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ABC JUEVES 20 s 3 s 2008 Semana Santa 2008 MADRID 47 Un multitudinario Vía Crucis se convierte en una llamada a seguir los pasos de Cristo Ante la violencia ciega, el odio, el terrorismo; el poder fascinante del amor asegura el cardenal Rouco Varela LAURA DANIELE MADRID. Todo fue plegaria, silencio y recogimiento ayer en la Plaza de Oriente. Miles de madrileños se congregaron para acompañar a Cristo, que recorre con la Cruz a cuesta su camino al Calvario. Una mezcla de desazón, dolor y soledad, propios de quien ha perdido a alguien querido, reinaba entre los asistentes al noveno Vía Crucis diocesano. Estuvo presidido por el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela. Sin embargo, la Cruz es también esperanza, es Cristo que vuelve a morir por todos nosotros para salvarnos del pecado aseguraba Areta, una joven inmigrante brasileña, que llegó a Madrid hace año y medio y fue la encargada de guiar la reflexión de una las catorce estaciones del Vía Crucis. A ella se sumaron, familias, jóvenes, religiosas y niños. Ana y Enrique, con sus nueve hijos, recordaron en la octava estación que con Dios todo se puede ya que Dios es la alegría y la fuerza Jaime, en cambio, reivindicó el protagonismo de los jóvenes en la Iglesia, de los muchos que día a día ponen el hombro, al igual que Cireneo, para aliviar la carga de los demás Pidió una oración por los que participarán este verano junto al Papa en Sydney en la Jornada Mundial de la Juventud y por los otros muchos que participan en la Misión Joven. Cada estación, intercalada con cantos y plegarias, fue una invitación a seguir los pasos de Cristo, a dar la vida por los demás Ante la violencia ciega, el odio, el terrorismo; el poder fascinante del amor insistió el cardenal. La luz de la tarde fue dando paso a la magia de miles de velas para hacer la noche menos oscura, para no dejar solo a Cristo. Cómo no íbamos a venir, hay que acompañar al Señor en un día tan importante aseguraba Rosa, entre los muchos madrileños que anoche aparcaron sus agendas, aunque fuera sólo por un rato, para participar en el Vía Crucis. Tras la última estación, en la que se evoca la sepultura del Hijo de Dios, los cofrades de Jesús de Medinaceli, cargaron con la Cruz del Cristo del Camino, que presidió toda la ceremonia, para ir en procesión hasta las puertas de la Catedral. Por detrás, como uno solo, el pueblo de Dios: el cardenal, los obispos auxiliares, los presbíteros y los fieles. Es Semana Santa, una nueva oportunidad para celebrar con fe y esperanza la Muerte y Resurrección de Cristo, para ser mejores personas, mejores cristianos AL DÍA Ignacio Ruiz Quintano JUEVES SANTO la generación progre que anda por ahí suelta habría que explicarle que el Jueves Santo es lo distinto del Jueves Profano, que sería el que, según Ruano, instituyera su abuelo Miguel, que enloqueció de locura pacífica y pintoresca y murió en sus nieblas en 1884, después de haber vivido sin uso de razón nada menos que veinte años. Fue un hombre muy guapo, rubio y barbado, amén de extremadamente sensible a los encantos femeninos. Sufrió una casi dichosa monomanía de grandezas y una obsesión amorosa, que hubo que procurar atenderle de alguna manera, lo que debió de ser gordo problema en aquel ambiente y aquellos tiempos. Se le recluyó en el Palacio de Hoz, donde un día a la semana, los jueves, se le llevaba en un coche una femme de rue a quien él recibía muy acicalado y ceremonioso, tratándola como a una gran dama, pero sin perder el tiempo, naturalmente. Desde el viernes se pasaba todos los días preguntando a los criados cuándo era jueves. ¡Bien por don Miguel! -exclama Ruano- Me gusta más, talento aparte, ser nieto suyo que, por ejemplo, de Oscar Wilde! El Jueves Santo, en cambio, es cristianamente el día del Amor Fraterno, una obsesión amorosa distinta de la de don Miguel. También es el día del lavatorio de pies- -gesto de humildad, de caridad y de compromiso- porque, bien mirado, y como tiene explicado Pemán, siempre habrá un Pilato que acabará lavándose las manos: Porque la última instancia de la catástrofe, invariablemente, corre a cargo de la debilidad. En el esbozo de eternas fuerzas psicológicas del Evangelio, siempre es la dejación el pecado último de la autoridad. Ni Pilato hubiera por sí condenado a Jesús, ni Herodes Antipas a Juan, el Precursor. El pecado de uno fue escuchar los gritos de la plebe; el del otro, atender los enredos de las mujeres. En toda catástrofe histórica, el último gesto es la relajación de una mano que se cansa y se aburre En Andalucía, el Jueves Santo es el día del derroche de todo lo material ofrecido a lo inmaterial, y los concejales lucen un frac fragante de naftalina que es el frac del Jueves Santo. Es en días como éste cuando Madrid, y sólo Madrid, parece más pobre. A Dar la vida por los demás El cardenal Antonio María Rouco Varela, ayer en la Plaza de Oriente en el transcurso del noveno Vía Crucis diocesano JULIÁN DE DOMINGO César Nombela VERDAD Y SENTIDO S emana Santa madrugadora la de 2008, como si el tiempo se nos adelantara hoy- ¿hay urgencias para el mundo que vivimos? -en la invitación a seguir y meditar los pasos de un Hombre hacia un lugar llama- do Gólgota. Un camino que en pocos días resume, en su entorno, toda la naturaleza de la condición humana, por eso muchos reconocemos al que lo recorrió como el Hombre, con mayúscula. La esperanza de los sencillos que le aclaman cuando creen que llega en triunfo, pero la cobardía de los que no se atreven contra una injusta condena, ejecutada por los agentes de lo políticamente correcto. La entrega y el amor a quienes comparten su intimidad, en la cena a la que todo hombre quisiera ser invitado, pero lo traicionarán en pocas horas, la cobardía de nuevo. La convicción de algunos de que, a veces, alguien tiene que morir, para que nada se altere, aunque quienes lo deciden no se consideren responsables del todo. Desde que surgió la Humanidad, urge proclamar la Verdad, porque existe su opuesto, la mentira. El Hombre al que hoy recuerda gran parte del mundo- -en toda España se hace de forma especial, estadísticas sobre creencias aparte- -así lo proclamó en el momento culminante de su vida: vengo a dar testimonio de la Verdad. Como seres inteligentes tenemos muchas formas de conocer, de descubrir verdades. También de engañar y engañarnos, algunos pretenden incluso que nada es verdad, que todo puede ser relativo. Utilizar el poder para establecer qué es verdad, la gran tentación. Pero, desde hace dos mil años hay un camino abierto para vivir en y por la Verdad. Así lo creemos muchos y lo creyeron otros muchos que nos han precedido. En medio de su limitación el ser humano puede atreverse a mucho más; es una ambición que parece desbordar capacidades, pero en absoluto es irracional abordar ese camino. Un camino pleno de sentido, se llama redención, y lo abrió el Hombre que recorrió ese trayecto hacia el Gólgota, en la mayor soledad, rodeado de una multitud. Verdad, sentido, esperanza, son las palabras que resumen un día que este año llega antes.