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ABC MIÉRCOLES 19- -3- -2008 El plan nacional de cordón umbilical necesitará más de 65 millones de euros 79 Máximos de hielo en el Ártico (2004- 2007) La hora de la verdad y de los satélites Siempre que la NASA llama la atención sobre algo resulta vagamente sospechosa de estar haciéndose publicidad. Ya hay quien conecta el dramatismo de su último diagnóstico sobre los hielos árticos con el anuncio de lanzamiento, en el año 2015, de su satélite ICESat II, una misión específicamente dirigida a estudiar el comportamiento de los glaciares árticos. Teóricamente desde mucho antes, desde 2009, debería estar haciendo más o menos el mismo trabajo el satélite europeo Cryosat 2. En octubre de 2005 fracasó el proyecto de lanzar el primer Cryosat. Tras una profunda revisión de la tecnología implicada, la Agencia Espacial Europea tiene programado un nuevo intento para marzo de 2009, precisamente con el objetivo de afinar lo más posible en la determinación del impacto del efecto invernadero en los polos. cargar con la cruz de la cautela científica y hacer frente a todas las dudas. Empezando por los escepticismos metodológicos: ¿y cómo puede la NASA determinar el grosor y hasta la edad del hielo, si sólo lo ve vía satélite? Los científicos multiplicaron las explicaciones. Dieron detalles de cómo la observación por satélite no se limita al contacto visual, por espectacular que este sea, sino que incorpora las lecturas de señales infrarrojas capaces de atravesar las nubes y tambié el seguimiento del movimiento del hielo a través del océano. Es cómo se mueve, más casi de qué aspecto tiene, lo más revelador de la verdadera naturaleza del hielo. Comiso subrayó que, aunque siempre es difícil interpretar los datos, este año la pérdida de masa gélida es tan severa, tan drástica, que resulta imposible negar la evidencia y mirar hacia otro lado. Es más, el problema se retroalimenta, agravándose a sí mismo una y otra vez: cuando hay menos hielo en verano el Ártico recibe más calor, se calienta más, con lo cual le cuesta más generar más hielo en invierno ¿Y las consecuencias? Ni siquiera los científicos se ponen de acuerdo con absoluta precisión en qué pasaría si de verdad llegaran a fundirse los polos. En el caso del Ártico, más vulnerable por su carencia de base continental, hay quien se ha atrevido a fijar fechas que van del 2080 al 2100. También se da por hecho que el día que eso suceda el nivel de los océanos subirá seis veces más de lo necesario para sumergir Londres o Nueva York. Pero no hace falta, ni mucho menos, llegar a eso para que los efectos negativos, más o menos espectaculares, dejen su traza en el ecosistema. De la robustez de los hielos árticos y antárticos depende el equilibrio y la salinidad de las aguas del planeta y la supervivencia de muchas especies. Además, en el caso del Ártico, no sólo confluyen intereses naturales. Las prioridades encontradas de todos los países que allí tienen territorio han sido particularmente conflictivos desde la guerra fría y sobre todo desde el descubrimiento de codiciados yacimientos energéticos. Todo ello ha frenado la cooperación científica y ha dejado los hielos de nadie a su merced. O, lo que es peor, a la nuestra. Señales infrarrojas Marzo de 2004 Marzo de 2005 manente anomalía. El glaciar se funde no por arriba sino por abajo, va ahuecándose por dentro. Va camino de ser más un escaparate de hielo que verdadero hielo macizo. Meier explicó que a medida que el hielo envejece se hace más espeso. El hielo ligero es el más voluble. El fuerte viento sacude a veces las masas heladas y las expande, ayudándoles a cubrir una extensión que visualmente puede ser casi satisfactoria o por lo menos muy parecida a la del año anterior. Pero en realidad se trata de hielo mucho más delgado, hinchado como una especie de globo. Y firme candidato a fundirse a la primera oportunidad. El riesgo es mucho mayor para el hielo ártico que para el antártico, puesto que geográfica y morfológicamente son como la noche y el día. La Antártida es una gran extensión de tierra helada, un verdadero continente aparte, cercada de océano. El círculo polar ártico es un océano cubierto de hielo rodeado de tierras. Está claro cuál de los dos hielos tiene más base y más posibilidades de aguantar. Mientras Meier calificaba todo esto de dramático y Martin moderaba, a Comiso le tocó FOTOS: NASA ciones del Sur y del Norte, cuando la presión atmosférica se ajusta con los océanos creando corrientes cálidas (el Niño) o frías (la Niña) Por eso la NASA ha decidido dar toda la publicidad y a la vez toda la seriedad posible a sus últimas observaciones climáticas, que muestran un declive veloz y muy alarmante no ya de la cantidad, sino de la calidad de los glaciares árticos. En una teleconferencia internacional celebrada ayer, tres expertos de la NASA explicaron pacientemente, una y otra vez, por qué puede parecer que hay más hielo cuando en realidad hay menos. Seelye Martin, del programa de ciencias criosféricas de la división terrestre de la NASA, Josefino Comiso, del programa de ciencias criosféricas del centro de vuelos espaciales Goddard y Walter Meier, del centro nacional de datos de nieve y hielo de la Universidad de Colorado, insistieron en que los mapas árticos actuales son los de una per- Hielo más voluble Un declive alarmante Marzo de 2006 Marzo de 2007 Más información: http: www. nasa. gov