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ABC JUEVES 20- -3- -2008 73 TEATRO En la Toscana Autor y director: Sergi Belbel. Escenografía: Max Glaenzel, con E. Cristià. Vestuario: M. Amenós. Iluminación: K. Plana. Música: A. Guinovart. Intérpretes: J. Boixaderas, C. Plazas, Ll. Soler y Ll. Castell. Lugar: Teatro de la Abadía El síndrome de la felicidad JUAN I. GARCÍA GARZÓN El síndrome de Stendhal a una alteración psicosomática que llega a provocar confusión y alucinaciones cuando una persona se expone a una elevada dosis de belleza artística. Por esa senda, el protagonista de En la Toscana se somete a una sobredosis de felicidad hasta desear morir en el instante de mayor plenitud. A partir de ese momento se precipita una suerte de vodevil neurótico con una sintomatología que, por el costado de los celos, se emparenta con Él la memorable película de Luis Buñuel que tomó como base una novela de Mercedes Pinto, y, por la soltura psicótica con que se asoma al asesinato, tiene puntos de contacto con El matrimonio del señor Mississippi de Friedrich Dürrenmatt con aromas de Pirandello. Sergi Belbel ha escrito un texto con momentos muy divertidos, en el que lo real y lo imaginado se amalgaman ante el espectador como en la mente de Marc, el arquitecto de éxito que quiere revivir unos días felices junto a Joana, su esposa, en la Toscana, un lugar arcádico en su memoria sentimental y tal vez antesala de una farsa infernal en la repetición; sus amigos Marta y Santi se ven involucrados en la ensalada de aprensiones, sospechas, respingos médicos, apariciones, erotismo, déjà- vus y divagaciones oníricas. El autor ha dirigido su texto con ágil sutileza de coreógrafo, controlando el complicado equilibrio de ritmos y tiempos, sobre la cambiante y eficaz escenografía geométrica de Glaenzel y Cristià, y apoyándose en cuatro estupendos actores que alternan con acierto la cercanía y la distancia. Joan Boixaderas es el perplejo Marc, muy propio en su aturullado perfil woodyallenesco ahogado en la incertidumbre; Cristina Plazas, una actriz soberbia, demuestra como Joana que se mueve con tan buen tino en el drama como en la comedia, Lluïsa Castell ofrece un recital de registros en la piel de Marta y Lluís Soler es un Santi solvente. Todos completan un ajustado y agradable ejercico de neurosis cómica. Jordi Galcerán y Tamzin Townsend, en el patio de butacas del teatro Bellas Artes, donde se representará Carnaval reto. Dando vueltas y buscando casos llegamos a este secuestro transmitido a través de Internet, lo que me permitía plantear un caso, investigarlo y resolverlo sin salir de la oficina de una comisaría. Tenía unos recursos muy teatrales para un conflicto policíaco. sus manos. El trabajo más importante de un director es hacer el reparto. Un tanto por ciento muy importante del éxito es saber escoger a los actores adecuados. -T. T. Hicimos muchas pruebas para este montaje. Yo tenía muy claro que si no tenía a los actores adecuados tendría muchos problemas. -J. G. En este teatro que es realista, que intenta ser verosímil, se depende muchísimo de los intérpretes. Si es un teatro de experimentación formal, que tiene un aliento más poético o que su recepción es más intelectual, es más importante la obra; pero en esta función, que habla de sentimientos, y en la que es muy importante ver a una madre desesperada ante lo que le está ocurriendo a su hijo... Si esa madre desesperada no funciona, ya puede estar bien escrito, que todo se cae. Mi teatro no tiene altura literaria; yo espero que tenga altura dramática. -T. T. Jordi no es de los autores que dirigen desde el texto, no lo exlica todo. Si dice que un personaje llora, pues llora. Pero no dice más. Y volviendo al reparto. Yo le hago muchísimo caso. Por ejemplo: hay un personaje en esta obra que es la informática, que entra y sale mucho de escena, más que los demás. Y Jordi me dijo un día que podía ser argentina. Pensé en ello y me puse a buscar a una actriz argentina. Jordi dice pocas cosas, pero siempre estoy atenta a ellas. siado, porque ellos pondrán el resto. Escribir para teatro es lo contrario que escribir narrativa. En una novela hay que escribir lo que sienten los personajes y lo que les pasa por la cabeza. En una obra de teatro, todo lo contrario. Tienes que retenerte muchas veces porque en ocasiones se te va la mano y empiezas a escribir un personaje que dice: ¡Estoy desesperado porque Yasmin me ha dejado! Cuando eso lo tiene que expresar el actor. Lo que tiene que decir el actor es: Pásame ese vaso y expresar con esa frase su desesperación. Yo no lo tengo que escribir; es tarea del actor, que siempre pienso que va a ser muy bueno. Si tú escribes que está desesperado y el actor lo dice de manera desesperada, es redundante. Más información sobre la función: http: www. teatrobellasartes. es -T. T. Jordi ya me había hablado de la obra, así que yo ya conocía el asunto cuando me llegó el texto. Me pareció la bomba. No podía dejar de leerlo, y a mí me cuesta mucho leer los textos, aunque esté mal decirlo. Se lee como un thriller y ahora, cuando está montado, también se ve como un thriller. -J. G. Yo intento influir en quien va a dirigir mis textos. Y si tengo confianza, lo dejo en ¿Y qué es lo que más le llamó la atención a la directora cuando recibió el texto? ¿En los repartos interviene de alguna manera el autor? ¿Ninguno de los dos se imagina ya a los actores, uno cuando escribe y otro cuando lee? ¿No les ponen caras? -T. T. Yo, en algunos casos, sí- -J. G. Yo no. Pienso que van a ser actores tan buenos que no hace falta que yo escriba dema-