Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC LUNES 24 s 3 s 2008 OPINIÓN 3 LA TERCERA IDEAS PARA LA DERECHA La oposición no es una sala de espera para asaltar los cargos más apetecibles cuando lleguen tiempos mejores. En política, como en la vida, un buen trabajo nos sitúa en el sendero del éxito. Desgasta la ausencia de poder, naturalmente. Pero la gente confía, y agradece con votos- -el mejor regalo en democracia- -ese esfuerzo inteligente... IEMPO de oposición. Empieza otra vez una larga singladura. Derrota más que digna, pero derrota al fin. Resultado notable, sin duda. Crisis yugulada en origen: apenas unas horas, suficientes para confirmar sospechas y sofocar vanidades. Habrá secuelas a medio plazo de aquella deep delusion como diría Coleridge. Más allá del morbo inevitable, los nombres son lo de menos para el futuro de España y para las inquietudes de la buena gente. Los votantes rechazan el interés egoísta, actúan por convicciones y sentimientos, merecen una respuesta positiva que justifique la confianza depositada en el PP. Dicho de otro modo: Mariano Rajoy tiene que empezar a ganar las elecciones generales del 2012 desde ahora mismo. Están lejos, pero mucho más cerca de lo que parece. Además, si la crísis económica... si el desbarajuste territorial... si el segundo Zapatero confirma los peores augurios... El centro- derecha no puede perder ni un minuto en banderías ni maleficios. Los fundamentos del proyecto popular están ahí, incluido el liderazgo que nadie discute. Los intereres particulares son irrelevantes para satisfacer las expectativas de muchos millones de ciudadanos. El PP empieza a ser alternativa desde el mismo día y hora de la investidura presidencial. Conviene tener muy claros los contenidos y las formas. rimero, mentalidad ganadora. Es fácil abandonarse al desaliento: nos ganan siempre España es socialista son más listos (y más malvados) que nosotros... Todo esfuerzo fallido conduce a la melancolía: no hace falta citar la fuente. Pero Aznar consiguió la mayoría absoluta mientras el PSOE en pleno desconcierto dejaba líderes en la cuneta. Si no quiere hacer el juego al adversario, la derecha no puede comportarse como una minoría acosada. Más de diez millones de votos y un triunfo espectacular en buena parte de España configuran una mayoría alternativa y no un grupo de nostálgicos residuales. Fuera la tentación estética: con este sistema, las cosas no tienen arreglo... Lejos, de una vez para siempre, la tentación agónica. La democracia mediática, trasunto político de la sociedad de masas, tiene sus reglas del juego, gusten más o gusten menos. Cierto sector de la derecha sociológica prefiere contemplar la escena con ese pesimismo heredado del 98, acaso un resabio inconsciente de aquella educación sentimental. En paralelo, hay políticos dispuestos a vivir en el ministerio de la oposición fórmula perfecta para perder uno tras otro todos los comicios. El PP puede ganar y, de hecho, ganará de nuevo en las urnas. Sobre todo, cuando se convenza a sí mismo y convenza a los demás de que cuenta con un excelente patrimonio político. Espíritu constructivo. Admito que la lectura del 9- M en clave nacional puede ser optimista. En todo caso, el análisis fundado en el apoyo a la causa nacionalista es manifiestamente negativo. El mesaje parece claro: socialistas y populares no deben repetir una legislatura como la anterior. Cuestión de sentido común y de realismo político. T P El estilo posmoderno excluye la imagen agresiva. El PP logró resistir el cordón sanitario a base de principios y tenacidad. Su mérito es indiscutible. De hecho, las urnas decretan la crísis de la estrategia excluyente. Hay muchas razones para buscar acuerdos. Unas son patrióticas, y así las perciben los votantes del centro- derecha: lucha contra ETA y política territorial, al menos; acción exterior del Estado y sistema educativo, ojalá también. Si el culpable es Zapatero, allá él, pero la gente tiene que ser consciente de que Rajoy ha hecho todo lo posible. Sería un error absurdo dejarse llevar por el mal humor universal que algunos practican. Si el PSOE se muestra dispuesto, da igual el motivo, el PP tiene que estar disponible. De lo contrario sufrirá el reproche de la opinión pública, para qué nos vamos a engañar. Un pacto, por supuesto, significa concesiones recíprocas, nunca entreguismo ni manipulación. ¿Exceso de optimismo? Confío, igual que Adam Smith, en el interés del carnicero y no en sus buenos sentimientos. A los socialistas les conviene, ya se empieza a notar. Es el momento de buscar el equilibrio. No hay que descartar una abstención en la investidura. Ya sé que los guardianes de las esencias prefieren el rechazo sin fisuras, pero hay que recordar la ventaja posicional que esa abstención podría otorgar durante toda la legislatura: confiamos en ustedes, señor presidente, y sin embargo... ¿Qué tal una cita de Burke? del compromiso surge naturalmente la moderación Tal vez es el camino a explorar. más apetecibles cuando lleguen tiempos mejores. En política, como en la vida, un buen trabajo nos sitúa en el sendero del éxito. Desgasta la ausencia de poder, naturalmente. Pero la gente confía, y agradece con votos- -el mejor regalo en democracia- -ese esfuerzo inteligente. Véase Andalucía: parecía imposible, pero el régimen muestra ya signos de flaqueza. En la misma línea, y con el mismo ejemplo territorial. Adaptación al terreno. Los principios son intangibles, pero las estrategias tienen que ser flexibles. Modular el discurso político es obrar con sutileza y no supone traicionar a los fieles. Los que predican más rigidez son los que mejor adaptan sus negocios al terreno que pisan. Como el personaje femenino de Henry James, su aspiración es la lucha por la justicia, pero no siempre logran aplicarla a los casos concretos. La sociedad es como es. Nadie la puede cambiar a gritos. Prudencia y templanza son virtudes cardinales. Si se lo propone, también el PP puede parecerse a España. ¿Sonreir al enemigo? Ni mucho menos: ganar las elecciones es la mejor forma de defender los principios. F M ás cosas. Hay que trabajar duro. Hablamos de la oposición parlamentaria más nutrida en la historia contemporánea de la democracia española. Desde el primer día: cada pregunta, cada interpelación, cada sesión de comisión o de ponencia. Dar juego a los mejor dispuestos. Exigir más a los que refugian en el furgón de cola. La oposición no es una sala de espera para asaltar los cargos undamental. Ganar, al menos equilibrar, la batalla de las ideas. Hace demasiado tiempo que la derecha europea asumió el diagnóstico tecnocrático sobre neutralización y desideologización. Los que no entiendan, tal vez confundan términos y personajes. La derecha lleva medio siglo jugando a vender una gestión eficaz liberada de la política de las ideas. La izquierda lo sabe, y aprovecha la tierra baldía. Teorías políticas: liberales, conservadores, cristianos humanistas. Libertad, responsabilidad, sentido común. Sociedad abierta, patriotismo sin exclusión, ética al servicio del interés general. Sólo desde la ignorancia cabe sostener que Locke y Tocqueville, Aron y Hayek, Strauss y Berlin, tienen que ceder ni un milímetro ante cualquier pensador socialista. Lo mismo digo en el ámbito de la cultura en sentido amplio. Ya está bien de soportar los tópicos. ¿Vale con T. S. Eliot, J. Joyce, W. Faulkner, por decir algo? Prefiero no mencionar nombres españoles, pero muchos lectores ya los tienen en mente. Hay vida fuera del progresismo convertido en rutina burocrática. La contribución del centro- derecha ha sido determinante para configurar el mundo moderno: democracia constitucional, economía social de mercado, sociedad de clases medias. Por si sirve de consuelo, estar en la oposición- -con menos prisas que hace cuatro años- -es una buena oportunidad para replantear el debate ideológico frente a las urgencias de la política cotidiana. A medio plazo, compensa de sobra. En síntesis: mentalidad ganadora, espíritu constructivo, trabajo duro, adaptación al terreno y lucha por la batalla de las ideas. ¿Acaso es más eficaz la política de la indignación permanente? Entre el 14- M y el 9- M, ya sabemos cuál es su techo. ¿Qué tal si Mariano Rajoy lo intenta por el otro camino? BENIGNO PENDÁS Profesor de Historia de las Ideas Políticas