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ABC LUNES 17 s 3 s 2008 CULTURAyESPECTÁCULOS 69 Un libro rescata la prehistoria He aprendido a desarollar la visión de de Alberto Schommer Primera época reúne fotos familiares transformadas por el tiempo junto con los primeros trabajos de un gran artista TULIO DEMICHELI MADRID. Alberto Schommer es uno de los grandes fotógrafos del siglo XX. ¿Quién no recuerda Los retratos psicológicos que eran una cita dominical obligada en ABC durante los primeros años 70? Pues bien, hasta ahora el artista no había escarbado en sus archivos para recuperar sus primeros pasos e, incluso, su prehistoria Por fin lo ha hecho y aquí está Primera época (Laia Libros) un volumen presentado por el escultor y académico Julio López Hernández, el periodista Vicente Verdú, el director artístico de PhotoEspaña, Alejandro Castellote, y el ex director del Prado y crítico de arte Francisco Calvo Serraller, libro en el que Alberto Schommer (Vitoria, 1928) recoge sus escarceos juveniles cuando soñaba con ser pintor. La primera serie de fotografías no son suyas, son viejas fotos familiares- -confiesa el fotógrafo a ABC- -que aparecieron cuando empecé a mirar en el archivo para rescatar material y me encontré con una barbaridad de trabajos. Entre ellos, había algunos originales que eran fotografías muy antiguas, pertenecientes a la familia de mi padre, que vivía en Alemania, y que fueron realizadas a finales del siglo XIX y principios del XX, entre 1880 y 1910; y otras posteriores, que iban de 1925 a 1928, año en que nací, y a las que se añade una foto de mi primera comunión, en 1937. Los negativos de algunas de estas fotografías habían sufrido un cambio de coloración debido a la acción el tiempo, que les aporta su impronta y así las he dejado Aquella afición había surgido sola. Yo le cogí a mi padre una máquina de fotos cochambrosa pero que tenía un objetivo muy bueno, era una Leika, salía a la calle y hacía lo que a mí me parecía sin saber nada de fotografía. Luego, mi padre, que quería que hiciese algo más serio que pintar, porque entonces parecía que si uno se dedicaba a la pintura no iba a vivir bien, me compró una Rollei, que era una maravilla. No era la ideal para hacer reportaje en la calle, aunque tenía un estupendo objetivo de 50 mm y 3,5 de diafragma- -ideal para estudio- pero yo lo hacía. Además, usaba aquellos fabulosos negativos de 6 x 6 que permiten muy buenas ampliaciones. Hace poco amplié un retrato de Warhol a 1,65 m. En fín, elegía la gente que me gustaba, amigos y amigas, pero también a modelos que me encontraba por ahí, los llevaba al estudio de mi padre, que era fotógrafo, desmontaba las luces y las montaba a mi gusto... Shcommer fue pintor antes de ser fotógrafo y también hacía cortometrajes. Cuando estaba en el cinefórum, un director me mandó La familia del Hombre (libro de la exposición comisariada por Edward Steichen en el MoMA allá por 1955, y que tenía un prólogo de Carl Sandburg) que me interesó aunque no me entusiasmó. Seguidamente Irving Penn (el gran fotógrafo de Vogue) me mandó un libro que era una maravilla y es el que realmente me lanza a la fotografía También conoció a CartierBresson y se marchó a París donde le presentan a los fotógrafos más importantes de la época. Corría 1958 y gracias a mi mujer, que lo conocía, me pongo en contacto con Cristóbal Balenciaga, y me dice: Pero cómo puede ser que no viva en París. Va a trabajar para mi Y entonces empiezo a hacer cosas de moda y también de arquitectura... pero como era hijo único, me tengo que volver a Vitoria. Ya después, voy a Hamburgo a estudiar, y luego va a ir pasando todo lo que ustedes ya conocen, hasta llegar a mis retratos psicológicos que no lo olvidemos, se publicaban en ABC, pues me fichó su director, Luis Calvo. Pero eso ocurría mucho después, ya en 1972, y este libro sólo llega a 1960, aunque por un error, se diga que hasta 1966 concluye. las víctimas Élmer Mendoza s Novelista, autor de Balas de plata premio Tusquets que andaba escondido por ahí, en una granja... a lo mejor era un desecho Y acaban de tener a la Reina del Pacífico que siempre la asimilo a la Reina del Sur de la ficción de Arturo Pérez- Reverte Sus relatos son de una acción trepidante que se desarrolla al tiempo que los personajes hablan y se interrogan porque vamos más al meollo de la historia que contamos, y al desarrollo de los perfiles de los personajes. Y es ahí donde entra esa visión de los perdedores o, mejor, de los sobrevivientes Aunque pudiera ser considerado un hermano menor (por edad) de los escritores de la generación del 68, como el novelista José Agustín (Acapulco, 1944) sin embargo ha desarrollado su carrera literaria al margen del circuito de la capital mexicana. Pero se distancia por su nihilismo y su falta de esperanza, algo que le acerca a otros creadores más recientes, como los colombianos Jorge Franco y Mario Mendoza; o el tándem cinematográfico mexicano Arriaga- González Iñárritu que son, a su vez, sus hermanos menores (por edad) Puede ser eso, pero también que tu visión de las cosas depende de dónde viviste de niño y de joven- -precisa el novelista- cómo era tu casa, tu habitación; qué había fuera, qué escuchabas cuando salías, o cuáles eran los valores familiares que también son los valores de tu barrio y de tu región. Las diferencias surgen de ahí En el caso de José Agustín, que es mi maestro y además mi amigo, uno de los asuntos fuertes era el lenguaje. Romper completamente con la otra generación- -la de Rulfo, Carlos Fuentes o Pacheco- y darle vida a ese lenguaje que estaba muy conectado con los rockers. Para mí, que empecé a publicar en los 80, esa ya no era la principal preocupación, pues la ruptura que ellos hicieron, para nosotros era algo normal: nos movemos en el lenguaje de la calle, como algunos grupos manejan la norma culta. En cuanto a Arriaga e Iñárritu, no es la primera persona que me sitúa con la generación de los 90. Creo que es por el tipo de escritura. Y es que también... ¡yo soy como un niño! se ríe. Es uno de los narradores más interesantes del momento. Literatura directa y sin concesiones que busca en lo más negro de nuestras sociedades las claves para entender al hombre de hoy día T. D. MADRID. El mexicano Élmer Mendoza (Culiacán, 1949) practica una escritura bronca, inmediata, de gran innovación estilística que se aprovecha de otros lenguajes, como el cinematográfico o el de la cultura del rock, para explorar territorios poco habituales en la literatura culta como el del crimen y el narcotráfico, que han producido fenómenos de cultura popular tan interesantes como el del narcorrido He ido aprendiendo a desarrollar la visión de la víctima- -confiesa el novelista a ABC- Somos una sociedad de víctimas en las que las posibilidades de hacer correcciones o de lograr que la vida sea más grata para todo es cada vez es más lejana Hay también un término que me acabo de aprender, y es el de desehcho -prosigue Mendoza- Entre los narcos también hay desechos y cuando desechan a alguien, es al que detiene la policía inmediatamente. Les sirve a los gobiernos para hacerse propaganda. El año pasado detuvieron en México a un capo importante Nihilismo y falta de esperanza Schommer quiso ser pintor antes que fotógrafo y empezó con una Leika de su padre La bicicleta ALBERTO SCHOMMER Nosotros nos movemos en el lenguaje de la calle como otros manejan la norma culta