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46 MADRID LUNES 24 s 3 s 2008 ABC El sonido de la tradicional tamborrada, que cierra la Semana Santa madrileña, inundó la Plaza Mayor Tambores para la Resurrección La Plaza Mayor se llenó ayer de fieles para presenciar la tamborrada protagonizada por la Cofradía de la Entrada de Jesús en Jerusalén. El sonido de timbales, bombos y carracas impuso el silencio entre los creyentes, en el último acto de la Semana Santa POR JOSÉ M. CAMARERO FOTO JAIME GARCÍA MADRID. Bajo la estatua de Felipe II y unos desafiantes nubarrones, el estruendo y el sobrecogimiento de la tamborrada puso ayer fin a la Semana Santa de Madrid, en un acto en el que estallaba el sonido de los sobrios instrumentos musicales para celebrar la Resurrección. Tras varias jornadas de recogimiento, penitencia y tristeza, creyentes- -y muchos turistas- -se acercaron ayer a la Plaza Mayor para festejar esta jornada dominical de júbilo, en la que la sección de Instrumentos de la Cofradía de la Entrada de Jesús en Jerusalén, de Zaragoza, consiguió hacer callar a las 2.000 personas que se congregaron ayer a lo largo del recorrido de esta procesión, e imponer una gran dosis de fervor religioso. El hermano mayor de la cofradía, Miguel Ángel Álvarez, definió el acto como una exaltación de los instrumentos que utilizan en su procesión del Domingo de Ramos en Zaragoza y señaló que habían utilizado los mismos toques que derrochan en la procesión. Era la primera vez que esta cofradía se encargaba de cerrar la Semana Santa de Madrid, aunque otra hermandad zaragozana, la de la Crucifixión del Señor y San Francisco de Asís, realizó las mismas labores hace ahora un año. de turistas que se han acercado durante estas últimas jornadas a la capital comprobaban atónitos la marcha de la cofradía y se preguntaban el sentido de este acto religioso. Asusta un poco, porque lo oyes venir desde lejos afirmaban John y Clarie, pero parece bonito Poco después de las doce del mediodía, la imponente procesión accedía a este centro histórico, antecedido por el estandarte y la cruz de guía de la cofradía zaragozana. Frente al ritmo pausado y compungido de las procesiones que se venían desarrollando por las calles de la capital desde el Domingo de Ramos, la de ayer era una manifestación religiosa en la que el entusiasmo contagiaba a los fieles. Los compases de la tamborrada llenaban todos los rincones. Las carracas utilizadas por los miembros más pequeños de la hermandad fueron el principal atractivo de un acto en el que las túnicas albinas, completadas con dos rayas verticales azules, sustituían a los capirotes del Viernes Santo. El silencio imperó, sin embargo, cuando a la Plaza Mayor accedieron los últimos miembros de la cofradía, con sus timbales, bombos y tambores. La fuerza con la que utilizaban sus instrumentos denotaba la exaltación que deseaban imponer entre los asistentes. Cuando se instalaron en el centro de la plaza, y la gente ya les rodeaba para deleitarse con el estremecedor sonido de la percusión, los cofrades dejaron que el silencio fuera, unos minutos, el protagonista. Poco después, una corneta se encargó de distribuir los tiempos y de armonizar el manejo de los diferentes instrumentos. Primero fueron las carracas; luego, algunos timbales; más tarde, los bombos... Y todo ello, para finalizar con un enorme estruendo que provocó el aplauso masivo de los asistentes. A medida que la cofradía desfilaba entre el público asistente, muchos ciudadanos se quedaban maravillados por el estruendo. Después de haber asistido a varias procesiones, vienes aquí, y te hacen sentir algo por dentro, aunque no haya ninguna imagen explicaba Carmen, una ferviente católica. En otras tamborradas clásicas de estos días, como la de Hellín, la presencia de un paso de la Virgen y otro del Señor es habitual para representar el encuentro de ambos en esta jornada de Resurrección. En la Semana Santa de la capital, a falta de estas dos imágenes, la ferviente creencia de muchos asistentes indicaba, con sus gestos, que no hacía falta ninguna imagen ornamental para comprender que el de ayer era un día de júbilo, gracias a la tamborrada importada de Zaragoza. La foto publicada ayer en la página 57 no es Nuestra Señora de la Soledad, como indicaba Efe, sino la Virgen de los Dolores en la procesión del Silencio Fervor popular Como un auditorio El contexto no podía ser mejor. Las fachadas de los edificios que rodean la Plaza Mayor actuaban como la estructura de un gran auditorio, amplificando el sonido de las carracas, tambores, timbales, bombos, y de la corneta que acompañó a los cofrades desde el Monasterio de las Madres Jerónimas del Corpus Christi, pasando por la plaza de la Villa, hasta la Plaza Mayor. Los centenares Procesión sin imágenes