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68 CULTURAyESPECTÁCULOS MARTES 18 s 3 s 2008 ABC Memoria y modernidad en el Flamenco Festival de Londres JULIO BRAVO LONDRES. Con el cartel de Sold out en las cristaleras del renacido Sadler s Wells Theatre, ¡Viva Jerez! ha echado el telón del Flamenco Festival de Londres, un certamen que empieza a echar raíces en la capital británica. Y precisamente eso, raíces, es lo que ofrece ¡Viva Jerez! un trabajo que lleva la firma de Francisco López director del teatro Villamarta de la localidad gaditana, y que es un recorrido por la memoria y el sentimiento actual del arte flamenco que, en Jerez, habla con un lenguaje propio. El espectáculo, según palabras de López, es un homenaje a los flamencos de Jerez de ayer, de hoy y de siempre, a la ciudad en la que llevo viviendo más de diez años y que tanto me ha dado Ha querido por tanto saldar una deuda con una ciudad que respira flamenco por todos sus poros. Es un espectáculo lleno de aromas nostálgicos, en el que el cante, el toque y el baile se sientan a la mesa, alrededor de un vaso de vino, para celebrar, para añorar, para languidecerse, para estallar en fiesta; en el que se trata de dar carta de naturaleza escénica a ese arte que pisa las calles, los patios y las tabernas. Angelita Gómez, una de las figuras más queridas del flamenco jerezano; María del Mar Moreno y Mercedes Ruiz (magnífica) representan las distintas generaciones del baile- -éste no tiene el protagonismo esperado dentro del espectáculo- siempre respetuoso con la tradición. También desde ese mismo respeto se alza el baile de Rafaela Carrasco, que se presentó el día anterior en el propio Sadler s Wells. Una mirada del flamenco se titula su espectáculo, y la que proyecta la artista sevillana es una de las más interesantes del baile actual. La mirada de Rafaela Carrasco es la de una bailaora que vive en su tiempo, que no renuncia a la contemporaneidad y que busca expresarse con un lenguaje propio, pero que no se olvida de sus ancestros, de toda la tradición que ha aprendido. La suya es siempre una propuesta coherente, muy pensada, inteligente; su danza es elegante, moderna, muy musical... Quizás le falte, únicamente, darse toda la importancia que tiene en un espectáculo que pierde fuelle cuando ella no está en escena; no puede cerrar el espectáculo su compañía; tiene que ser ella la que habite en los compases finales. Alicia Keys, junto a su piano, en un momento de su actuación de anoche en el Palacio de Deportes Alicia en el país de las maravillas Ambiente de gala en el Palacio de Deportes para un concierto de tiros largos que estuvo a la altura de las expectativas, aproximándose tal vez en algunos momentos a la horterada típicamente americana POR PABLO CARRERO FOTO: ÁNGEL DE ANTONIO MADRID. No tiene Alicia Keys ese atractivo punto canalla y macarrilla de esa otra nueva y singular diva del soul, Amy Winehouse, que aspira acaso a destronar a la neoyorquina en esa categoría, ni ese regusto encantadoramente clásico en el sonido de sus discos. Pero Alicia Keys no es tampoco uno de esos personajes con más físico- -voz e imagen- -que talento que acostumbra a lanzar al mercado la industria discográfica de cuando en cuando con resultados comerciales habitualmente mucho más rotundos que los artísticos. Generosamente dotada en lo físico- -voz e imagen- sí, pero también poseedora de un nada desdeñable talento como pianista y compositora; productora y arreglista y dueña igualmente de un apreciable sentido de lo artístico, Alicia Keys es, felizmente, una artista creíble. Además, es una estrella. Vende ingentes cantidades de discos en un momento en el que muy pocos lo hacen y llena los auditorios en los que se presenta en directo por todo el planeta. España no es una excepción, y sus seguidores de por aquí pasan en manada por las cajas de las tiendas de discos y habían agotado también hacía días las entradas para el concierto de presentación de su flamante tercer disco, As I am en el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid. Ambiente de gala, pues, para un concierto igualmente de tiros largos que iba a estar a la altura de las expectativas, aproximándose tal vez en algunos momentos a la horterada típicamente americana y el exceso de edulcorante, pero lo cierto es que manteniéndose casi siempre a este lado del buen gusto, la brillantez y la- -relativa- -originalidad. El primer detalle simpático y de buen gusto fue la entrada en el escenario de la estrella, precedida de un video a lo Granujas a todo ritmo en el que un predicador repasa las virtudes de la chica y le pide que tenga la fe en sí misma para poder convertirse en una estrella. Una vez presentada, Alicia Keys pasa, en un truco simple pero hábil, de la pantalla al escenario y es recibida con la correspondiente ovación de un público dispuesto al baile y la agitación- -más, desde luego, el de la pista que el de los asientos, eso sí- -desde el primer momento. El montaje del escenario es también impactante: elegante, sofisticado y lujoso, pero sin demasiados excesos innecesarios. Dejando la mayor parte de la superficie para la diva y su cuadro de bailarines y saltimbanquis- -que en esto del hip hop no se sabe dónde acaba el baile y dónde empieza la mera acrobacia- en segundo plano se alinean batería, guitarrista, bajista, percusionista, coristas y sección de viento, todos ellos fantásticos y muy especialmente las chicas del coro, que gozan también de su momento de gloria con algún solo digno de una primera figura. En medio, un esbelto piano de cola que entra y sale según la canción de turno requiera o no su presencia. Delante, a un lado, otro piano, esta vez eléctrico, al que también se arrima Alicia una y otra vez. La disposición del escenario, la constante sucesión de vistosos números de baile, la proyección de los correspondientes montajes de video sobre una pantalla gigante encima del escenario y otras maravillas de diversa índole serían casi suficientes para hacer el asunto más que llevadero. Pero es que ella está espléndida. Moderada pero amable en su interacción con el público, entregada pero igualmente medida en la interpretación, Alicia pone sobre la mesa una voz espectacular y un repertorio que, en versiones casi siempre bastante más cortas que las de los discos, se sucede a un ritmo casi vertiginoso. Así, las dos horas de actuación se pasan en un suspiro, y enseguida nos encontramos ante el muy esperado Fallin su éxito más destacable y seguramente también su mejor canción, protagonista de uno de los momentos más intensos del concierto- -otros fueron Tender love a dúo con un vocalista masculino de igualmente poderosa voz, o Woman s Word La cantante pone sobre la mesa una voz espectacular y un repertorio que, en versiones casi siempre bastante más cortas que las de los discos, se sucede a un ritmo casi vertiginoso.