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74 CIENCIA FUTUROsMEDIO AMBIENTE y www. abc. es cienciayfuturo LUNES 17- -3- -2008 ABC Tras el rastro del oso pardo El proyecto de control fotográfico de fauna silvestre en la cordillera Cantábrica revela algunas de las amenazas que se ciernen sobre el oso, en peligro de extinción y del que sólo quedan un centenar de ejemplares POR ARACELI ACOSTA MADRID. Lo normal es que no se les vea, son como fantasmas dice Alfonso Hartasánchez, coordinador del proyecto de control fotográfico de la población de oso pardo del Cantábrico. Sin embargo, lo que el ojo humano rara vez llega a ver, sí lo capta el objetivo de la cámara. Por eso, en el año 1998 se inició el proyecto de control fotográfico del oso pardo, con el objetivo último de hacer un seguimiento de su población y de sus hábitos de vida. Algunas de esas imágenes- -hasta la fecha se han obtenido más de 10.000 fotografías- -pueden verse en Madrid en una exposición en La Casa Encendida, de la Obra Social Caja Madrid. Pero lo importante de estas instantáneas no es su belleza estética, pues han sido obtenidas en las peores condiciones posibles, sino el uso que se les pueda dar desde el punto de vista de la conservación dice Clara Casanova, técnico de este proyecto en Fapas (Fondo para la protección de los Animales Salvajes) Un documento valiosísimo sobre la vida del mayor habitante de nuestros bosques, del que el ser humano ha conseguido que queden apenas un centenar. Una situación que motivó que en el año 1985 se pusiera en marcha el proyecto Oso, del que Alfonso Hartasánchez es uno de sus impulsores. Una época en que iniciar un programa de estas características era ponerse en contra a todos los habitantes de las zonas oseras porque al oso se le consideraba una fiera, casi como ocurre con el lobo explica Hartasánchez. Yo me marché a vivir a Somiedo, porque entendí que había que conectar con la gente y ver qué problemas les causaba el oso añade. Unos problemas que pasaban por los ataques al ganado, a maizales y a colmenas, agravados por el hecho de que estos daños no se pagaban. Por tanto, lo primero que había que hacer para lavar la imagen del oso era que sus daños se pagaran bien y rápido y diferenciarlos de los que provocan los lobos Y las cifras hablaron por sí solas: 40 casos de daños anuales para el oso frente a 1.500 del lobo. Esto, y el dinero, hicieron que empezara a producirse ese cambio de mentalidad en los habitantes de las zonas oseras, y también en las Administraciones, que han pasado de no apostar por su conservación, al entender que se trataba de una especie problemática, a hacer de este animal un símbolo para atraer al visitante y un patrimonio natural de los asturianos. Pero aún así el oso sigue enfrentándose a muchas amenazas en la cordillera Cantábrica. Y son precisamente las fotografías las que han puesto nombre y apellidos a algunos de esos peligros. Imágenes de osos mutilados o con cortes y marcas profundas indican que en la zona aún hay prácticas de furtivismo. Los lazos pueden ser de acero- -los más comunes- cuerda o plástico, y tienen un doble objetivo: proteger los cultivos y prados de los destrozos de jabalíes y corzos y la obtención de carne y trofeos de estos mismos animales. Sin embargo, en las más de las ocasiones, los trofeos acaban siendo también de perros y zorros y, en el peor de los casos, de osos pardos del Cantábrico, especie amenazada con la extinción. Sólo quedan entre 80 y 100 ejemplares de oso en la población occidental- -que se extiende por Asturias, Castilla y León y Galicia, desde los Ancares de Lugo, por el oeste, hasta el Puerto de Pajares, por el este- -y entre 25 y 30 en la oriental, que se extiende desde Campoo de Suso (Cantabria) al este, hasta el Puerto de Vegarada (Asturias) por el oeste. Este número tan escaso constituye por sí mismo un peligro para la especie, pues hace que la extinción pueda producirse simplemente por azar. Contra este peligro no se puede luchar, pero sí contra otros más acuciantes con los que el oso pardo se enfrenta ca- La amenaza del trampeo ilegal Rascándose en los troncos, los osos realizan un marcaje de presencia EL CAZADOR CAZADO Lavar su imagen En esta imagen del año 2000, la cámara trampa para los osos captó a un furtivo En el año 2000, cuando Alfonso Hartasánchez reveló los carretes de fotos de sus últimas salidas al campo se encontró con una sorpresa. Donde debía aparecer algún oso rascándose contra el tronco del árbol, o algún otro animal que se acercara y pisara el pedal que dispara el dispositivo automático de la cámara, había un cazador escopeta en mano. Una imagen que no tendría nada de particular si no fuera porque en la zona en que se tomó la fotografía está prohibida la caza. El cazador, cazado. No ha sido el único furtivo que ha sido captado por el objetivo indiscreto de las cámaras que Hartasánchez y su equipo colocan en muchos puntos del valle de Somiedo. Los turistas también han sido objeto de estos reportajes de naturaleza. Clara Casanova, técnico del proyecto de Fapas, explica que se les ha pillado en zonas de uso restringido. Precisamente, esas zonas se han delimitado, por ejemplo, para evitar molestias a osas con crías, que son muy sensibles a esas perturbaciones humanas, pero la presencia del hombre puede hacer que los osos se desplacen de esas zonas en principio seguras a otras que lo son menos y donde a lo mejor hay una batida de jabalíes Por tanto, lo que a primera vista es el despiste de un grupo de turistas, o la sensación de aventura que a algunos aporta el hecho de meterse en zonas prohibidas, puede convertirse en un camino sin regreso para el oso.