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56 MADRID DOMINGO 23 s 3 s 2008 ABC Procesión del Santo Entierro en Alcalá de Henares DE SAN BERNARDO Miles de fieles, saetas y ovaciones toman la calle Cielos despejados acompañaron las procesiones del Viernes Santo, mientras que la amenaza de lluvia y algunas gotas lo hicieron a las del Sábado Santo s Hoy, Domingo de Resurrección, una tamborrada en la Plaza Mayor pone fin a la Semana Santa madrileña J. M. C. ABC MADRID. La capital clausura con pesar su Semana Santa. Madrid se volcó en las procesiones del Viernes y del Sábado Santo. Anteayer, decenas de miles de personas fueron las que ovacionaron y escucharon con emoción las saetas a las imágenes de Jesús de Medinacieli- -la que concentró el mayor número de fieles de todas- y la del Cristo de los Alabarderos. Ambas salieron con puntualidad a las siete de la tarde del viernes de sus respectivos templos y, gracias a los cielos despejados que se mantuvieron desde por la mañana- -al contrario de lo sucedido en años anteriores- las dos procesiones pudieron iniciar su itinerario en hora y simultáneamente con la del Silencio, en la esquina de la calle Atocha y la del León. Los aledaños de la Basílica de Nuestro Padre Jesús de Medinaceli, a la vuelta de la Plaza de las Cortes presentaban, según Efe, un lleno hasta la bandera de fieles, curiosos y turistas de múltiples nacionalidades a la salida del Cristo. A la vista de la talla del Cristo de Medinaceli, policromada en madera, adornada con una larga melena de cabello negro natural, los espectadores, muchos de los cuales llevaban largas horas de espera, le vitorearon con gritos de ¡guapo! Tallada en la primera mitad del siglo XVII en Sevilla, la imagen del Cristo salió de su templo, elevado en 1973 a la condición de Basílica Menor por el Papa Pablo VI, sobre una carroza de 3.500 kilos de peso. Los miembros de la Archicofradía de la Real Ilustre Esclavitud de Nuestro Padre Jesús Nazareno escoltaron la salida de la efigie que representa el momento en que Poncio Pila- Penitentes durante la procesión del Cristo de Medinaceli tos, dirigiéndose al pueblo judío, le dice Ecce Homo (He aquí el hombre) Ataviados con túnicas y capirotes morados, mostrando su piedad descalzos y arrastrando cadenas, los esclavos recorrieron el centro de la capital subiendo por la Plaza de las Cortes, la Carrera de San Jerónimo, Sevilla, Alcalá, Cibeles, Paseo del Prado, Cánovas del Castillo y vuelta a la Iglesia de Medinaceli. En paralelo salió la procesión del Santísimo Cristo de los Alabarderos, que fue realizada este año por el artista toledano Felipe Torres de Villarejo. Su salida es impresionante, ya que pasa por la puerta del Príncipe del Palacio Real, por donde sale al fervoroso silencio de los fieles que lo esperaban pacientes. Algunos, incluso, habían trepado a las farolas y se encaramaba a las escaleras para ver la talla policromada, recién estrenada este año. Este paso, con una imagen de 1,83 metros de altura que representa al Cristo crucificado con el hombro izquierdo dislocado quedará guardada en la Catedral Castrense, hasta la Semana Santa próxima. Más tarde, ya sin luz y con más frío y viento, tenían prevista su salida las otras cinco procesiones madrileñas del Viernes Santo: la del Divino Cautivo, la de los Siete Dolores, la de San Andrés, la del Santo Entierro y la de Jesús de Nazareno, en Carabanchel. El factor tiempo, tan presente y condicionante en estos actos religiosos, no pudo tampoco con la última procesión de la Encaramados a las farolas