Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
74 CULTURAyESPECTÁCULOS DOMINGO 23 s 3 s 2008 ABC TEATRO El pelo de la dehesa Autor: Manuel Bretón de los Herreros. Adaptación: Antonio Estrada. Dirección: Pepe Quero. Escenografía: Manolo Cuervo. Intérpretes: Chete Guzmán, Gloria López, Magdalena Broto, Gabriel Salas, Teresa Arboli y Nacho Gómez. Lugar: Teatro Galileo. Madrid La ciudad no es para mí JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN Aunque en su etapa de plenitud creativa los románticos intentaban imponer sus maneras sobre los ya en retirada cánones neoclásicos, Manuel Bretón de los Herreros tiró por la calle de en medio y, sin desprenderse de la nostalgia por los recreados moldes clásicos, dio en expender en lo teatral una mixtura propia que, alejada del tono severo o desgarrado de unos u otros, optó por un tono medio de acento costumbrista y aguda capacidad para el apunte social y el humorismo. A migo de Larra, con el que se enfadó y se reconcilió en varias ocasiones, Bretón pasa revista en sus comedias a algunos de los tipos más característicos de su tiempo hasta componer un friso so- AP Clarke, enterrado en Sri Lanka El escritor británico Arthur C. Clarke, fallecido el miércoles a los 90 años, fue enterrado ayer en Colombo. Las autoridades de Sri Lanka, donde residía, pidieron a la población un minuto de silencio. La música de 2001, Odisea del espacio (película de Kubrick inspirada en un libro suyo) sonaron en su funeral El hijo del arquitecto de Hitler hará otro estadio para Berlín Albert Speer ha desarrollado la idea, que dotaría al campo de 16.000 plazas, con un coste de 16 millones de euros RAMIRO VILLAPADIERNA CORRESPONSAL BERLÍN. El hijo del visionario arquitecto de Hitler, Albert Speer, proyecta un nuevo estadio en el centro de la capital alemana, según reveló ayer el Tagesspiegel aunque el estudio encargado no lo ha querido confirmar por el momento. El modesto estadio del club Tennis Borussia Berlin, que es quinto en la Cuarta División, conocido como el Poststadion, tuvo un origen relacionado con la pujante comunidad judía de Berlín y, singularmente, fue el único lugar conocido en que Hitler asistió a un partido de fútbol, viendo perder a Alemania 2 a 0 frente a Noruega. Luego ha sido el campo del Hertha Berlin, con un público local alternativo, todo lo cual hace una extraña combinación con el nombre del sofisticado criminal de guerra. Ante el deterioro del campo, el Hertha terminó trasladándose en los años 90 al Estadio Olímpico, éste diseñado por March según instrucciones de Albert Speer en una glorificación al deporte ario. Speer fue, además de ideólogo y compañero de viaje, ministro de Armamento del Reich y condenado a 20 años en los juicios de Nürenberg. La recuperación del inmenso vacío central de la capital suscitó planes para el vecino estadio, cerrado, oxidado y en peligro de ruina. La renovación dotaría al campo de 16.000 plazas, con un coste de 16 millones de euros. Speer, hoy de 73 años, dirige un reputado gabinete de arquitectura y, a diferencia de lo descubierto progresivamente sobre su padre, presenta un historial respetable, lo que no quita que su nombre chirríe entre la alternativa hinchada del TB Berlin y haya escepticismo en el Ayuntamiento. Otra imagen relacionada es la de la Columna de la Victoria, que Albert Speer trasladó en su plano de Germania a su emplazamiento actual. Al parecer, el gran pedestal, sobre el que se yergue la columna de 60 metros de altura, pierde poco a poco su revestimiento y a la diosa le urgiría una nueva capa de dorado, todo lo que costaría 3,5 millones de euros, pero el distrito central no tiene fondos y el plan se encuentra bloqueado entre Administraciones. ciológico de perfiles bien definidos entre la caricatura amable y la sátira, con alguna pincelada de moralismo moratiniano. En El pelo de la dehesa escrita y estrenada en 1840, revisa l a comedia de figurón y ejecuta un menosprecio de corte y alabanza de aldea para reírse de a lgo no infrecuente en su época (ni en otras) los intentos de una aristócrata en números rojos por casar a su hija con un pueblerino rico que, de esa forma, podía añadir blasones a sus caudales. La tensión cómica de la obra se establece así entre la cursilería finolis de una parte y la llaneza aldeana de la otra; mientras los capitalinos se escandalizan de las maneras y atuendos del paleto, éste es incapaz de soportar normas y costumbres que se le antojan absurdas y además incómodas. Una farsa con momentos muy divertidos que Pepe Quero ha montado subrayando en exceso lo caricaturesco; su intento de añadir forzada comicidad a lo de ya de por sí cómico desemboca en chafarrinón. En esa tónica de farsa hipertrofiada, sobresalen la interpretación del estupendo Chete Guzmán en la piel del rústico don Frutos, que encarna en clave de homenaje a ese actor inmenso que fue Paco Martínez Soria, y la criadita enamoradiza de Magdalena Broto, salpicada de delicados detalles de comicidad. CLÁSICA Semana de Cuenca Estrenos de M. Franco y L. Auerbach. Int. Cuarteto Granados, K. Mölder y H. H. Polda, soprano infantil. E. Ardam, mezzo. N. Storojev, bajo. Coro del Estado de Letonia, Coro Inf. Nac. de Estonia, Orq. Fca. De Bremer. Dir. M. Poschener. Lugar: Cuenca Delicias ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE A razón de dos conferencias diarias, un concierto matinal, dos por la tarde, además de alguna presentación, pareciera que la Semana de Música Religiosa de Cuenca se empeñara en no dejar tiempo para la meditación. Y entre todo ello las jornadas dedicadas a Olivier Messiaen, en el centenario de su nacimiento, que han incluido varios conciertos protagonizados por el Cuarteto Granados con diversas obras españolas, además de la escrita por Miguel Franco y titulada El triunfo de la muerte por su relación con la tabla flamenca realizada por Pieter Brueghel. Se escuchó en una de las salas del Museo de Arte Abstracto Español. Antonio Saura al fondo y, a su alrededor, Manuel Mi- llares, Manuel Rivera, Antoni Tàpies, en un complejo diálogo, como lo es todo aquel que trata de conciliar el arte desinhibido, pujante y personal con aquel que se hace portavoz del recuerdo, de fórmulas comunes y citas inevitables expresadas con voluntad argumental. Mucho de ello hay también en el grandioso Réquiem ruso de Lera Auerbach, encargo de la SMR en coproducción con Bremen. De ahí el impacto inicial, prologado por el sonido de campanas de iglesia rusa que recibió a los espectadores que entraban en el Teatro Auditorio de Cuenca antes de que se fundieran con el arranque de la obra. Y luego, una larga sucesión de textos como homenaje a las víctimas de la intolerancia y la represión puestos en boca por un coro mixto, otro de niños, dos voces infantiles, mezzosoprano, bajo, con gran orquesta. Con razón el arranque fue contundente, como alargada la hora y media llevada de la mano de diversas melodías originales o asumidas, la reiteración interválica, la franqueza armónica y una ambigüa identificación de los intérpretes. Obra honrada, sin duda, como lo es la de Franco, y ambas obligando a pensar sobre el siempre tortuoso tránsito de la creación artística. Otra forma de meditar.