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ABC LUNES 17- -3- -2008 Semana Santa 2008 MADRID 47 ve a colocarse el capirote. Esto ahora no espeta un hermano a Miguel Ángel, recordándole que sólo cuando se dé la orden, dentro del templo, se puede llevar a cabo este gesto. Desde aquí dentro, notas qué sale del alma de la gente afirma María del Carmen. Sientes sus emociones, les apoyas en sus esperanzas, y rezas con ellos explica esta nazareno, quien reconoce que el antifaz le sirve para emocionarse sin que nadie pueda verlo. Aunque no debemos realizar un gesto de distensión en ningún momento afirma rotundo Javier. Ellos, los nazarenos, no son los protagonistas, sino simples apoyos de las imágenes afirma en tono serio. Poco antes de incorporarse al pasillo que lleva hasta el altar de la Basílica, con los capataces nerviosos organizando los últimos retoques, varias voces llegan desde una pequeña sala. Es el habitáculo preparado para las damas de mantilla. Magdalena se ufana en retocar la peineta número trece en lo que va de día. Son muchos años de experiencia, pero nunca te quedas tranquila explica. El viento o un movimiento inesperado harían caer la mantilla al suelo, y eso no puede ser porque quitaría protagonismo a las imágenes afirma. Con trajes, medias, guantes, jerseys o camisas oscuros, decenas de mujeres explican sus sentimientos poco antes de escuchar la lista de orden, con la que cada hermano sabe- -pocos minutos antes de la salida- -qué lugar va a ocupar. Los más veteranos, cerca de las imágenes, aunque es un secreto que sólo se desvela poco antes de la procesión. Media hora antes de que esas puertas cedan su protagonismo a la comitiva, dos hermanos se encargan de encender los cirios que iluminarán a la Santísima Virgen y al Santísimo Cristo. Muy del estilo sevillano, los pasos que portan Los Estudiantes reflejan una sobria belleza. El palio del Cristo, de madera en caoba, se encontraba adornado con un monte de claveles rojos, mientras que el de la Virgen, con preciosos varales de plata, protegían la imagen vestida con un imponente manto bordado en oro, de más de 1.200 kilos de peso, y adornado con claveles blancos, algunos en forma de bouqué. Todo estaba dispuesto a la hora fijada, para que hicieran su presencia el Cardenal Antonio María Rouco Varela; y el Nuncio Apostólico, Manuel Monteiro de Castro; y, tras una misa, la devoción y la fe se mostraran con todas sus fuerzas por las calles de Madrid. Apoyar al prójimo JULIAN DE DOMINGO ciar el largo recorrido de más de cuatro horas que les esperaba por delante. Los primerizos no sabían cómo actuar, aunque sus padres intentaban calmarles ajustándoles el costal a la cabeza y recordándoles cómo debían utilizar el suplemento (un pequeño trozo de madera para equilibrar las diferentes estaturas de los cofrades) Tenían los pasos muy aprendidos, y es que son muchas las jornadas que los capataces han dedicado a formar a estos hombres para que todo salga bien. Paso pequeño, a derecha exclamaban mientras situaban las imágenes en posición. Un ¡vámonos! seguido por las tres llamadas rotundas sobre el palio silenció a los más de quinientos hermanos presentes en la Basílica de San Miguel. Era la hora de la verdad, esperada por todos durante dos años, pues en el Domingo de Ramos de 2007, el Señor quiso que el Via Crucis se realizara dentro tal y como recordó el diputado mayor, después de que una granizada sembrara el descontento entre los asistentes, a pocos minutos del inicio de la procesión. Grandes y pequeños, mujeres y hombres, españoles y foráneos... en la Hermandad de Los Estudiantes- -que este año cumple su mayoría de edad- -todos son bien recibidos, aun- Un ¡vámonos! y tres llamadas sobre el palio silenciaron a los 500 hermanos presentes en San Miguel Desde aquí dentro notas qué es lo que sale del alma de la gente explicaba uno de los nazarenos Muy del estilo hispalense, los pasos que portan Los Estudiantes reflejan una sobria belleza CHEMA BARROSO DE SAN BERNARDO Arriba, monseñor Rouco, ayer a su paso procesional por el Palacio Real de Madrid. Abajo, fieles con sus ramos en la procesión de la Borriquilla en la ciudad complutense FERVOR EN LA ALMUDENA Y EN ALCALÁ DE HENARES Monseñor Rouco presidió el paso del Domingo de Ramos por la plaza de Oriente. La Semana Santa alcalaína, declarada de Interés Turístico Regional J. M. C. MADRID. Miles de fieles siguieron ayer con fervor dos procesiones de Domingo de Ramos. La primera fue en Madrid capital y estuvo presidida por el cardenal Rouco Valera, presidente de la Conferencia Episcopal. El paso de las Palmas se inició en la plaza de la Encarnación donde monseñor Rouco bendijo los ramos que portaban los fieles. Después, el cortejo pasó por la plaza de Oriente hasta llegar a la Catedral de la Almudena, donde se celebró una solemne misa que congregó a multitud de devotos. A esta procesión madrileña del Domingo de Ramos acudieron grandes y chicos, familias enteras que, con recogimiento, seguían el paso de las imágenes. El numeroso público ratificó el impulso que en la última década ha tomado la Semana Santa madrileña. Por otro lado, la procesión de la Borriquilla, en Alcalá de Henares, fue seguida por los fieles mientras recorría el centro histórico de la ciudad alcalaína. Emoción ante la talla de Jesús Entrando triunfal en Jesuralén Antes de iniciarse el cortejo, el obispo de Alcalá, monseñor Jesús Catalá, procedió, como es costumbre, a la apertura de las puertas de la Catedral Magistral. La Semana Santa de Alcalá de Henares, que cuenta con ocho cofradías, congrega a más de cien mil personas todos los años y está declarada de Interés Turístico Regional. Los cirios sirven de guía Preparados para la devoción que, eso sí, los universitarios o bachilleres tienen preferencia. En la sala donde se preparan los integrantes de los tramos de respeto, lo más duro es aguantar la presión de la faja que se enrolla alrededor del costado. Uniformes negros para quienes tengan que abrir paso al Santísimo Cristo; bermellones para los seguidores de la Virgen Inmaculada. Un poco más adelante, tras un angosto pasillo que une la Basílica con una pequeña capilla, decenas de nazarenos disponen sus túnicas correctamente. Alguno incluso se atre-