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ABC MIÉRCOLES 19- -3- -2008 Anthony Minghella, el director de El paciente inglés fallece a los 54 años 73 UNA NUEVA ESTRELLA Andrés Ibáñez E l nombre de Arthur C. Clark aparece unido para siempre a 2001 una odisea en el espacio, la maravillosa película de Kubrick. Se trata de una de esas injusticias a que parece tan aficionada la historia, ya que Kubrick no se basó en una novela de Clark preexistente, sino que elaboró el guión a medias con el escritor. Conociendo su carácter obsesivo y genial, es de suponer que la historia final, junto con muchas de sus turbadoras imágenes, y sus mucho más turbadoras implicaciones filosóficas, es obra de él tanto o más que de Clark. El libro que Arthur C. Clark escribió a continuación es una gran novela de ciencia ficción, pero esa especie de dios o dueño del mundo en que aparece convertido al final David Bowman, parece algo más pequeño, menos místico, menos misterioso, que el ser asombroso que apa- rece al final de la película. El origen de 2001 está, sin embargo, en un breve relato de Arthur C. Clark que trata del descubrimiento hecho en la luna de una construcción (una pirámide de piedra si la memoria no me falla) que evidentemente ha sido ejecutada por seres inteligentes y que parece ser de una antigüedad asombrosa. Este es, por tanto, el punto de partida de la complicada historia final, que trata, de acuerdo con el prólogo de la novela (firmado por Clark y por Kubrick) de la transformación de un ser humano en un ser de carácter divino. Desde el alba de la tierra leemos allí, cien mil millones de seres humanos han transitado sobre la tierra Y cien mil millones resulta ser, casualmente, el número de estrellas que se encuentran en la vía láctea. La implicación es evidente: que el destino de toda vida humana es acabar transformado en una estrella. La imaginación escribió Paracelso, es la estrella en el hombre Para Clark, el hombre no es más que una estrella en potencia. En La ciudad de las estrellas una de sus obra más emblemáticas, desarrolla un tema que hará fortuna en la ciencia ficción: el de un futuro tan lejano en el tiempo que todo recuerdo o vestigio tecnológico han desaparecido de la tierra. En sus series de novelas alrededor de Rama desarrolla un tema que obsesiona hoy a los cosmólogos: que el ser humano es demasiado pequeño y parcial para comprender verdaderamente los misterios del universo. Sea como sea, para mí Arthur C. Clark será para siempre el creador de 2001, una de las historias más importantes jamás escritas, jamás filmadas, jamás contadas. Para todos los niños que a finales de los sesenta vimos por primera vez esa película y nos sentimos sobrecogidos y fascinados, hoy es un día triste, pero también podemos sentirnos alegres, porque sabemos que a partir de esta noche, hay una nueva estrella que brilla en la vía Láctea Sir Arthur con su libro 3001: Odisea final escrito en 1996 REUTERS era espacial, Clarke se unió a la cadena de televisión estadounidense CBS para narrar junto al astronauta Wally Schirra la llegada de la cápsula Apolo a la Luna. El escritor volvería a esa cadena de televisión para informar sobre las misiones Apolo 12 y Apolo 15 años después. Desde 1956, Arthur C. Clarke fijó su residencia en la isla de Sri Lanka debido a su gran interés por la fotografía y la exploración submarina, al margen de la fascinación que le provocaba la cultura india. Un periódico sensacionalista llegó a apuntar que su estancia en Sri Lanka se debía a su pederastia, acusación que luego fue desmentida por la autoridades del país. Todo ello estuvo a punto de echar por tierra su investidura como caballero del Reino Unido, aunque finalmente en 2000 logró ser nombrado Sir. En 2007, y con motivo de su 90 cumpleaños, a Arthur C. Clarke se le preguntó por sus tres deseos. Me gustaría tener más pruebas de vida extraterrestre. Me gustaría dar una patada a nuestra actual adicción al petróleo y que adoptásemos fuentes limpias de energía. No podemos permitir que el carbón y el petróleo cuezan lentamente nuestro planeta. Y me gustaría que en Sri Lanka arraigue una paz duradera tan pronto como sea posible BIBLIOGRAFÍA NOVELAS 2001: Una odisea espacial (1968) 2010: Odisea dos (1982) 2061: Odisea tres (1987) 3001: Odisea final (1996) Cita con Rama (1973) Rama II (1989, con Gentry Lee) Rama revelada (1991, con Gentry Lee) El jardín de Rama (1994, con Gentry Lee) Preludio al espacio (1951) Las arenas de Marte (1951) Islas en el cielo (1952) El fin de la infancia (1953) Claro de Tierra (1955) La ciudad y las estrellas (1956) En las profundidades (1957) Naufragio en el mar selenita (1961) Regreso a Titán (1975) Fuentes del paraíso (1979) Venus Prime (1987) Tras la caída de la noche (1990) (con Gregory Benford) El espectro del Titanic (1990) El mundo es uno (1992) El martillo de Dios (1993) Luz de otros días (2000) (con Stephen Baxter) RELATOS Expedición a la Tierra (1953) Alcanza el mañana (1956) Relatos de diez mundos (1961) La lejana Tierra (1990 LAS TRES LEYES DE CLARKE José Manuel Nieves 2001. Una odisea en el espacio de Kubrick o Cita con Rama que será llevada a la gran pantalla en 2009, se unen a centenares de ensayos y de trabajos de divulgación de gran exactitud y calidad literaria. Su nombre forma parte de un selecto club de científicos- escritores al que pertenecen autores como Carl Sagan o Isaac Asimov. Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia Es la tercera ley de Clarke y la que quizá define mejor su forma de pensar. Décadas antes de que se hicieran realidad, por la mente de este británico de Somerset ya existían transbordadores espaciales, estaciones orbitales, colonias planetarias, supercomputadores y sistemas instantáneos de comunicación. Y, a la vista de esos antecedentes, no sería de extrañar que en el futuro se materialicen, también, el resto de sus ensoñaciones. ¿Por qué no habríamos de encontrarnos alguna vez con un Rama un planetoide artificial construido por una civilización remota y que viaja por el espacio como una gran nave nodriza repleta de recursos, vida y tecnología? Qué inapropiado resulta llamar a este planeta Tierra, cuando está claro que es Oceano escribió Clarke en cierta ocasión. Los mundos que pueblan sus historias no son solo una invención, sino que responden con exactitud a lo que la Ciencia esperaría encontrar más allá de nuestro pequeño rincón del Universo. Sus Cánticos de la lejana Tierra dieron vida, también, a un inolvidable disco de Mike Oldfield. Y su mayor fracaso fue no conseguir, como se proponía, escribir para la revista Wired un relato de ciencia ficción en solo seis palabras. Le salieron diez: God said, Cancel Program Genesis. The universe ceased to exist. (Dios dijo: cancelar el programa Génesis Y el Universo dejó de existir) La primera de sus tres leyes Si tres leyes fueron suficientes para Newton, modestamente decido parar aquí apenas si necesita un comentario. Por sí misma refleja la determinación y la férrea convicción de Clarke en el progreso y en las infinitas posibilidades que el futuro depara al ser humano: Cuando un anciano y distinguido científico afirma que algo es posible, probablemente está en lo correcto. Cuando afirma que algo es imposible, probablemente está equivocado a única manera de descubrir los límites de lo posible es aventurarse hacia lo imposible Es la segunda de las tres leyes que llevan su nombre, formuladas en 1962 y 1973 en diferentes ediciones de su libro Perfiles del futuro Y quizá la que mejor resume la existencia de este científico visionario y escritor empedernido, capaz tanto de anticipar los satélites de órbita geoestacionaria (que en su honor se conoce como órbita Clarke como de cautivar la imaginación de millones de personas en todo el mundo. Lo primero lo hizo en octubre de 1945, siendo aún un especialista de radar al servicio de la Royal Air Force. Lo segundo ha ocupado, sin interrupción, los últimos sesenta años de su vida. Más de medio centenar de títulos, algunos de ellos legendarios, como El centinela que inspiró la inolvidable L