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4 OPINIÓN DOMINGO 23 s 3 s 2008 ABC DIRECTOR: ÁNGEL EXPÓSITO MORA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: JOSÉ MANUEL VARGAS DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer, José Antonio Navas y Pablo Planas Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro CHINA, DESDE EL TÍBET HASTA TAIWÁN A misma China que por la fuerza impone su ley en el Tíbet es la que extiende su influencia hasta la industriosa Taiwán. Como joven superpotencia emergente, el gigante asiático tiene cada vez más frentes abiertos, y casi todos con el asunto de la anexión política de su periferia como principal debate: los tibetanos- -que no acaban de mostrarse todo lo agradecidos que quisiera Pekín por los años de régimen comunista y asimilación forzosa- -y los taiwaneses, que se sienten inequívocamente chinos, pero que creen que todavía es pronto para aceptar seguir el mismo camino que Hong Kong. Entre el Tíbet y Taiwán sólo hay un elemento común: la sombra del creciente poder de Pekín. También para el régimen comunista los dos casos deberían ser motivo de una importante lección. Mientras que en el Tíbet se está produciendo una campaña de represión cuyo alcance sólo podemos intuir, porque el Gobierno chino ha cerrado a cal y canto el territorio a los ojos de los periodistas extranjeros, en Taiwán se acaban de celebrar unas elecciones impecablemente democráticas y se ha producido una alternancia en el poder de forma pacífica, sin que ello altere ni por un segundo la buena marcha de la economía de la isla. Taiwán es el espejo donde debería mirarse el régimen comunista de Pekín, para descubrir que- -igual que sucede en Hong Kong- -no hay ninguna incompatibilidad entre la milenaria cultura china y la democracia moderna, sino todo lo contrario. Si el problema del Tíbet se hubiera enfocado a través de cauces democráticos, probablemente no estaríamos asistiendo a esta lamentable situación. La victoria del viejo Kuomintang en Taiwán ha puesto fin- -al menos provisionalmente- -a las aspiraciones de los independentistas a cambio de una aproximación pragmática al continente, cada vez más atractivo desde el punto de vista económico. La economía, en efecto, es el principal activo del régimen de Pekín, pero allí donde ésta no ha sembrado sus beneficios, como en el Tíbet, sube la fiebre de la confrontación. El papel de una superpotencia regional es muy complejo y exige poner en la balanza de las decisiones todas las consideraciones posibles. Por ahora, en el Tíbet se ha optado por una línea dura, en la que por primera vez se ha producido la contradicción de que un Gobierno que censura internet está utilizando la red como medio para extender el brazo de su Policía. Todo este juego de fuerzas y de fenómenos sociales va a ser exhibido a los ojos del mundo en los Juegos Olímpicos de este año, que Pekín quiere que sean la proclamación oficial de su estatus de superpotencia. De lo que el mundo vea durante esos días podremos saber qué tipo de China va a ser esa superpotencia que se dispone a asumir un papel global en el siglo XXI. En los meses que quedan no se pueden cambiar todas las cosas, pero se puede mostrar al mundo cuál es el camino que ha elegido Pekín, si el de Lhasa o el de Taipei. Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera L JUEGOS DEL PNV, CON ETA AL FONDO L PNV celebra hoy su Aberri Eguna o Día de la Patria Vasca en medio de una táctica improvisada de recolocación política, provocada por el revés sufrido en las urnas el 9- M y con el último atentado de ETA como recordatorio de que la única carencia de la democracia en el País Vasco no es el derecho a decidir- -que reclaman al unísono los terroristas y demás familias del nacionalismo- sino la falta de libertad y el terror etarra, como el pasado viernes puso de manifiesto el salvaje atentado en Calahorra, nueva invitación de la banda para abrir un nuevo proceso de negociación. Este es el conflicto vasco y no otro, aunque el PNV pretenda hacer creer que su retroceso electoral es sinónimo de bloqueo político. Los nacionalistas obtuvieron seis escaños, uno menos que en 2004, y poco más de 300.000 votos, con una pérdida de más de 100.000 respecto a las anteriores elecciones. El gran beneficiado ha sido el PSE, con nueve diputados y un gran aumento en votos, datos que podrían consolidarse si el lendakari mantuviera el calendario que anunció el pasado año y convoca elecciones autonómicas anticipadas para el próximo otoño. Nada de lo que sucede en el PNV representa novedad alguna, ni hay que confiar en que la aparente moderación de su actual presidente, Iñigo Urkullu, signifique algo más que una terapia retórica para encajar el golpe electoral. La capacidad del PNV para cambiar según las circunstancias está suficientemente acreditada: ha sido capaz de gobernar en coalición con los socialistas hasta 1998, pactar la investidura de Aznar en 1996 y, en paralelo, cerrar con ETA el acuerdo de Lizarra. Ahora, la mano tendida de Urkullu a Zapatero es más por necesidad que por virtud, y se mantendrá en la medida en que permita al PNV mantener el statu quo actual, el único objetivo que mueve a los nacionalistas. El cambio de lenguaje constatado en el discurso de Urkullu no representa una rectificación de la política nacionalista, aunque algo tendrá que hacer para recuperar electorado. No han pasado ni 48 horas desde que Urkullu insinuara que el plan soberanista del lendakari era ajeno al PNV y balbuceara una tímida versión del Discurso del Arriaga pronunciado por Arzalluz en 1988, y Egibar ya ha puntualizado que E las consultas autodeterministas anunciadas por Ibarretxe están avaladas íntegramente por la ponencia política del partido y hoy no sufrirán ninguna desautorización en el Aberri Eguna La simulación de nuevos tiempos se acabó en cuanto apareció Egibar, devolviendo las cosas a su estado natural: en el PNV no hay moderados- -los echan- -y la posibiliad de pactar con el PSOE siempre estará condicionada a que todo siga igual. Es hora también de que los socialistas entiendan esta forma de ser de los nacionalistas vascos y dejen de atribuir el plan del lendakari a la etapa de intransigencia de Aznar. Precisamente ha sido con Zapatero cuando el PNV ha extremado sus planteamientos y actitudes, como lo prueba que Imaz accediera a la presidencia del partido cuando gobernaba el PP y haya sido defenestrado en tiempo de Zapatero. Las razones pueden ser muy diversas, pero la principal es que el primer mandato de Zapatero ha premiado a los extremistas frente a los moderados, quienes siempre se han quedado en fuera de juego ante la opción del PSOE de tantear a Batasuna, en el País Vasco, o pactar con ERC, en Cataluña. De la tensión dialéctica entre PSE y PNV de estos días, lo que menos importa es la aparente firmeza de los socialistas: lo relevante es saber si el PSE está dispuesto a emplear su mayoría política para cambiar el País Vasco o para dejar las cosas como están, ahora que vuelve a no caber duda sobre la convergencia de objetivos entre ETA y el PNV Es evidente que los pactos con los nacionalistas sólo han servido para afianzar el régimen abertzale. Con este PNV tan radical y extremo y con el Gobierno de un lendakari lanzado a la carrera de las consultas soberanistas, el PSE ya ha pactado los presupuestos de 2008 para el País Vasco, ha entregado la Diputación de Alava al sector más integrista del nacionalismo- -pese a la clara mayoría formada por PSE y PP- -y acaba de cerrar un incomprensible acuerdo para el reparto del poder político en las cajas vascas. Entre ser un motor de cambio radical o un comodín del inmovilismo nacionalista, los socialistas vascos tienen antecedentes de sobra para tomar la primera opción, pactar una política autonomista con el PP y, llegado el momento, formar una mayoría no nacionalista en el País Vasco. TRASVASES CUANDO CONVIENE NFORMA hoy ABC, con todo detalle, de los planes de la Generalitat catalana en materia de política del agua, anticipados ya hace unos días desde estas mismas páginas. La naturaleza no entiende de competencias exclusivas, ni de estatutos para complacer a los socios radicales. El caso es que la sequía alcanza de lleno a Cataluña y el Ejecutivo que dirige José Montilla ha tenido que rescatar algunos proyectos que se parecen sospechosamente al Plan Hidrológico Nacional diseñado en la etapa de José María Aznar. Como la palabra trasvase está mal vista después de tantas críticas demagógicas, la burocracia autonómica ha encontrado la expresión captación provisional para denominar la traída de aguas desde el Segre al Llobregat con el fin de abastecer al área metropolitana de Barcelona, sin descartar otros proyectos relacionados con el canal de Urgell y otras posibilidades. No es cuestión de complicarse la vida cuando la situación amenaza ya al consumo humano, de modo que, si hace falta, se copian sin pudor los proyectos que pretendía desarrollar el PP y que fueron boicoteados por una campaña impulsada desde el PSOE y el propio tripartito. En definitiva, la Generalitat está pensando seriamente en realizar tres trasvases encubiertos del agua del Ebro y, a mayor abundamiento, utiliza para ello competencias que le atribu- I ye el polémico estatuto catalán, pendiente todavía de la sentencia del Tribunal Constitucional, en virtud de recursos no sólo planteados por la oposición, sino también por las comunidades de Aragón, Valencia y Murcia. El sistema autonómico establecido por la Constitución sólo puede funcionar cuando se da prioridad al interés general y se aplica con rigor el principio de solidaridad. Por tanto, es incompatible con una visión estrecha y partidista que culmina en egoísmos insolidarios y provoca enfrentamientos entre territorios. El agua es un recurso escaso en España, cuyo aprovechamiento no puede depender de las coyunturas políticas circunstanciales. Rodríguez Zapatero utilizó las críticas al PHN para ganar votos en Aragón y complacer a sus aliados en Cataluña. Cuando le conviene, invoca la solidaridad para el envío de agua desalinizada desde Almería a Cataluña y abre o cierra el trasvase desde el Tajo al Segura. En cambio, nunca tiene tiempo para atender las necesidades inaplazables de diferentes zonas del Levante español, que le son poco propicias electoralmente. Ahora resulta que es el propio tripartito quien desea poner en marcha algunos aspectos del PHN. Sin embargo, nadie espera que el líder socialista se oponga a las intenciones del PSC, al que debe buena parte de su éxito en las urnas.