacional del nombre de Radio Nacional de España. Que será, y si no, al tiempo, algo así como Radio Estatal de España o Cadena Estatal de Radio. De menos hizo Mariano Medina al Servicio Nacional de Meteorología, luego Instituto Nacional de Meteorología, y ya lo ven: de Nacional, nada, monada; y de Servicio y de Instituto, menos, que eso suena a franquismo, a Servicio Nacional del Trigo o a Instituto Nacional de Industria. El cambio climático ha llegado hasta la Meteorología. Ya lo habrán oído por los partes de la radio y visto en los mapas del tiempo de la tele. El que ahora da la información del ojú, lo negro que viene por ahí y del anda, la que va a caer, no va a caer ná, la mundial ya no es ni el Servicio ni el Instituto Nacional de Meteorología. Señoras y señores: lo de nacional referido a España hay que guardarlo dentro del armario, vergonzantemente, para que no se mosqueen catalanes y vascos, que tenemos que pactar con ellos la investidura y con las cosas de comer no se juega. El organismo que maneja la inANTONIO formación del tiempo es uno nuevo, que BURGOS tiene nombre de organismo militar de la Armada o del Ejército de Tierra: la AEMET. Tú dices que tu cuñado es teniente de Artillería o de Infantería de Marina y que está destinado en la AEMET y cuela, vamos que si cuela... Pero nada más lejos de lo militar que este servicio meteorológico que, por cierto, tuvo su origen en las gloriosas alas de España, en el Ejército del Aire. Todo eso del tiempo se llama ahora, signo de los tiempos que corren, AEMET, acrónimo de Agencia Estatal de Meteorología. No pregunten, pues: ¿Qué tiempo hará mañana? Le dirán: -De momento estatal, para que no protesten los nacionalistas, y después, ya veremos si llueve o escampa. Lo importante es borrar a fondo la palabra nacional referida a España, perdón, al Estado Español. Me EL RECUADRO P sigo apostando algo a que dentro de nada desaparecerá el Instituto Nacional de Estadística, que pasará a ser Agencia Estatal de Estadística. Donde podrán llevar mejor que en ningún otro sitio las cuentas de la cantidad de organismos a los que van a quitar la palabra nacional de su denominación de origen, así como cuánto nos va a costar ese cambio sólo en la sustitución de membretes de cartas, impresos y recado de escribir, y en variación de letreros en las puertas de las respectivas oficinas y sedes. El barómetro del fraile o el azulejo con la cola de esparto del burro pontanés han pasado, pues, a ser estatales, por más icono de España (como ahora se dice) que fueran. ¿Qué más cambio climático quieren que no llamar nacional a nada que pueda disgustar a los nacionalistas? Cambio climático que, por cierto, me hace mucha gracia. Si haces una predicción meteorológica de los negros nubarrones de la economía y sostienes incluso menos que lo que acaban de afirmar las Cajas de Ahorros sobre la borrasca que se cierne sobre el PIB para el año 2009, eres un antipatriota. Si dices que la economía va tan bien que el billete de 50 euros cada vez te dura menos, eres un catastrofista. Pero, ah, si las trompetas del Apocalipsis se refieren al cambio climático, entonces eres un progresista hombre del tiempo de tu tiempo, adiós, Al Gore. Decir que el mar va a subir tres metros y que de momento, adiós, apartamento de la playa, está perfectamente en sintonía con las grandes preocupaciones de nuestra época. No es antipatriota ni catastrofista predecir que a este paso los pingüinos del Polo Norte van a tener que ir en bermudas y chanclas, de la calor que está haciendo allí. Y voy a lo de siempre, a lo mostrenco al alcance de cualquiera. ¿Cómo voy a creer en las predicciones sobre el cambio climático para dentro de cincuenta años, si los meteorólogos no han sido capaces de acertar ni en la lluvia del Sábado Santo, y se mojaron todas las cofradías que, confiadas en los partes del tiempo, se habían echado a la calle? Ah, claro, por eso será lo de Estatal. No es lo mismo un fascista pronóstico nacional que una progresista predicción estatal.