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ABC MARTES 25 s 3 s 2008 CULTURAyESPECTÁCULOS 73 A vivir... que son dos libros Autores y lectores hablan de las vidas literarias a raíz de la publicación de Un plan de lectura para toda la vida guía de lo que hay que leer POR TRINIDAD DE LEÓN- SOTELO MADRID. Un libro puede ser- -es, quizá sea palabra más precisa- -el mejor amigo del hombre. Se trata de un objeto en apariencia inanimado, pero ¡cuánta vida hay en él! Y por si eso fuera poco es el compañero más comprensivo que imaginarse pueda. Entenderá que lo ames, pero también que lo olvides sobre una mesa hasta que decidas volver a tenerlo entre tus manos. Exige, eso sí, que nuestra mente se concentre en él, pero, a cambio, nos ofrece llevarnos a lugares remotos o a lo más profundo de nosotros mismos. Aventura, miedo, amor, imaginación, territorios de prodigio, en fin, penetran en el alma humana. Un libro vive y nos hace vivir porque está habitado por personajes que son personas. La editorial Planeta acaba de publicar Un plan de lectura para toda la vida (La guía definitiva de lo que hay que leer) de Clifton Fadiman y John S. Major. El primero es uno de los escritores y editores más respetados en Estados Unidos; el segundo ha publicado varios libros sobre la historia y la cultura de Asia, temas en los que se doctoró en Harvard. De Fadiman son las palabras que siguen y que, sin duda, incitan a la lectura: Cuando lees un clásico, no ves nada en el libro que no hayas visto antes: ves cosas en ti mismo que no habías visto antes Tanto él como Major saben que los amantes de los libros tienen marcado, como la propia existencia, un tiempo que no es infinito para recibir el conocimiento y el placer que esperan de ellos. De ahí, la selección de los que consideran que deben amarse. Esta obra no es ninguna novedad en el país que la vio nacer (1960) pero sigue figurando en la lista de los títulos más vendidos, aunque, naturalmente, ha ido renovándose y así se han incluido nuevos autores occidentales y, en especial, orientales. A decir de Fadiman está recomendada para personas entre los 18 y los 80 años y aunque el plan, dice, nunca permitirá que seamos plenamente conocedores de nuestra mente y el mundo, al menos no nos sentino de asombro y de maravilla. Cuando se pregunta si hay que hacerse un programa de lectura responde que el canon de lecturas importantes es la vida de cada lector Existen en tal número los libros que Malpartida, con su carga de poesía, se remonta al Eclesiastés para afirmar que ya en ese Libro sagrado se aseguraba que su número era inagotable. Su conclusión es que la acumulación está reñida con la sabiduría. Quevedo decía apartarse con pocos pero doctos libros, y Robinson Crusoe, por destino y porque así lo quiso Defoe, naufraga hallándose con un solo libro, la Biblia, que es un libro de libros Pero, ¿qué hacemos con el tiempo? El problema, informa Mateo Díez, no es el tiempo sino la administración del mismo. Vivimos en una sociedad llena de reclamos, y hay que saber lo que uno quiere para que esos reclamos, tantas veces triviales, no nos invadan Para el autor de La fuente de la edad leer siempre supone un esfuerzo, el lector está cerca del creador, la lectura es activa y creativa, al contrario, por ejemplo, del consumo de imágenes inocuas ante el televisor. Hay que decidir- -manifiesta- no podemos conformarnos con la idea de que la lectura parezca un acto de resistencia en esta sociedad consumista Y es que, tiempo adelante, el número de libros seguirá engrosando y engrosando. Lo resume bien Malpartida: Un griego del siglo IV aún podía acceder a la totalidad de los saberes de su época, hoy es imposible Atendiendo a eso, Soler opina que, a determinada edad, hay que acotar los caminos que se bifurcan, a la par que cree que la brújula de la experiencia nos ayudará en la ruta. Andrés Ibañez piensa que a través de la lectura uno construye, como una abeja su panal, su propia alma Leer, en opinión común, que también es sentido común, enriquece el espíritu del hombre llevándolo hacia mundos entreabiertos o insospechados. Para muchos, la lectura se transforma en uno de sus grandes afanes. Para otros es un mero divertimento que les otorga momentos de satisfacción. Los que sencillamente no leen no saben lo que se pierden. Como bien aconseja el autor de La música del mundo una vida es una vida de lecturas. Por eso, hemos de buscar las que sean experiencias vitales, que nos den vida y que nos hagan sentir felicidad por estar vivos Ana Santos Directora cultural de la Biblioteca Nacional LA VIDA COMO LECTURA uchas mañanas, al entrar en el vagón del Metro para ir a mi trabajo, me reconcilio con la vida. Entre una multitud apretujada siempre veo a alguien que, como puede, saca un libro, muchas veces voluminoso y haciendo equilibrios entre la gente se sumerge en una lectura que le aísla de ese momento y le permite trasladarse a otro mundo íntimo en el que todo puede ser diferente. Hay personas sentadas leyendo, personas que deben cargar todo el día con el libro elegido como lectura y a los que también ese viaje, largo o corto, les resulta más enriquecedor porque ese tiempo les aporta algo: la posibilidad de aprender, de mejorar. La última encuesta publicada por la Federación del Gremio de Editores de España abre una puerta a la esperanza: el índice de lectura del año 2007 supera la media de los tres últimos años, y el porcentaje mayor se encuentra en el grupo formado por los jóvenes entre 14 y 24 años. A pesar de crecer en un entorno audiovisual muchos de ellos leen y se sumergen en otras historias, distintas de la suya, de las que aprenden, que les sirven, y les ayudan a convertir malos momentos en algo distinto. Todos escribimos la historia de nuestra vida en un gran libro y esta historia sólo depende de nosotros mismos, de nuestra capacidad de luchar, de nuestra voluntad de aprender, de nuestro deseo por mejorar. A escribir nuestra historia nos ayudan otros que la han escrito antes, que son más sabios y que nos han dejado, escrita, su sabiduría. Nuestro libro, el de nuestra vida, es leído por muchos y de su buena escritura, de la coherencia de su argumento, de la capacidad de imaginar y de crear depende no sólo nuestra felicidad, sino la de aquellos que comparten la vida con nosotros. Por eso es tan importante que tengamos la máxima capacidad para escribir nuestra mejor historia y para ello nada mejor que leer, que asimilar nuevas palabras y conceptos, que entender nuevas situaciones, que vivir nuevos y mejores mundos. De esta manera lo que otros ya han vivido y aprendido nos servirá a nosotros para vivir y aprender y así escribir una historia maravillosa que ayude a otros en esta compleja tarea que es entender la vida. M Luis Mateo Díez J. LAZRO Andrés Ibáñez JAIME GARCIA Un plan para toda la vida Juan Malpartida A. DE ANTONIO Antonio Soler ABC remos perdidos y desconcertados. Comprenderemos mejor, afirma, la posición que ocupamos en el tiempo y en el espacio Ni que decir tiene que no se trata de una guía a secas, sino que contiene datos sobre el libro y su autor. El escritor es, al fin, el creador de un arte fantástico y necesario: la literatura. Cuatro nombres vinculados a ella- -Antonio Soler, Luis Mateo Díez, Andrés Ibañez y Juan Malpartida- -hablan en estas páginas de sus biografías como lectores y del tiempo que Cada edad tiene sus libros (Ibáñez) Hay que administrar el tiempo (Díez) Es imposible acceder a todos los saberes (Malpartida) El veneno me lo inoculó Salgari (Soler) les acecha como tales. El autor de Las bailarinas muertas confiesa que el veneno de la literatura se lo inoculó Emilio Salgari: Tal vez pudo ser otro, pero fue leyendo al escritor italiano como se inició ese proceso inagotable. Un libro me fue llevando a otro, un autor a otro No cabe duda de que se lo tomó muy en serio, ya que recuerda que con 14 ó 15 años se hizo un plan universal de lectura, que arrancaba con Homero y acababa en Delibes y en un escritor joven que se llamaba Juan Marsé Claro que el plan no se cumplió tal cual, porque, evoca, las raíces se fueron diversificando por el universo literario y lo llevaron a lugares insospechados de los que, a su vez, partían otros mil caminos. En lo que toca a Andrés Ibáñez, tiene un plan sobre lo que no debe ser un plan: Leer todos los libros importantes es un empeño absurdo y pernicioso. Cada cultura y cada edad tiene sus libros imprescindibles Es consciente de que no se puede leer todo cuanto se desearía, pero esa realidad no debe ser, en su opinión, fuente de angustia, si- Enriquecer el espíritu