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ABC MARTES 18 s 3 s 2008 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA GENTISMO ARÍS bien podía valer una misa, pero habría que ver si vale una boda. A Sarkozy la suya, el turborromance con Carla Bruni, le ha costado, de momento, no sólo París, sino también Toulouse, Montpellier, Amiens, Pau, Caen, Estrasburgo y Lyon, amén de un severo voto de castigo en toda Francia, que podría ser un voto de la envidia si no mediase el arrogante exhibicionismo con que el pequeño Napoleón se ha comportado como si fuese una estrella de cine o un futbolista metrosexual de moda. La política exige una cierta regla de modestia incluso para los superdotados, porque a los ciudadanos les gusta que sus gobernantes se les parezcan y, aunque IGNACIO saben que se trata de una CAMACHO casta de privilegio, detestan que se lo recuerden con modos tan soberbios como los que ha mostrado el dirigente más esperanzador de los últimos años en Europa. La lección de las municipales francesas es que nadie está por encima del bien y del mal, sobre todo del bien, y que hasta un tipo tan chulo como Sarkomán ha de medir un poco el alcance de su gestualidad cesárea. Los politólogos que llevan meses tratando de descifrar el fenómeno Sarkozy han acuñado para definir su estilo el término de gentismo que vendría a ser una especie de moderno populismo atento a las microtendencias sociales, un poco a la manera de Obama o Zapatero pero en el otro lado del arco ideológico, y con bastante más consistencia. Sarko no es propiamente un gaullista, ni un liberal, sino un líder capaz de detectar las demandas que laten en el magma en movimiento de la gente, cuya sensibilidad parecía auscultar con un preciso fonendo demoscópico hasta que la respiración entrecortada de la Bruni se le coló en la sonda y lo dejó traspuesto. A partir de ahí perdió pie y se ha enredado en un marasmo de autocomplacencia, incapaz de advertir que el precio de la gloria consiste en cortarse siquiera un poco. O al menos el precio del liderazgo; para gloria, pensará él, ya tiene la de Carla. Esta factura amarga que le han pasado sus conciudadanos apenas diez meses después de ceñirle entre aclamaciones los laureles del César puede servir, ojalá, de toque de atención para que Sarko vuelva a ser el deslumbrante y carismático demiurgo reformista que había irrumpido en la escena europea con una pujanza inédita. Pero para ello es menester que se olvide un poco de la dolce vita y recuerde que no lo han elegido para hacer turismo internacional del brazo de una belleza, sino para encarnar un ideal regeneracionista que transmitía con la pasión de un iluminado y la tenacidad de un pragmático. Ése, y no el que llama gilipollas a un ciudadano o el que se va a las Pirámides con su flamante conquista vestido de coronel Tapiocca, era el Sarkozy seductor que encandiló a media Europa: el de los discursos inflamados de esperanza- -aunque se los tuneara Henri Guaino, gurú de pluma profunda y fascinante- -y la promesa de un cambio sin trucos ni trampas. Y lo podrá volver a ser en la medida en que entienda que lo eligieron porque con su apasionada determinación logró seducir, no a una chica, sino a un pueblo. P LISTAS ABIERTAS CUANDO RAJOY TOME CARRERA AJOY ha desembrollado la pista de despegue y ahora sólo falta saber con qué personal de vuelo va a contar para aterrizar en la plataforma del Congreso del PP en junio. Es la vieja fórmula francesa: Reculer pour mieux sauter Uno recula para poder dar un mejor salto. Para los historiadores de la política queda por saber por qué razones no completó el despegue en los cuatro años que ha estado en la oposición. No sabemos si el personal de vuelo había sido de su completa elección. Ahora parece que está tomando carrerilla para ejercer el liderato del PP sin hipotecas, en la medida en que las adhesiones recibidas sean gratuitas. Desde luego las ideas importan, y al PP le sería útil perfilarlas y darles articulación- -por mucho que las tenga de mayor calado que el PSOE- pero también cuentan las emociones. Es lo comprobado en estas últimas elecciones. Rajoy maneja unas convicciones que se afirman sin truculencia pero tanto Zapatero como algún sector montaraz del PP han logrado que se le vea en negativo. Los electorados de Cataluña y el País Vasco lo han percibido incluso peor. Se implica un factor emocional que seguramente repele a un hombre con senVALENTÍ tido del pudor como es Rajoy. En tiempos PUIG de instantaneidad mediática, sin embargo, ningún político puedequedarseal margen dela emocionalidad del voto. Psicólogo y asesor del partido demócrata norteamericano, el profesor Drew Westen argumenta en El cerebro político que para instrumentar políticas es fundamental el mercado delas ideas pero el mercado querealmenteimporta electoralmente es el mercado de las emociones. En la política como ejercicio de racionalidad las ideas son primordiales pero ocurre que cuando razón y emoción colisionan, la emoción coge delantera. Al observar el escaneo cerebral de grupos de votantes, el profesor Westen llega a la conclusión de que frente a informaciones como la credibilidad de los candidatos o la solidez de sus declaraciones, el cerebro del elector negocia entre datos y deseos. En general, queremos confirmar que las cosas eran como las deseábamos. R Para quien previamente tomó partido, sucede no pocas veces que busque razones para sostener falsas conclusiones: en esecaso, no sólo desconecta los circuitos neuronales implicados en emociones negativas, sino queactiva los circuitos referentes a la emoción positiva. La deducción es que el cerebro político es un cerebro emocional. Para no ser tan taxativos, digamos que es así en muchos aspectos. Por eso cuentan tanto los rostros, las imágenes, el lenguaje corporal y el factor humano, por mucho que lo sepamos mediatizado. Incluso temas de tanta sustancia como la economía o la seguridad pasan a segundo término si el candidato logra que la gente se identifique con él. Algo falló con Rajoy al no lograr introducir de forma sugestiva y emocional dos asuntos de tanta envergadura como la inmigración y la crisis de la enseñanza en España. Su racionalidad parecía la más acertada a la vista dela experiencia tanto española como de otros países, pero fueron mensajes que quedaron en el alero de la derrota, aunque quizás indujeron al incremento de votos del PP En general, la tesis de Drew Westen tiene mucho que ver con la Unión Europea, un experimento institucional que en sus mejores momentos muestra una adecuada racionalidad y luego cae en excesos de racionalismo. Así resulta luego que un paradigma- -o pseudoparadigma, para qué engañarnos- -de ese racionalismo como fue el Tratado Constitucional topó con la resistencia emocional y no tan solo en los referéndums de Francia y Holanda. Claro está que hay malos recuerdos del emocionalismo histérico que era parte de la política de masas en los años treinta, pero es un error confundirlo con la vivencia política actual a ambos lados del Atlántico. Puestos a optimizar, la candidatura más fructífera es la que combina pensamiento y emoción, lo cual viene a decir que será la más creíble. Puestos a ser realistas, una dosis de emoción por encima de lo puramente racional no es poca ventaja. Vale una anécdota atribuida a Adlai Stevenson. Después de uno de sus mejores discursos en campaña electoral, una dama entusiasmada le dijo: Toda persona que piense le va a votar Respuesta de Stevenson: Señora, eso no basta. Yo necesito una mayoría vpuig abc. es