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ABC LUNES 24- -3- -2008 La maldición de Tristán llega al Met con sucesivos accidentes y enfermedades 67 Cohn- Bendit cuestiona querer emanciparse en nombre del Ché y de Fidel Castro, o de Vietnam y la URSS Historia de dos hermanos Un nuevo libro, Hermanos: La historia oculta de la era Kennedy del periodista estadounidense David Talbot, intenta recontar el misterio del asesinato de presidente JFK desde el particular punto de vista de su hermano Robert PEDRO RODRÍGUEZ CORRESPONSAL WASHINGTON. Parece mentira que a estas alturas quede todavía algún apetito editorial no saciado para volver a repasar el magnicidio perpetrado en Dallas la tarde del 22 de noviembre de 1963. Pero no es una exageración el afirmar que los Kennedy se han convertido en un género de libros especial, a medio camino entre la historia y la cultura de masas pero con una fascinación duradera. A este filón, donde coexisten desde hagiografías devotas hasta panfletos calumniosos, se añade el libro Hermanos: La historia oculta de la era Kennedy ya publicado en Estados Unidos y de pronta aparición en España. Su autor es el veterano periodista David Talbot, considerado como un pionero del periodismo on line y fundador de la revista Salon. com. Para satisfacer su obsesión personal convertida en libro, Talbot ha invertido tres años de trabajo con acceso a documentos recientemente desclasificados y entrevistas con 150 testigos directos, incluidos algunos de los últimos supervivientes de la legendaria banda de hermanos que ocupó la fila de la política de Estados Unidos al comienzo de la década de los sesenta. El libro arranca cuando Robert Kennedy- -a través del inamovible director del FBI, J. Edgar Hoover- -recibe por teléfono en su casa de Virginia la noticia del mortal atentado perpetrado contra su hermano JFK en Dallas. En cuestión de minutos, el hermano pequeño que siempre se consideró protector de su hermano mayor, y que entonces ocupaba el puesto de fiscal general, se embarcaría en una investigación particular y secreta sobre lo ocurrido con ayuda de personas de confianza y sospechas que le llevarían a confiscar evidencias de la autopsia presidencial y rebuscar en lugares como Chicago, Moscú, Nueva Orleáns e incluso México. Además, Robert empezó inmediatamente a elaborar una extensa lista de sospechosos que abarcaba desde la CIA por su papel fallido en la invasión de bahía Cochinos a la mafia pero sin dejar tampoco atrás a exiliados cubanos empeñados en derrocar el régimen de Fidel Castro. Y con la posibilidad de una combinación de varios de esos elementos en el contexto de un gobierno que David Talbot describe como en guerra consigo mismo. Según argumenta Talbot, Robert Kennedy siguió explorando todas esas inquietantes posibilidades, que han capturado durante cuatro décadas la imaginación de Estados Unidos, hasta su propio asesinato en 1968 tras ganar las primarias de California. A pesar incluso haber renegado públicamente de la creencia de una conspiración, hipótesis también descartada por la comisión Warren, encargada de investigar el asesinato del presidente Kenendy. Pero, en cualquier caso, Bobby Kennedy confiaba en reabrir la pesquisa oficial de llegar por méritos propios a la Casa Blanca. Con todo, el pasional libro de Talbot no se centra exclusivamente en el asesinato de Dallas y todas las teorías conspirativas inspiradas desde entonces. Ya que incluye un elaborado relato de cómo la Administración Kennedy chocó con sus propios tiempos Mil días contra el status quo en Washington que habrían terminado por crear demasiados enemigos dentro y fuera del gobierno. Hasta el punto de que el autor atribuye la muerte del presidente a toda esa larga lista de resentimientos con sus correspondientes deseos de venganza. Curiosamente, David Talbot- -que a los 16 años trabajó con voluntario en la campaña presidencial de Bobby Kennedy en Los Ángeles- -no ofrece una apuesta definitiva por ninguna de las teorías que cuestionan sin pruebas definitivas la versión de un crimen individual y trivial asumida en el informe final de la comisión Warren. A su juicio, el asesinato del presidente Kennedy se merece una especie de comisión de verdad y reconciliación para esclarecer de una vez por todas el más oscuro de los laberintos de América Glucksmann, antiautoritario, de origen austriaco, judío y resistente, que se afilió al Partido Comunista para darse de bruces con una estupidez enorme, terca e inquebrantable admirador y luego detractor de Napoleón y de Stalin, y que abominó del comunismo por efecto del estalinismo, desde hace treinta años el modelo francés ha terminado Francia, que para él ha vivido un Mayo del 68 electoral tiene la mayor tasa de desempleo entre sus vecinos y la de menor crecimiento económico... ¿Los culpables? Muy claros, según Glucksmann: Desde hace tres décadas la izquierda y la derecha son responsables Glucksmann sostiene que en Mayo del 68 se dijeron estupideces- como la de identificar a la Policía francesa con la Gestapo pero fue una crítica radical al comunismo y a los totalitarismos. Lo malo, se lamenta, es que todo el mundo se coloca medallas para terminar aburriendo con nostalgias. El antiguo gurú maoísta Alain Geismar ofrece su versión de los hechos en Mi Mayo del 68 reivindicando su herencia. Una herencia que duró sesenta días sobre una pared de sueños que reventó en mil pedazos, escrita así: Queda estrictamente prohibido prohibir La imaginación al poder La escultura más hermosa es el adoquín de granito La barricada cierra la calle, pero abre el camino No me liberen, yo me basto para eso Desabrochad el cerebro tan a menudo como la bragueta Dejemos el miedo al rojo para los animales con cuernos Seamos realistas: pidamos lo imposible Con proclamas de ese calibre aquellos estudiantes apenas si podían tomarse en serio a ellos mismos. Fue una última rebelión que pretendía atentar contra todos los fundamentos de la sociedad industrial: el poder y la jerarquía de la familia, el Estado, los partidos políticos, los sindicatos, consumando una pacífica revuelta, pronto explotada y mixtificada por la industria de la cultura. Símbolo, y epopeya, hoy no queda astilla alguna de aquella madera de boj del 68. Hipótesis descartadas Los Kennedy se han convertido en un género de libros especial, a medio camino entre la historia y la cultura de masas Mi 68 de un ex líder maoísta Robert Kennedy, junto a la viuda de su hermano, Jackie, y los dos hijos de ésta, acudían al funeral del presidente de Estados Unidos el 24 de noviembre de 1963 EPA