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26 INTERNACIONAL VIERNES 21 s 3 s 2008 ABC La represión en el Tíbet favorece a los secesionistas en las elecciones de Taiwán El candidato presidencial separatista recorta la ventaja del aspirante favorito en los comicios clave de mañana PABLO M. DÍEZ ENVIADO ESPECIAL TAIPEI. Mañana se celebran unas elecciones presidenciales trascendentales en Taiwán, la isla que permanece separada de China desde el final de la Guerra Civil (1945- 49) pero cuya soberanía es reclamada por el régimen comunista de Pekín. Hace once días, se daba por hecho la victoria de Ma Ying- jeou, candidato del Koumintang (KMT) y proclive al acercamiento a China, ya que en los sondeos le sacaba 20 puntos de ventaja a su rival Frank Hsieh, el aspirante del independentista Partido Demócrata Progresista (PDP) Pero esas encuestas se hicieron antes de que en el Tíbet estallara la revuelta más violenta de las dos últimas décadas y de que Pekín aplastara brutalmente las protestas, imponiendo una represión que podría haberse cobrado más de cien muertos, según el Gobierno en el exilio del Dalai Lama. El Tíbet ha irrumpido en la campaña electoral taiwanesa, ya que ha sido aprovechada por los independentistas del PDP para atacar la intención del Koumintang de mejorar sus relaciones con China. Consciente del miedo que ha despertado entre el electorado la represión china en la región del Himalaya, Hsieh vio una oportunidad de oro para acortar su desventaja estableciendo paralelismos entre el Tíbet y Taiwán, la isla sobre la que pesa una constante amenaza militar por parte de Pekín. No en vano, el régimen comunista considera a este archipiélago del Estrecho de Formosa, donde viven unos 23 millones de personas, una provincia rebelde por lo que en 2005 aprobó una ley antisecesión que le permite atacar a Taipei si su Gobierno declara formalmente una independencia que ya tiene de facto, pero que sólo es reconocida por una veintena de pequeños estados, entre ellos el Vaticano. Para zanjar sus ansias separatistas, China tiene un millar de misiles apuntando a Taiwán. Taiwán no es el Tíbet dijo Ma Ying- jeou, quien aseguró que si resulto elegido, no dejaré que Taiwán se tibetice Hasta ahora, el candidato del KMT había centrado su discurso en mejorar la situación económica, que se ha deteriorado durante los ocho años de gobierno del PDP porque las provocaciones separatistas del presidente Chen Shui- bian han causado numerosos rifirrafes con China, el principal socio comercial de la isla y donde sus empresarios han realizado grandes inversiones. Pero Ma Ying- jeou ha modificado su táctica después de que Frank Hsieh se fotografiara junto a varios monjes budistas enarbolando una bandera del Tíbet y encendiendo una antorcha olímpica por la libertad y los derechos humanos. Para no perder votos, el aspirante del KMT se ha mostrado a favor de imponer un boicot a Pekín, que este verano celebra sus Juegos Olímpicos, en caso de que hubiera muchas víctimas en el Tíbet A pesar del inesperado efecto electoral de esta revuelta, la principal preocupación de los taiwaneses es la economía, que depende hasta tal punto de China que el candidato del KMT podría mantener unos cinco puntos de ventaja en los comicios. Además de elegir a su presidente, los taiwaneses votarán en un referéndum para decidir si la isla intenta ingresar en la ONU bajo el nombre de Taiwán, y no con la denominación oficial de República de China. Al considerarla un primer paso hacia la independencia, esta votación ya ha sido muy criticada por el régimen comunista de Pekín, que tiene derecho de veto en el Consejo de Seguridad y, por tanto, anulará las pretensiones de mayor reconocimiento internacional por parte de Taiwán. Irrupción en la campaña Imagen de la televisión en la que un manifestante tibetano detenido escucha los cargos contra él en una localidad no mencionada REUTERS El Dalai Lama pide negociar con el Gobierno de Pekín, tras renunciar de nuevo a la independencia P. M. DÍEZ TAIPEI. Aprovechando la repercusión internacional que está teniendo la revuelta tibetana, el Dalai Lama puso ayer toda la carne en el asador y pidió reunirse con representantes del Gobierno chino, o incluso con el presidente Hu Jintao, para acabar con la violencia que se ha extendido desde Lhasa a otras provincias chinas limítrofes. Para ello, el Dalai Lama, máxima figura política y espiritual del budismo tibetano, tomó la palabra al régimen comunista y renunció, una vez más, a la secesión de esta región del Himalaya, que fue ocupada por el Ejército Popular de Liberación en 1950 y anexionada un año después. Todo el mundo sabe que no busco la independencia. Lo he dicho cien veces, mil veces... es mi mantra. No busco la independencia insistió el Dalai Lama, intentando forzar una respuesta por parte de China. Mientras tanto, Pekín reconoció ayer que los violentos disturbios, que estallaron el pasado viernes en Lhasa tras varios días de manifestaciones pacíficas, se habían extendido a otras zonas con mayoría de población tibetana en Gansu, Qinghai y Sichuan. Precisamente en esta última provincia la Policía admitió, por primera vez, que había disparado y herido a cuatro manifestantes en defensa propia según informó la agencia estatal de noticias Xinhua. Además, miles de soldados se dirigen a las zonas donde se produjeron disturbios con el fin de acabar de una vez por todas con el levantamiento, que ha puesto en la picota internacional a China a menos de cinco meses de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Pekín. Según el régimen comunista, las protestas han dejado un saldo de 16 muertos y 325 heridos, pero el Gobierno tibetano en el exilio estima que hay una centena de víctimas.