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88 DEPORTES Campeonato del Mundo de Fórmula 1 s Gran Premio de Malasia LUNES 24 s 3 s 2008 ABC La salida, con el Renault de Alonso en el centro del pelotón condicionó la carrera del piloto español, que perdió varios puestos en las primeras curvas Alonso no sale en la tele Acaba octavo, un punto y gracias, en un desfile imperial de Raikkonen en Malasia JOSÉ CARLOS CARABIAS ENVIADO ESPECIAL SEPANG. El artículo de consumo más telegénico de la última década, el deportista español con más poder de convocatoria desde Miguel Induráin, ha dejado de ser visible. Fernando Alonso ya no sale en la tele. Las cámaras han decretado una realidad inapelable: ha desaparecido del plano. En Malasia, su circuito fetiche, el tamiz que separa la paja del grano por la variedad de rectas, curvas, frenadas... tampoco funcionó la sinergia entre piloto y coche. Sopla el viento en dirección única. No hay más en el R 28. Kimi Raikkonen se paseó en un desfile imperial en Sepang. Un punto y gracias. En este tipo de relaorte ilegible y un humano que desconfía, el resultado no puede mejorar por más que el entusiasmo no decaiga. El R 28 no va, en efecto, pero fue Alonso el que eligió ficha. Escogió este equipo, el talento de sus ingenieros, su plataforma para inventar coches, sus enredos para entender los neumáticos, la química con Briatore, el estilo latino en su proceder. Sucede que cuando el escepticismo se cruza en el camino, la ruta es más larga. Tal vez por ahí haya que entender cómo el asturiano efectuó una mala salida, la clave ayer de su afanosa remontada hasta el único punto del día. Arrancó sin chispa y emprendió otra carrera en persecución. Mientras los Ferrari ponían pies en polvorosa y los BMW mostraban la sorda eficacia de un equipo en crecimiento, el español se desconectó de la carrera en el primer kilómetro. Hamilton le adelantó. Hostigó a su ex compañero por fuera, amenazó su posición con un coche menos cargado de gasolina y avisó que si no era ahí, sería en la parte final de la vuelta. Alonso, con mucho peso en el depósito, concedió una bola extra a su enemigo. Entre el doble intento de sujetar a Hamilton y pasar a Webber, se desvió de la trazada, giró hacia el exterior y entregó el botín que había conquistado el día anterior en los despachos. Kovalainen y Hamilton le rebasaron. Fin de la película porque todo quedó muy claro. Masticado para los incrédulos cuando, cuatro vueltas más tarde, veinte kilómetros de nada, Heidfeld, Coulthard y Alonso montaron un trío en paralelo en la recta de meta. Un BMW, un Red Bull y un Renault disparados en velocidad punta hacia el infinito depararon un desenlace previsible. El BMW de Heidfeld se merendó a los otros dos sin levantar la ceja, a 303 kilómetros por hora. El Red Bull también dejó atrás al pobre R 28, que se va a llevar todos los latigazos. Alonso sacó su chistera en el siguiente giro. Frenó más tarde, se abrió hacia fuera y rebasó a Coulthard como el balón que entra llorando. Noveno y fin de la película, salvo que la ausencia del control de tracción entregase una nueva ración de jaleos varios. Sepang tiene otra estructura, formato Tilke, amplias avenidas y formidables escapatorias. Y por ahí sólo se retrató Felipe Massa. Sin ayudas electrónicas, el brasileño que partía desde la pole volvió a enfurecer a los ferraristas de medio mundo. Segunda carrera y segundo abandono por un fallo de conducción. Gracias a eso, Alonso escaló al octavo puesto. Pero siempre invisible, lejos de la curiosidad del realizador de la FOM que establece el foco de la televisión. Ha cambiado la piel de las carreras. Robert Kubica elevó la estatura de BMW, un gigante con pies de plomo. Nunca ha dado zancadas más largas que sus piernas y los resultados llegan. El polaco terminó segundo detrás de Raikkonen en un mediodía muy consistente. Su vuelta a vuelta fue de lo mejor, un escalón por debajo del Ferrari número 1. Finlandia hace honor al informe PISA. Sus estudiantes son los mejor for- Kubica, un gigante