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22 ESPAÑA LUNES 24 s 3 s 2008 ABC Fuenteovejuna sale en la tele Rencillas entre vecinos, matones de pueblo que imponen su ley y siembran odio. Mirandilla y su clan Molina han sido la última mecha encendida, pero antes fue Villaconejos, Sarria o el funesto Puerto Hurraco C. MORCILLO MADRID. Se veía venir Era la frase más repetida hace una semana en el pueblo extremeño de Mirandilla donde dos centenares de vecinos armados con palos intentaron linchar a una familia, los Molina, malencarados y pendencieros, que llevan amargándole la existencia al resto desde hace diez años. No podíamos ni mirarlos a la cara. Era el miedo continuo se revolvía uno de los vecinos sin nombre ni cara pública que participó en la revuelta popular. Los Molina, despóticos y acostumbrados a ganar, denunciados y vencedores desde que se empadronaron en Mirandilla, se atrincheraron en la casa dispuestos a vencer de nuevo. Hubo tres heridos de bala. La mediación de la Guardia Civil evitó un fuenteovejuna sin comendador, pero con los Molina en el papel de tiranos arbitrarios. Juan Francisco, el cabeza de familia, y su hijo Rufino están ya en prisión acusados de intento de homicidio y tenencia ilícita de armas. La mujer, Presentación, señalada con el dedo popular como auténtica instigadora, y una de sus hijas tienen una orden de alejamiento del pueblo mientras se instruye el caso y un quinto Molina, el yerno, permanece en el psiquiátrico y también deberán rendir cuentas al juez. Mirandilla llegó al Domingo de Resurrección después de su particular semana de pasión encaramada a todos los titulares y fotografías contra su voluntad. Se veía venir advertían algunos, porque el miedo puede más que la justicia. Repartidos entre la cárcel y la lejanía sus camorristas vecinos, Mirandilla respira tranquilo aunque ha pedido el destierro de los Molina para recuperar su pulso pausado. Es el último episodio fuenteovejunesco la última rebelión de un pueblo entero contra quienes amargan días ajenos a capricho. Suerte que no hubo muertos comentaban los mirandillanos en los altavoces mar su vida al borde. A finales de enero, fue detenido por agentes del Instituto Armado, acusado del asesinato de un joyero en el pueblo toledano de El Casar de Escalona. Él y sus compinches, supuestamente, le robaron, le apuñalaron y huyeron en su coche a principios del verano pasado. Tras Villaconejos- -regresó un par de veces pero de visita- -y su paso por la cárcel, había elegido El Casar para sus nuevas correrías. No tardó ni dos meses en dejar su sello esta vez de muerte. Con mucha menos trascendencia mediática aunque semejante siembra de resquemor y hartazgo entre sus sufridores, los llamados hermanos Dalton- -Bernardino y Emilio Rivas García- -dejaron durante varios años su impronta en varios pueblos de Galicia. La marca de la casa de los Dalton es que en cada juicio que se celebraba contra ellos por destrozos, daños, amenazas, resistencia e incluso agresión a agente de la autoridad, los han tenido de varios colores, exigían dinero a los cámaras. Sus hazañas en Sarria (Lugo) o en Puebla de San Juan en septiembre de 2003 y julio 2004, envueltas en copas y desprecio a partes iguales, incluyen varios destrozos de bares y pub, navajas cortando el aire, sendos puñetazos a dos guardias civiles- -a uno tuvieron que coserlo- -y la parroquia a punto de abandonar la paciencia. En algún juicio convencieron a su señoría de que pensaban corregirse, pero poco les duró la enmienda. Uno de ellos no puede vivir de momento en Puebla por una orden de alejamiento. Quienes les han sufrido aseguran que por separado son soportables. Cada uno de estos personajes, acopio de rencores comunitarios, esgrime sus insostenibles razones. Manía desproporcionada alegaron los Molina y antes habían hecho lo propio El Calvo y su parentela. Unos y otros rozando el comportamiento angelical si nos retrotraemos a uno de los episodios más oscuros y delirantes de la crónica negra española: la matanza de Puerto Hurraco con la trastienda de 30 años aventando odios dos familias. Una tarde de agosto de 1990, los hermanos Izquierdo asesinaron a escopetazos a nueve vecinos e hirieron a otros doce. Todo para acabar con el linaje de los Amadeos sus enemigos encarnizados. Ahí no fue la chulería. Lindes, amores, rencores sin cicatrizar, y el estigma de un apellido. Ahora, le ha tocado a los Molina. Los Dalton ya no cabalgan Francisco, el patriarca de los Molina, está entre rejas por disparar a tres mirandillanos EFE La turba de Villaconejos Los hermanos Izquierdo mataron a 9 vecinos El Calvo terror de Villaconejos improvisados. Y van dos suertes en poco más de un año porque el anterior capítulo de odio vecinal se vivió entre mimbres parecidos y a punto estuvo de acabar en tragedia. Fue en Villaconejos (Madrid) para echar el cerrojo a 2006. Seis años de terror, de humillación y escarnio que unos 500 vecinos decidieron cerrar a golpe de gasolina y llamas de mechero. Javier Bernuy, popularizado como El Calvo se instaló con su familia en la población de unos 3.500 habitantes y a punta de pistola, de navaja o de lo que se terciase fue sembrado amenazas y agresiones de to- das las calañas a su paso: partió el labio a un adolescente que no quiso tomar drogas en un parque, sacó su pistola contra un hombre que le miró cuando conducía a toda velocidad, robó a niños y ancianos, echó de los bares a los parro- El Calvo pasó de aterrorizar al pueblo de Villaconejos a asesinar a un joyero el año pasado en Toledo quianos habituales. La víspera de Nochevieja destrozó un bar de la localidad en una jarana con sus amigos y el pueblo se plantó. Quemaron su casa con parte de la familia dentro, creyendo que era él quien estaba- -ya había sido detenido- la nave ilegal situada al lado y un quad de su propiedad. De no ser, de nuevo, por la intervención de la Guardia Civil la turba no habría dejado salir viva a los Bernuy. Es un delincuente, que no vuelva. Ni él ni los demás eran las frases más repetidas esos días. Y no lo han hecho, pero El Calvo no tardó en reto-