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ABC DOMINGO 23 s 3 s 2008 INTERNACIONAL 33 La autopsia no aclara la causa de la muerte de Chantal, pero sí que fue asistida EP SERVIMEDIA PARÍS. La tesis de la muerte natural de Chantal Sébire parece descartada, a la espera de conocer el resultado de los análisis toxicológicos, una vez que la autopsia practicada al cuerpo de la víctima no ha permitido aclarar la causa específica del fallecimiento, según el fiscal de Dijon, Jean- Pierre Alacchi. Hay un cierto número de sustancias que se han encontrado en el cuerpo de Sébire que están siendo analizadas explicó el representante del Ministerio público. No tengo los resultados de estas sustancias y las cantidades, por lo tanto, no puedo decir otra cosa más que debo esperar los resultados definitivos para que sepamos qué sustancias se han identificado y cuáles son las dosis y, si las hay, si han podido contribuir a la muerte de Sébire añadió. Chantal Sébire fue encontrada muerta en su domicilio de Dijon, en el este de Francia, en la tarde del miércoles 19 de marzo. El cuerpo no presentaba síntomas de hemorragia, ni de crisis cardíaca, parada cardio- vascular, cerebral o infarto, por lo que cobra fuerza la hipótesis de una muerte asistida. Serán ahora los exámenes toxicológicos los que deberán determinar qué sustancia pudo provocarle la muerte. Con su apelación a la justicia para que se le permitiera morir dignamente, Sébire ha reavivado en Francia el debate sobre la eutanasia activa y obligado a la clase política a revisar el actual texto legal sobre cuidados paliativos y derecho del paciente, que data de 2005 y sólo contempla el coma inducido. Un palestino musulmán pasa junto a los peregrinos que participan en una procesión de Viernes Santo en Jerusalén AP Árabes cristianos, extraños en Tierra Santa Peregrinos de los cinco continentes culminan hoy una Semana Santa de extraordinaria devoción en Jerusalén, donde Israel ha negado permisos a miles de palestinos cristianos de Cisjordania y Gaza. Sus raíces se remontan a la época de Cristo POR LAURA L. CARO CORRESPONSAL JERUSALÉN. Las mujeres del grupo parroquial venido de Bogotá murmuran oraciones hincadas de rodillas, mientras frotan con violenta devoción los manojos de rosarios que llevarán de recuerdo a Colombia contra la superficie de la Piedra de la Unción. Sobre ella, en medio de la Procesión Fúnebre de Viernes Santo, los franciscanos acaban de perfumar con óleos la imagen articulada de un Cristo desclavado que ahora conducen al Sepulcro, rememorando paso a paso lo que relatan las Escrituras. Las jóvenes griegas, adelantándose a su Semana Santa ortodoxa que se celebrará en catorce días, aguantan empujones y esperan turno para depositar, aunque sólo sea por un segundo, los iconos baratos comprados en la Ciudad Vieja encima de la roca que rezuma mirras y aloes. Y recordar para siempre que su grabado estuvo en contacto con la verdadera lápida, donde, reza la tradición, el Señor fue embalsamado al morir. Y aprovechar para besarla, pedir un milagro y separarse con la promesa de volver. La Basílica del Santo Sepulcro, el lugar que encierra el Gólgota y la sepultura abierta y vacía, es estos días un espectáculo de religiosidades extremas. De muestras de fe, que cristianos de los cinco continentes ofrecen con asfixiada congoja, llevados por la emoción inexplicable. Hombres y mujeres fascinados, de saberse pisando los sitios sagrados que se reverencian desde el siglo I. Gozosos por cumplir el sueño una Semana Santa en Jerusalén. Son americanos que se cruzan por la Vía Dolorosa deseándose happy Passion feliz Pasión legiones de filipinos que se empequeñecen para orar en la intimidad de la Hora Santa de Gestsemaní. Gentes humildes de parroquias europeas, etíopes casi mendicantes que dan gracias por su fortuna extraordinaria de haber llegado. Al centro exacto de la Cristiandad que se rememora en todas las Semanas Santas del Happy Passion mundo y al que, sin embargo, la comunidad árabe cristiana- -cada vez más cercada por el muro físico de hormigón que Israel construye para aislar los territorios y por el muro abstracto de la persecución- -no tiene permiso para pasar. Encerrados en Ramala, Nazaret o Belén, a solo diez kilómetros de Jerusalén, o en cualquier otro enclave de los territorios palestinos, los deseos de los 45.000 cristianos que también anhelaban celebrar sus ritos en el Santo Sepulcro o estar con sus familias, se han visto frustrados por el rechazo de Israel. La coincidencia este año de la Semana Santa con el Purim- -la fiesta judía similar al carnaval- -ha servido de excusa para sellar Gaza y Cisjordania hasta esta noche. A cal y canto. Los terroristas también se disfrazan justifica un tendero. Tel Aviv jura que se avecina un gran atentado, la venganza por el crimen en Damasco del número dos de Hizbolá, Imad Mghniyah. Un muerto en combates en un campo de refugiados en Líbano L. L. CARO JERUSALÉN. Al menos una persona resultó muerta y otros cuatro heridas en los combates que la noche del viernes enfrentaron a miembros de la facción palestina Al Fatah con los del grupo radical sunní Yud el Cham en el campo de refugiados de Ain el Helu, situado en el sur del Líbano. Según fuentes oficiales libanesas, Yud el Cham- -ideológicamente vinculado a Fatah Al Islam, el grupo que en 2007 tomó al asalto el campo de Nahr al Bared- acusó a la organización Al Fatah de haber capturado a su jefe, Samir Husein Maruf, para entregarlo a la Policía. La venganza vino en forma de ataque con lanzagranadas y fusiles de asalto, lo que desembocó en un intenso choque armado que obligó a los habitantes de Ain el Helu a huir hacia la vecina ciudad de Sidon para protegerse en mezquitas y escuelas. Muchos de los miembros de Yund el Cham son ciudadanos libaneses que se refugiaron en Ain el Helu en 1999, después de la batalla que mantuvieron con el Ejército en las montañas de Dinnieh, al norte, que dejó 45 muertos. Mientras, Francis Tovey, un inglés de 81 años que vivía en la localidad australiana de Burleigh Heads, se quitó la vida el martes pegándose un tiro asistido por un robot suicida que él mismo montó con instrucciones que encontró en internet, según informa el diario The Times Al parecer, Tovey, que vivía solo en su casa, valorada en 450.000 libras esterlinas (585.000 euros) se tomó muy a mal que sus propios familiares le sugirieran que debía dejar su hogar e irse a vivir a una residencia para personas mayores. Las notas dejadas por el anciano prueban que Tovey buscó en internet planes para construir una compleja máquina que le ayudase a poner fin a su vida. Un disparo de robot