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72 TOROS LUNES 24 s 3 s 2008 ABC Sangre de Aparicio en Resurrección LAS VENTAS Monumental de las Ventas. Domingo de Resurrección, 23 de marzo de 2008. Tres cuartos de entrada. Toros de Puerto de San Lorenzo, serios, faltos de casta y mansos en conjunto. Julio Aparicio, de corinto y oro. Pinchazo y estocada (ovación) Morante de la Puebla, de azul rey y oro. Seis pinchazos, pinchazo hondo y tres descabellos. Aviso (leves pitos) En el cuarto, cuatro pinchazos y media (silencio) En el sexto, tres pinchazos y tres descabellos (bronca) Miguel Ángel Perera, de turquesa y oro. Estocada corta trasera y atravesada y tres descabellos. Dos avisos (saludos) En el quinto, pinchazo y estocada desprendida (palmas con algunos pitos) ROSARIO PÉREZ MADRID. Sangre en Resurrección. Domingo de pasión y angustia. Crucifixión de Julio Aparicio y miedo en la plaza. El torero quedó crucificado en los pitones cuando hundió la espada. Terroríficos segundos mientras Baratero muerto en vida, se ensañaba con el matador. De los aires bajó y rodó por el ruedo; un cáliz sagrado se derramó por la arena. Quiso levantarse Aparicio y las cuadrillas acudieron prestas para improvisar una camilla humana. El color corinto de la taleguilla se fundió con el de la sangre oscura que brotaba de las carnes rotas. Se presentía la gravedad: las astas cavaron una zanja de 25 centímetros en el muslo izquierdo hasta llegar a la cadera. Ocurrió con el primer toro de Puerto de San Lorenzo, que manseó desde que salió de toriles, pero humillaba con transmisión. El escenario: cerca de los chiqueros que buscaba el animal, en los terrenos del 2 Antes de la trágica suerte suprema, la afición había acogido con sumo cariño al dies- Julio Aparicio, en el momento de la cornada con el primer toro de la tarde tro sevillano. Julio Aparicio se dobló con fe por los distintos ángulos del albero. Tuvo sabor algún doblón, una trinchera y un cambio de mano. La gente estaba tan volcada con él que hasta le jalearon la carrerita detrás del abanto ejemplar. Metía la cara Baratero pero huía de cada muletazo. Y el torero que había filtrado su personal semilla en su confirmación de alternativa, con una inspirada e inolvidable faena, no pudo desbocar esta vez las emociones, pese a evidenciar sus ganas. Sólo pudo desgranar algún pase suelto que satisfizo el paladar de sus seguidores, sobrecogidos luego por el duro percance y con la incógnita de si Aparicio cumplirá sus dos próximas citas con Madrid. Después de la cogida, el ambiente se enrareció y la tarde, de espadas desafiladas, quedó en un mano a mano. Soplaba el viento por momentos, las muletas flameaban y el frío calaba los huesos. Sólo un par de quites frente al quinto resucitó la pasión dormida: con unas ceñidas gaoneras de incienso, replicó Perera las codilleras verónicas de olor de Morante. Pero luego no hubo ni molinetes de fuego ni quiquiriquís de mando, como escribió Rafael Duyos. Miguel Ángel Perera anduvo valiente de principio a fin, aunque con este quinto muchos se pusieron de parte del animal, potable sin ser ningún dechado de bravura. Cosas incongruentes de la Monumental: ovación para el toro y palmas con algunos pitos para el torero. El extremeño se mostró por DANIEL G. LÓPEZ Cornada grave de 25 centímetros Julio Aparicio sufrió una cornada en la cara interna del tercio superior del muslo izquierdo con trayectoria ascendente, de veinticinco centímetros, que causa destrozos en el músculo cuádriceps y contusiona el paquete vásculo- nervioso con espasmo arterial, y alcanza la cara externa a nivel de cadera izquierda, de pronóstico grave según el parte médico firmado por el doctor Máximo García Padrós. El herido fue trasladado a la clínica madrileña de La Fraternidad. encima del tercero, con el que trazó la mejor obra, conjugando tiempos y distancias en pasajes de escuela ojedista. Se extendió demasiado, no anduvo fino con el acero y saludó. Morante se tuvo que hacer cargo de tres toros. La corrida, falta de casta y mansa, no rompió hacia delante y no contribuyó al lucimiento, pero el de La Puebla del Río tampoco se entonó y, además, pegó tres auténticos mítines con el estoque. Frente a su primero, que no humilló ni por equivocación, merodeó otra vez el drama en la hora final, cuando a punto estuvo de prenderlo. Con el insípido cuarto anduvo más dispuesto, aunque lo más brillante se redujo a las toreras dobladas del prólogo. En el sexto abrevió y el público se enfadó: bronca de despedida.