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ABC VIERNES 21 s 3 s 2008 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA PASIÓN SEGÚN SAN MATEO A campana ha guiado tus pasos a través de las calles húmedas de la ciudad extraña, mientras la nostalgia que esperabas sentir como una suave cosquilla se te está clavando en el alma con la esquinada y dolorosa agudeza de una punzada. Has mirado el reloj para situar las coordenadas exactas de la memoria, cuya certeza te transporta hasta el eco lejano de unos tambores que no puedes oír, hasta el rincón cabal de una experiencia que no puedes vivir pero que sientes perceptible y puntual en la distancia, dibujada en tus recuerdos como una foIGNACIO tografía de contornos tan CAMACHO precisos como la certidumbre de tu ausencia. Es como si estuvieses al mismo tiempo en dos lugares: tus pies y tu cuerpo entero entre las callejas medievales del escenario luterano que domina la esbeltez del campanario que te llama, tu espíritu y tus sentimientos perdidos en el dédalo donde ahora mismo transcurre el rito renovado cuyos detalles serías capaz de reconocer como un mapa de tu propia vida. Te has secado con la mano las gotas de lluvia en tu rostro al entrar en la iglesia de paredes desnudas y bóvedas altas donde resuena un canto que parece ascender hasta las vidrieras con la solemnidad envolvente de un himno en el que reconoces de inmediato una identidad que compartes más allá de las palabras. La música te ha ensanchado los pulmones cuando te sientas en las últimas filas y tu mirada busca entre las ojivas las volutas sonoras que salen de las voces del coro. Bach. Una marea de grandeza que invade el templo con oleadas de penetrante piedad envuelta en la arquitectura mística de un prodigio. Las notas del oratorio fluyen hacia ti como una corriente en la que te dejas flotar para volver en tu interior hacia la ciudad soñada, ésa en la que adivinas y presientes la liturgia que en este mismo instante recorre sus calles agitadas de gente y de bullicio, perfumadas de azahares y de incienso, sacudidas de expectación y algarabía. Casi podrías reconocer los rostros de la muchedumbre, los perfiles de las casas recortados en la luz de la tarde, el paso arrastrado de los costaleros, las voces recias de los capataces, los colores de las túnicas, el brillo de la plata en las candelerías y los varales. Toda esa ceremonia ha desfilado dentro del hombre que en tus zapatos y en tu piel está sentado en una iglesia lejana y fría donde la contralto ha comenzado a cantar la súplica emocionante y encendida del Erbarme dich, mein Gott y en la coral que responde con la soberbia majestad de un batallón de ángeles has hallado la línea esencial y maestra que conecta los dos puntos sobre los que levita tu espíritu dividido. Has comprendido que la belleza que escuchas y la que evocas proceden de un idéntico impulso revelado capaz de anclarse en el fondo de los siglos y de la memoria, y que la fe creativa que en tu tierra cimbrea los palios o impregna la dulce serenidad de un crucificado es el mismo hálito que da vida al milagro de la música que ahora te traspasa con la claridad de su belleza estremecedora, ingrávida y transparente. L PERSPECTIVA PROPUESTAS HERÉTICAS PARA UNA CRISIS AS modas son cambiantes, como los análisis económicos en tiempos de elecciones. Ahora está de moda afirmar que la crisis financiera pueda ser la peor desde la Segunda Guerra Mundial. Será sin duda larga y dolorosa. Muchos critican que los gobiernos y bancos centrales hayan acudido al rescate de bancos y les acusan de una interpretación sesgada de la economía de mercado. Pero se olvida que los accionistas de esos bancos han sufrido pérdidas cuantiosas y lo que las autoridades monetarias intentan hacer no es resarcirles de su patrimonio, que bien perdido está, sino evitar el contagio financiero. Cualquier economista sabe que el sistema financiero se basa en la confianza y no hay banco, por bien gestionado y provisionado que esté, que pueda soportar un ataque masivo. Por eso la regulación y supervisión financiera es un arte a caballo entre la psicología, la contabilidad y las matemáticas y exige tomar medidas preventivas en situación de incertidumbre. Pero no está en crisis el capitalismo, sino que han llegado a su fin unos años de crecimiento basados en tipos de interés extraordinariamente bajos en el supuesto de que la inflación había desapareciFERNANDO do como problema. La denostada globaliFERNÁNDEZ zación ha proporcionado éxitos sin precedentes que han permitido reducir la pobreza en el mundo e incorporarse a la sociedad de consumo a millones de habitantes en Asia. Pero con ello han vuelto los ciclos y la temida presión inflacionista. La innovación financiera ha permitido retrasar la hora de la verdad, pero no ha podido impedirla. Los que se han equivocado, han medido mal los tiempos, el nivel de endeudamiento y la exposición a los cambios de precios de los activos, lo pasarán mal. Las personas y los países. España es un firme candidato. Ya se puede decir sin ser insultado, como gustaba hacer el presidente de la Memoria Histórica con calificativos de resabio franquista. Ya lo dice la prensa amiga que nos prepara para el incumplimiento de promesas electorales con la presentación de un Plan de Choque. Mientras los ministros, los que son y los que esperan L serlo, descansan, ponen en orden sus ideas y preparan las medidas a adoptar, les recomiendo un libro. Tiene el problema de haber sido editado por Faes, pero le salva para los políticamente correctos que su autor, Mauricio Rojas, es un exiliado chileno que ha prosperado en Suecia. Se titula Reinventar el Estado del Bienestar y expone las reformas que han permitido a ese país recuperar la prosperidad tras la profunda crisis de los noventa. Les ahorraré detalles pero hay una poderosa lección para España, sobre todo en tiempos de crisis como los que se avecinan que es cuando las sociedades están dispuestas a cuestionarse sus vacas sagradas. El principio es sencillo, se trata de aumentar la libertad de elección en la provisión de servicios públicos como la sanidad, la educación, la atención a los dependientes o las prestaciones por desempleo. Basta con poner a competir a proveedores privados con los antiguos monopolios públicos de manera parecida a como se hizo en las industrias de red- -telefonía, electricidad, hidrocarburos, ferrocarril- -e introducir el copago, llamado eufemísticamente ticket moderador en España, de forma que los contribuyentes- -me gusta esta palabra porque refuerza la idea democrática primitiva de que contribuir da derecho a exigir- -puedan elegir la combinación deseada de prestaciones y precio por encima de los mínimos garantizados. Para muchos españoles será una sorpresa saber que en la Suecia socialdemócrata existe por ejemplo el vale escolar y que los padres pueden elegir el colegio de sus hijos. Es más, gracias a él han mejorado los resultados educativos porque ha aumentado la implicación de los padres y se ha reducido el coste porque la competencia tiene implicaciones conocidas. La reforma sueca es además compatible con el Estado de las Autonomías porque también allí muchas competencias sociales están delegadas, aunque en los municipios, y estos no han aplicado el mismo ritmo de reformas liberalizadoras. Pongamos a las Autonomías a competir en la forma de satisfacer a sus ciudadanos. Todo un programa anticrisis que tiene la virtud añadida de facilitar el ajuste a un nuevo modelo productivo y hasta de permitir la creación de una nueva industria, en la que por qué no, podemos aspirar también a tener multinacionales.