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ABC MARTES 18 s 3 s 2008 INTERNACIONAL 29 Blair se ofreció cuatro veces para entrevistarse en secreto con el IRA Su ex jefe de Gabinete afirma que hubo con Adams más pactos que los anunciados EMILI J. BLASCO CORRESPONSAL LONDRES. Tony Blair quiso reunirse con la cúpula del IRA cuando, a partir de 2001, la negativa de esta organización terrorista a proceder al desarme previsto en los Acuerdos de Viernes Santo de 1998 amenazaba con hacer encallar el proceso de paz. El entonces primer ministro británico llegó a ofrecerse hasta cuatro veces a mantener ese encuentro, que fue desestimado por Gerry Adams, presidente del Sinn Fein, brazo político del IRA, y se supone que también uno de los máximos integrantes del consejo militar del grupo armado. Según explica Jonathan Powell, que fue jefe de gabinete del primer ministro durante los diez años de mandato blairista, Blair estaba convencido de que su poder de persuasión ayudaría a la dirección del IRA a asumir el paso de comenzar su desarme. El ex premier estaba dispuesto a convertirse en el primer mandatario de un país occidental en reunirse con los jefes encapuchados de un grupo terrorista. La iniciativa había sido sugerida por Bill Clinton cuando dejó la Presidencia estadounidense, según los detalles ofrecidos por Powell en su libro Great Hatred, Little Room: Making Peace in Northern Ireland Mucho odio, poco margen: hacer la paz en Irlanda del Norte que ayer comenzó a publicar por capítulos el diario The Guardian El libro se publica cuando se cumplen diez años de los llamados Acuerdos de Viernes Santo de 1998, firmados casi un año después de la llegada de Blair al poder. Entre las revelaciones de Powell, que jugó un importante papel en las comunicaciones entre el Gobierno británico y el movimiento republicano irlandés, está el hecho de que Blair llegó a algún pacto con Adams del que luego no informó a los británicos en sus verdaderos términos. Es el caso de la promesa de liberar a los presos del IRA cuando trascurriera un año de los Acuerdos de Viernes Santo, plazo que ascendió a dos años en la versión pública ofrecida por el primer ministro. Blair llegó a redactar personalmente en 2003, en presencia de Adams, un comunicado del IRA, y Powell escribió regularmente borradores de comunicados del Sinn Fein durante el largo proceso de paz. También según su entonces jefe de gabinete, Blair mantuvo una seria discusión con el Ejército británico cuando éste se negó a retirar torres de vigilancia en el condado de South Armagh, de gran militancia republicana. El jefe del Ejército en Irlanda del Norte había amenazado con dimitir a pesar del acuerdo al que se había llegado en la mesa de negociación. El libro de Powell ambienta varias reuniones entre ambas partes. De la entrevista de Blair y Adams en octubre de 1997, recuerda que el político inglés se adelantó a estrechar la mano de los miembros de la delegación irlandesa y que el líder republicano temblaba ligeramente probablemente por lo histórico del momento. Powell valora como fundamental en el proceso de paz la convicción del Gobierno de que Adams tenía las riendas tanto del Sinn Fein como del IRA y de que, juntamente con Martin McGuinness, podía hacer avanzar a todo el movimiento republicano en los acuerdos que iban asumiendo. A pesar de lo específico del caso norirlandés, Powell asegura que los Gobiernos occidentales deberían negociar con todo tipo de organizaciones terroristas, también con Al Qaida. Por otra parte, la Policía irlandesa dejó ayer en libertad a cuatro periodistas de la BBC que el sábado fueron detenidos mientras se reunían con personas relacionadas con el IRA Auténtico, una escisión del IRA que podría estar preparando un nuevo atentado. Hillary Clinton, cuando se disponía ayer a dar un discurso en Washington sobre la guerra de Irak AFP Generales en campaña Para hacer frente a la supuesta ventaja del republicano John McCain en cuestiones de seguridad nacional, las campañas de Barack Obama y Hillary Clinton se esfuerzan en cosechar y exhibir el respaldo de generales y almirantes jubilados PEDRO RODRÍGUEZ CORRESPONSAL WASHINGTON. Aunque Estados Unidos tiene una tradición bastante ejemplar en las relaciones entre sus poderes políticos y sus Fuerzas Armadas, la campaña presidencial en curso está poniendo a prueba toda esa historia compartimentada. Más que nunca, candidatos como Barack Obama y Hillary Clinton se están dedicando a cosechar y exhibir el respaldo de generales y almirantes jubilados en un esfuerzo por hacer frente a la supuesta ventaja del republicano John McCain en cuestiones de seguridad nacional. Esta ayuda no se limita a firmar una simple declaración escrita o prestar su nombre y rango a una lista de endosos distinguidos, sino que incluye funciones electorales cada vez más activas y visibles, lo que no deja de crear una situación incómoda para el Pentágono. Oficiales en activo reconocen que sus compañeros en la reserva tienen total libertad partidista pero también temen que esas actividades puedan llegar a tener implicaciones no deseadas de politización. Aunque estos respaldos no son una táctica nueva en las campañas presidenciales, la situación resulta especialmente notoria este año para los aspirantes del Partido Demócrata a la Casa Blanca. Hasta el punto de que el endoso de un líder militar casi se ha convertido en algo más valioso que el respaldo de un gobernador o un senador. Con el agravante de que Obama o Hillary carecen de experiencia militar y van a enfrentarse a un héroe condecorado de Vietnam como candidato republicano. M. Shalikashvili- -y al general Wesley K. Clark, comandante supremo aliado que lideró la guerra de Kosovo y ex candidato presidencial. Todas estas maniobras militares han coincidido con la polémica dimisión del almirante William Fallon, encargado de supervisar las guerras en Irak y Afganistán pero en supuesto desacuerdo con la estricta política de la Casa Blanca hacia Irán. Para Obama, la pérdida de ese almirante forma parte de las negligencias de la Administración Bush en materia militar: Bajo este gobierno demasiadas veces hemos visto que el control civil sobre las Fuerzas Armadas se ha traducido en la expectativa de que los militares en activo serán castigados si dicen al presidente lo que ellos creen que él debe saber, en lugar de lo que él quiere escuchar Un antes y después en este fenómeno podría encontrarse en la primera campaña presidencial de Bill Clinton, cuando el entonces gobernador de Arkansas anunció a bombo y platillo el respaldo del jubilado almirante William Crowe, jefe del Estado Mayor Conjunto durante la Administración Reagan. Ayuda entusiasta que fue recompensada posteriormente con el nombramiento de Crowe como embajador de Estados Unidos en Gran Bretaña. Dos docenas de altos mandos militares retirados también dieron la nota en 2006 al criticar la gestión de la guerra de Irak por parte de la Administración Bush, exigiendo la dimisión de Donald Rumsfeld. Algunos de ellos han prolongado su activismo con el ciclo electoral en curso. Un interlocutor claro Maniobras militares El libro- revelación de Jonathan Powell se publica cuando se cumplen diez años de los acuerdos de paz Más que nunca Dentro de estos esfuerzos, la campaña de Barack Obama organizó la semana pasada un comentado montaje en Chicago donde el candidato apareció rodeado por nueve generales y almirantes en la reserva para ilustrar que ha pasado el umbral necesario para convertirse en comandante en jefe. Acto en el que tomó la palabra el general Merrill McPeak, ex jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea, alabando al senador por Illinois por haberse opuesto desde un principio al uso de la fuerza en Irak. Hillary Clinton, no se ha quedado atrás en este frente militar, y ha cultivado su propio cuadro de respaldos castrenses, encabezado por los ahora jubilados responsables militares del Pentágono durante el gobierno de su esposo. La lista con treinta nombres incluye dos jefes del Estado Mayor Conjunto- -Hugh Shelton y John