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ABC LUNES 17 s 3 s 2008 OPINIÓN 3 LA TERCERA LA COALICIÓN DE CIRCUNSTANCIAS PARA EL ACUERDO INSTITUCIONAL Con la coalición de circunstancias tendríamos un Gobierno fuerte, apoyado por la mayoría absoluta de los diputados, en el Congreso, y de los ciudadanos, en la calle. Tendríamos también, con esta clase de coalición, ese poder político capaz de dar la réplica adecuada a los nacionalismos particularistas... AS democracias pluralistas funcionan correctamente cuando los grandes partidos están de acuerdo en la forma de abordar y solucionar los problemas esenciales. La mayoría se impone en ciertos asuntos importantes, en la orientación global de la acción política; pero la mayoría no debe en solitario hacer valer su poderío para decidir el modo fundamental de ser y de convivir. Ha tenido consecuencias perniciosas, singularmente en la historia de Europa, la doctrina de Rousseau que otorgaba a la mayoría la representación de la voluntad nacional. Determinadas dictaduras se apoyaron en esta tesis. Frente a las afirmaciones de Rousseau, debe considerarse al diálogo mayoría- minoría como el auténtico generador de la voluntad nacional. Me apoyo en unas afirmaciones de Hans Kelsen, el inolvidable maestro: La voluntad general- -decía- -formada sobre la base del principio mayoritario no debe ser una decisión dictatorial impuesta por la mayoría a la minoría, sino que ha de resultar de la influencia recíproca que los dos grupos se ejercen mutuamente, del contraste de sus orientaciones políticas antagónicas Y agregaba Kelsen: Ésta es la verdadera significación del principio mayoritario en la democracia auténtica: por ello sería preferible llamarlo principio mayoritario- minoritario ste modo de entender la democracia adquiere especial importancia en el presente momento político español. Las elecciones han colocado destacados a los dos grandes partidos. Parece aconsejable un entendimiento entre ellos, un acuerdo institucional, cada uno desde la posición obtenida en las urnas: uno, primero, el otro, segundo. Vuelve a recordarse la necesidad del consenso. Insisto ahora en lo que tengo escrito en otro lugar y en otros momentos. Ahora también han de tenerse en cuenta las denominadas coaliciones de circunstancias Pero, ¿qué significa alcanzar un consenso? ¿Excluye el consenso la posibilidad de que cada partido defienda sus opiniones? A los que hemos pasado gran parte de nuestra vida en un régimen sin discrepancias oficiales, bajo un sistema autoritario que confundía a los oponentes con los enemigos, el consenso nos inquieta y preocupa: ¿sería, acaso, volver al pasado de la unanimidad, o de dar preferencia a lo que ahora se difunde como lo políticamente correcto ¿Habría que silenciar otra vez las voces críticas? El consenso- -rectamente interpretado- -deja libre las opiniones. Me refiero, claro es, L a lo que en sociología suele denominarse consenso básico o genérico Puede describirse así: hay ciertas actitudes que están enraizadas en un grupo concreto de modo duradero; actitudes que se dan por supuestas y sólo se adelantan a primer plano en aquellas situaciones en que tales sentimientos básicos resultan de alguna manera amenazados. El antiterrorismo, por ejemplo, es un componente del consenso básico de los españoles. La eliminación de la ETA es un sentimiento generalizado. obre el consenso, y apoyándonos en él, aparecen en las democracias las opiniones de los diferentes partidos. No hay por qué prestar conformidad a todos los programas de un Gobierno. La opinión de la minoría discrepante proporciona fuerza a la voluntad general. El reconocimiento de las minorías evita la tiranía de la mayoría, tantas veces lamentada en el siglo XX europeo. Volvamos a recordar a Kelsen: Una dictadura de la mayoría sobre la minoría no es posible a la larga por el solo hecho de que una minoría condenada a la impotencia terminará renunciando a su participación Como quiera que el conjunto de los sometidos a las normas se organizan esencialmente en dos grupos, la mayoría y la minoría, se crea la posibilidad de la transacción en la formación de la voluntad colectiva, una vez que esta última ha preparado la integración haciendo obligado el compromiso, único me- S dio a través del cual puede formarse tanto la mayoría como la minoría Son, en suma, dos niveles de concurrencia de pareceres: en la base de la convivencia y acerca de los asuntos esenciales, es necesario el consenso; sobre los asuntos no capitales- -en un plano distinto- -cada partido puede y debe mantener las ideas y las soluciones de su programa. El consenso no excluye la diversidad de opiniones. El consenso básico robustece la democracia. En el horizonte, pues, una coalición de circunstancias para afrontar los graves problemas, en la que cada uno de los partidos conservaría su entidad propia. No hay que inventar, sino limitarse a aplicar la receta empleada por los europeos en momentos de crisis profundas. Con la coalición de circunstancias tendríamos un Gobierno fuerte, apoyado por la mayoría absoluta de los diputados, en el Congreso, y de los ciudadanos, en la calle. Tendríamos también, con esta clase de coalición, ese poder político capaz de dar la réplica adecuada a los nacionalismos particularistas, que perderían sus más eficaces armas de coacción. Con una coalición de circunstancias se conseguirían los acuerdos necesarios para la renovación de las instituciones, sin los actuales retrasos que tanto daño producen. sí como los gabinetes de guerra se forman, en las naciones más desarrolladas cultural y políticamente, con representantes de los partidos principales, ante el inmenso peligro que viene del exterior, la coalición de circunstancias es el gabinete de guerra para las amenazas y riesgos originados en el interior. Y de la misma forma que nadie teme la desfiguración de un partido por entrar en un gabinete de guerra, tampoco debe preocupar la convivencia de los émulos ideológicos en una coalición circunstancial. La mayoría de los votos obtenidos en las urnas electorales proporciona la legitimidad al partido vencedor para orientar la marcha política de los españoles y para resolver, de acuerdo con sus criterios, los problemas capitales. Pero en todos los países hay cuestiones institucionales que han de considerarse y solucionarse mediante el acuerdo de la mayoría y la minoría. Son las coaliciones de circunstancias para el acuerdo institucional. Sólo para eso. Así debe entenderse la voluntad nacional. E A MANUEL JIMÉNEZ DE PARGA de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas