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ABC JUEVES 20 s 3 s 2008 En la muerte del autor de 2001. Una odisea espacial CULTURAyESPECTÁCULOS 71 Félix Romeo Escritor CONDENADO EN CASA rederic Raphael, guionista de Eyes Wide Shut, cuenta en su libro autobiográfico Aquí Kubrick (Mondadori) la paliza que le daba Arthur C. Clarke a Stanley Kubrick, después del enorme éxito que habían obtenido con 2001: una odisea espacial: No para de enviar faxes. Casi a diario recibo un montón de mierda suya Sin duda, el escritor británico era muy consciente de cómo el cine le había vuelto del revés. Había conseguido escapar del pelotón de la ciencia ficción en el que se encontraba e incorporarse a la cabeza, en la estela de Aldous Huxley, y Un mundo feliz, de Ray Bradbury, y su Fahrenheit 451, y de George Orwell, y su 1984, que, como señaló Anthony Burgess en sus memorias, a nadie se le escapaba que se trataba de un libro sobre el presente de la dictadura estalinista y no sobre el futuro. Antes del encuentro con Kubrick, Clarke había publicado algunas novelas aceptables, con mucho de cuento de hadas y con todos los tópicos de la ciencia ficción optimista, como El fin de la infancia (Minotauro) o La ciudad y las estrellas (Edhasa) y bastantes relatos, como los recogidos en Cuentos de la Taberna del Ciervo Blanco (Alianza) en la línea del Decamerón de Bocaccio y los Cuentos de Canterbury de Chaucer. Y a mediados de los 60, con la irrupción de una nueva forma de entender la ciencia ficción, que llegaba con la escritura delirante de Philip K. Dick, con la brillantez de J. G. Ballard y con la brutalidad de William Burroughs, y que acabaría desembocando en el cyberpunk de Gibson y Sterling, el mundo futuro de Clarke estaba más cerca de la obsolescencia y del blandipulp que del éxito. 2001: una odisea espacial, y la película mucho antes que la novela, que se publicó después del estreno, transformó el imaginario de nuestro futuro. Un futuro tortuga en el que ni la vida inteligente de otros planetas ha hecho aparición, según los deseos de Arthur C. Clarke, ni la tecnología ha conseguido ejercer un control tiránico sobre nuestro modo de vida. No paró de escribir secuelas como 2010, odisea dos, 2061, odisea III o 3001, odisea final, que evidenciaban que tal vez era un escritor de una sola obra. No sé si estaba feliz, pero ya ha conseguido librarse de su condena y volver a casa. F Capilla ardiente de Arthur C. Clarke en la capital de Sri Lanka, Colombo, donde el autor residía desde hace varias décadas REUTERS La NASA agradece a Arthur C. Clarke su carácter de escritor visionario La astronomía y la ciencia ficción se unen en recuerdo del autor, fallecido a los 90 años, tras revisar su último libro y trabajar en la idea de un ascensor espacial EMILI J. BLASCO CORRESPONSAL LONDRES. Acababa de celebrar su 90 cumpleaños formulando el deseo de que le llamaran los extraterrestres para felicitarle. El inglés Arthur C. Clarke murió el martes por la noche, en su retiro de Sri Lanka, con llamadas del mundo de la astronomía y la ciencia ficción, de las que fue un sobresaliente divulgador, a su reconocimiento como uno de los grandes visionarios sobre el futuro de la exploración espacial. El autor de la novela 2001: una odisea espacial, luego llevada al cine por Stanley Kubrick, fue celebrado ayer por la NASA como un dotado escritor de ciencia y de ciencia ficción, un visionario sin par del futuro, inspirador de innumerables jóvenes desde mediados del siglo XX con su esperanzadora visión sobre cómo el viaje espacial transformaría las sociedades, las economías y el género humano mismo Aunque su odisea personal aquí en la tierra ya se ha terminado- -añadió en su agradecimiento la agencia espacial norteamericana- -su visión vive a través de sus escritos Con el fallecimiento de Clarke, de cuyos más de ochenta libros se han vendido veinte millones de ejemplares en todo el mundo, desaparece el último de los tres grandes escritores de ciencia ficción. Isaac Asimov, de origen ruso, murió en 1992, mientras que el norteamericano Robert A. Heinlein lo hizo en 1988. Días antes de su muerte había acabado de revisar el manuscrito de su última novela, The Last Theorem (El último teorema) También había estado trabajando en su idea sobre un ascensor espacial Para Clarke, la edad de oro del espacio no ha hecho más que empezar En los próximos 50 años, miles de personas viajarán a la órbita de la Tierra, luego a la Luna y más allá. El viaje espacial y el turismo espacial serán un día casi tan comunes como volar a exóticos destinos en nuestro propio planeta había dicho recientemente. Clarke falleció a causa de compliaciones respiratorias y cardiacas relacionadas con el síndrome pospolio que le había mantenido en sillas de ruedas durante años. La polio infantil que había padecido le había dejado algunas ligeras minusvalías, que combatía decididamente con su afición por la inmersión submarina. La exploración bajo el agua le llevó a un viaje a Florida en 1953, donde conoció a quien sería su esposa durante diez años, y luego sería uno de los motivos para su emigración a Sri Lanka. En esta isla al sur de la India, Clarke vivió más de 40 años. Allí su casa fue lugar de visita de personalidades apasionadas por el espacio, como su amigo el astrónomo británico Patrick Moore, con quien en la década de 1930 había hecho apuestas sobre cuándo se produciría la llegada del hombre a la Luna. El dijo que el hombre llegaría a la Luna hacia 1970, y yo que sería en 1980; él tenía razón declaró ayer Moore. Precisamente en la celebración de su 90 cumpleaños, el pasado mes de diciembre, había estado en su casa de Sri Lanka el cosmonauta ruso Alexey Leonov, el primer hombre en dar un paseo espacial. Otro de sus vaticinios lo formuló en la década de 1940, asegurando que los satélites artificiales tomarían una parte vital en las comunicaciones. Su referencia a la órbita geoestacionaria llevaría a que ésta fuera denominada órbita Clarke en su honor. El autor de 2001, una odisea espacial acababa de celebrar su cumpleaños formulando el deseo de que le llamaran los extraterrestres para felicitarle