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ABC MIÉRCOLES 19 s 3 s 2008 Tribuna Abierta AGENDA 55 José Antonio Mesa Basán Escritor EL AMIGO DE MI AMIGO EL PAYASO ENGO del circo. Del circo Raluy que es el circo de mi amigo Luis. Circo familiar, conservador de carruajes, intimista, con toda la profundidad de lo auténtico. Una delicia de risas y lágrimas. Luis Raluy ha venido a Madrid al nuevo Teatro Circo Price. Me llamó ayer, a punto de irse. Mañana, domingo, nos vamos, y no te he visto por aquí me dijo. Y me quedé helado al otro lado del teléfono. Estoy seguro de que no le costó esfuerzo llamarme, pues, como todo aquel que no tiene telarañas en la cabeza, no mide si debe ser él el que llama o debe esperar a ser llamado, pero sí apercibí en la llamada un cierto tono de sorpresa: la de no haberme visto por allí. verdad es que vivimos tan prendidos en lo inmediato que, ni siquiera, tenemos tiempo para leer la cartelera. Y mi amigo Luis Raluy y su circo estaban en Madrid y no me había enterado. He estado con Luis. No pude V Estoy seguro de que no le costó esfuerzo llamarme, pues, como todo aquel que no tiene telarañas en la cabeza, no mide si debe ser él el que llama o debe esperar a ser llamado familia, toda su circunstancia vital. Puedo pensar que como, en ese comentario y en ese momento, veía asegurado el futuro, tuvo fuerzas para decirme que él tenía un inicio de esas pequeñas cosas que la edad no perdona, que empezaban a acobardarle para sus números en la pista. Y mas cosas, pero sonaron los timbres y tuvimos que despedirnos. Mellamólaatencióneltem- La verlo antes de la función, pero sí he podido estar con él en el descanso. Vestido de payaso, seguía como siempre. Hablamos de la familia, de los amigos, de la vida del circo, de sus viajes por el mundo. Le comenté la actuación de su nieta, una Raluy de doce años que acababa de ver haciendo piruetas con sus monociclos. Al oírme, sus ojos se iluminaron, pues eso es para Luis la tradición, la blor de su beso, del que me quedó una huella de maquillaje blanco en mi mejilla. Ya a cuatro pasos uno de otro, me dijo: Qué buen artículo publicó sobre nosotros, nuestro amigo Germán, la última vez que estuvimos en Madrid. Lo tengo guardado y lo releo, porque me emociona Efectivamente, el artículo Mi amigo el payaso que así se titulaba, era un buen artículo. Es la mejor medalla que me han podido dar continuo. Y, mira por donde, yo sé que el Circo Raluy tiene muchas: Medalla de Madrid, Bellas Artes... Por mi parte, quedé tocado y como en deuda. Me prometí a mi mismo, venir a casa, encender este artilugio llamado ordenador y teclear lo que saliera. Sin cambiar una coma, -tal vez sea la primera vez que así lo hago, pero así lo estoy haciendo- -y, cuando acabe, enviarlo al periódico. Para saldar una deuda, pero, también, porque he sentido envidia del artículo de mi amigo que ha emocionado a mi amigo Luis, y por eso quiero que le guste y a Luis Raluy le gustará si el mío lo hago sin retoques, fresco, directo, breve e ingenuo, con esa ingenuidad tan olvidada que tenemos todos los que vamos poco al circo y no vemos a payasos como él, que cuando salen de entre cajas se transforman y te transforman, a poco que seas un hombre de bien que añore su mirada de niño. Pues, entonces, yaestá. Fres- co, corto e ingenuo, como el mimo del payaso en la pista. Gracias y gracias, payasos del circo, por estar ahí, en su sitio exacto: el de los hombres de verdad que ennoblecen un entorno. Que sepáis que os beso a todos, para que me dejéis la huella de vuestros polvos blancos. Ana Rosa Carazo Catedrática de Lengua y Literatura Españolas DE GENERACIONES OS estudiantes de mi generación, que terminamos la carrera en los años cincuenta, hemos visto pasar ante nuestros ojos tres generaciones: la de nuestros hijos, la de nuestros nietos y la de nuestros bisnietos. Si hacemos un cálculo aproximado, la segunda generación, la de los hijos, andará ahora entre los cuarenta y los cincuenta años; la tercera entre los veinte y los treinta y tantos, y la cuarta será de infantes- -escasos- -en la primera década de su vida. Como el presidente del Gobierno proclamó sin empacho y sin que se le cayera de la boca su sonrisa, tal el hombre sonriente de Henning Mankell, que la culpa del analfabetismo reinante y del fracaso escolar es de los padres, por la defectuosa formación que recibieron, a los estudiantes de secundaria actuales habría que situarlos como procedentes de la segunda o la tercera a las que acabamos de referirnos; porque la generación Logse, que cuenta más o menos entre veinte y treinta años, no tiene los suficientes para disfrutar de hijos en edad de secundaria. Los padres de la segunda generación, los cincuentones, estudiaron el Bachillerato Unificado y Polivalente, el discutido y aun denostado BUP que, pese a sus defectos y L Pienso con nostalgia en aquellos siete años de gozoso aprendizaje en el que se colocaban las piedras angulares que sostendrían futuros conocimientos fallos, alcanzaba niveles de exigencia que ya hubiéramos querido para la Logse. Pero antes del BUP el plan de 1953 al que se acogieron gran parte de los que hoy cuentan más de cuarenta y seis años, fue un bachillerato aceptable, de seis años y dos reválidas, la de grado elemental, al terminar el 4 curso, y la de grado superior, al concluir el 6 En este segundo ciclo de dos años se podía optar por Ciencias o Letras, y algunos alumnos, pocos, cursaban los dos, uno oficial y otro libre. l implantarse el BUP muchos padres pusieron, y con razón, el grito en el cielo. Los seis años del bachillerato se reducían a tres y un curso de orientación universitaria, el COU, que sustituía al Preu del plan anterior. Además el número de optativas dispersaba y empobrecía la posibilidad de adquirir verdaderos conocimientos, porque el alumno sin interés en el estudio, optaba por aquellas asignaturas en las que se exigía menos y que, generalmente, servían para poco o casi nada. No es extraño que con la llegada de la Logse las esperanzas se vinieran definitivamente abajo, pues la exigencia disminuía al mismo tiempo que los A contenidos y los libros de texto se llenaron de términos altisonantes o absurdos, convirtiéndose a veces en verdaderos galimatías ininteligibles. Los padres de la segunda generación se sentían incapaces de hacer frente a tanta palabrería inútil y a tan manifiesta estupidez. Los que no lograron agarrarse con uñas y dientes al plan anterior se las vieron y se las desearon para sacar algún provecho, con la ayuda propia o de profesores particulares, que salvaran obstáculos y aclararan ideas en los desvalidos adolescentes. Bien es cierto que no todos los padres tenían recursos económicos para acogerse a este remedio y la mayoría de esos estudiantes quedaron inmersos en ese mar de confusión que era la Logse. Pero ¿esta deficiente formación de los padres es, acaso, culpa suya o es del Gobierno que impuso una educación y enseñanza desnortadas y sin metas y objetivos verdaderamente eficaces? s cierto que los tiempos cambian y que la aceleración preside nuestras vidas actualmente. Los siete años de bachillerato y examen de estado de mi generación, la primera de las enumeradas, no serían viables en las circunstancias sociales de la actualidad. Pero pienso con nostalgia en aquellos siete años de gozoso aprendizaje en el que se colocaban las piedras angulares que sos- E tendrían futuros conocimientos: seis años de latín, en los que se llegaba a traducir fragmentos de la Eneida y de Tito Livio; tres de griego, que alcanzaban para entender la Anábasis y algo de los Diálogos platónicos ¡qué lujo! siete años de matemáticas y otros tantos de lengua y de literatura; tres de francés y cuatro de inglés; cinco entre ciencias naturales y física y química; siete de geografía e historia. Y la religión que, bien enseñada, no era solo catecismo sino conocimientos bíblicos, historia de la Iglesia, apologética, moral, ética, que lo internaban a uno en el campo del arte y de la filosofía, desarrollada por su parte como psicología, lógica, ontología, teoría del conocimiento e historia de los sistemas filosóficos. ¿No parecen suficientemente aprovechados los siete años dedicados a aquel magnífico bachillerato? ¿No sería un buen remedio que, así como las modas vuelven, el tiempo circular hiciera regresar el sentido común a los que fraguan los planes de estudio y se retornara a un bachillerato si no tan amplio, algo mayor que el actual de dos años, un bachillerato todo lo técnico y tecnológico que exijan los tiempos, pero en el que los conocimientos humanísticos y científicos ocuparan, si no el lugar preeminente de antaño, al menos un espacio ancho y luminoso desde el que su luz alcanzara a las venideras generaciones?