Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO 16 s 3 s 2008 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA ZP Y EL MAL MENOR P EL RECUADRO SENATUS POPULUSQUE ON Karajen no fue un teórico alemán de la ciencia política. De haberlo sido, hubiese formulado la Ley de la Inutilidad de Algunas Instituciones Democráticas. Que diría chispa más o menos así: La dimensión las papeletas de voto es inversamente proporcional a su importancia política Que sería la traslación científica de un refrán castellano que no existe, pero que podía haber acuñado alguien, y quediría: Dimecómo es de grandela papeleta de voto y te diré la mínima importancia que tiene ¿A qué papeleta me refiero? Pues no a la papeleta de la economía que tiene delante de sí el reelegido ZP aunque quiera negar la realidad y demostrar lo contrario. Me refiero a la papeleta del Senado en las elecciones del tal día como hoy hace una semana. Dios mío de mi alma: qué papeletas tan grandes para una cosa tan inútil... He leído por ahí quejas de los votantes sobre lo complicado que era rellenar las opciones elegidas en esa papeleta tamaño sábana (pero sábana de cama de matrimonio) con los cuadratines de las crucecitas, primos hermanos de los del no sé cuántos por ciento para la Iglesia u otros fines sociales en el impreso del crujido de junio con el IRPF. Dicen los quejoANTONIO sos de las papeletas color crema que no BURGOS había forma de doblarlas y meterlas en el sobre y que, una vez logrado tan difícil trabajo manual tras muchas habilidades o el auxilio del manitas de turno, no había manera de introducir tamaño volumen talla XL por la ranura de la urna electoral, y construya usted mismo la historia casi porno que puede levantarse con estos elementos. Lo que no he leído, y me extraña, es comentario alguno sobre el resultado de las elecciones en el Senado. Creo que regalan un fin de semana en Marina Dor, qué guay, a quien sepa de corrido quién ha ganado las elecciones en el Senado. -Será el PSOE, como todo, quehaganado hasta las elecciones de la presidencia de la comunidad de vecinos de mi bloque, que las celebramos el otro día y las ganó uno que trabaja en la Junta de Andalucía gracias a que va por la vi- V da con el carné en la boca... Pues no, frío, frío, como se lequeda a uno el cuerpo cuando ve cómo sube el Índice de Precios al Consumo y lo poco que nos dura un billetede 50 euros, sin que nadie le dé la menor importancia. Las elecciones del Senado las ha ganado el PP que ha sacado 101 senadores, frente a los 89 del PSOE. ¿Y eso para qué sirve? Eso mismo digo yo, choque usted esos cinco... ¿De qué le sirve al hombre ganar el Senado, si aquí lo importante es ganar en Cataluña y en Andalucía, vamos a dejarnos de cuentos? ¿Y cuánto nos cuesta esa inútil victoria que no sirve absolutamente para nada, en una Cámara Alta que le llaman, tan alta como la luna de la canción infantil, que nadie sabe para qué sirve, ni a qué se dedica, ni por qué razón tenemos que mantenerla? Me sorprende que cuando hablan de reformar la Constitución, todo el mundo se refiera a la territorialidad o al tronío de los derechos de sucesión al Trono, que por cierto preocupan muchísimo a aquellos a quienes la Corona les importa un pimiento y querrían suprimirla. Pero nadie pide que suprimamos el Senado. Un senador, en Estados Unidos, es un señor con prestigio, elpelo blanco y un despacho en el Capitolio donde se ocupa de los problemas de su Estado. Un senador, en España, es un mindundi absolutamente desconocido que su partido lo ha puesto ahí de paniaguado. ¿Leechó usted un vistazo completo a la lista de candidatos a senadores por su provincia antes de dedicarse al bolero de Carmelo Larrea, al están clavadas tres cruces en ese monte del olvido que es la papeleta del Senado? Yo se lo eché en mi circunscripción. De toda la lista, ¡sólo conocía a un candidato, y eso porque es el pujante alcalde socialista de un pueblo cercano! Me temo que ni los votantes de su pueblo saben que ha salido elegido senador. ¿Quién sabe cuáles son los senadores elegidos por su provincia? O más simple: qué partido ha ganado el Senado por su provincia. Hoy, que es Domingo de Ramos, llego a la conclusión de que sabemos más y más útil es el Senatus Populusque Romanus del S. P Q. R. de las insignias de las cofradías que el Inutilis Senatus Hispanus. ¡Donde esté un buen Senatus, que se quite esa carísima inutilidad del Senado! OCAS veces se ha vivido en España una semana poselectoral con menos protagonismo de los vencedores. Todo el morbo mediático y la expectativa de la opinión pública ha recaído en el debate interno del PP mientras el Gobierno recién reele, gido provoca un entusiasmo manifiestamente mejorable. Se diría que los ciudadanos han salido de las elecciones como de pagar a Hacienda, unos cabreados por la factura y otros pensando que podría haber sido peor, mas ninguno contento ni transido de alborozo. Zapatero, al que hay que reconocer que no ha esIGNACIO tado en absoluto arroganCAMACHO te, debería meditar siquiera unos minutos sobre esta patente falta de emociones colectivas alrededor de su triunfo; si lo del PP ha sido una derrota, aunque no exactamente un fracaso, lo suyo es una indiscutible victoria, pero no un éxito. El presidente ha ganado porque muchos españoles lo han visto como un mal menor, asustados ante la posibilidad de un triunfo de la derecha. En ese sentido ha funcionado el efecto de los espejos deformantes, en los que la izquierda ha sabido proyectar al PP- -con la colaboración de éste- -para reflejarleunaimagen monstruosa, autoritaria, ensotanada e intolerante. También porque el partido de la oposición ha minusvalorado al presidente, al que consideraban autoliquidado, olvidando que su inconsistencia ideológica esconde a un político extremadamente correoso y difícil de tumbar. Pero la atonía emotiva del triunfo socialista, la ausencia de expectativas ilusionantes en el proyecto zapateril, constituye una palmaria evidencia que da que pensar sobre el futuro. Nunca una victoriahasidotan poco celebrada, ni hagenerado tan perceptible galbana en un cuerpo electoral que parece haberse limitado a cumplimentar un trámite. Esta falta de tensión podría considerarse un saludable síntoma de normalidad democrática si no fuese porque las encuestas- -que por lo general acertaron meses antes el pronóstico, dicho sea a modo de desagravio a sus habituales errores- -detectan hace tiempo una sensible desconfianza hacia un presidente trivial que ha gobernado con manifiesta insolvencia. De algún modo la radiografía social arroja un diagnóstico de fuerte pesimismo, nada alentador ante el desafío de una inminente crisis económica de proporciones inquietantes. Lascifras defacturaciónelectoraldelPSOE (menos incremento devotosy diputadosqueelPPy una peligrosadescompensación territorial de sus apoyos) y el fracaso casi general de sus ministros- candidatos no son datos para tirar cohetes, y esconden un mensaje de aviso para quien quiera verlo sin suficiencia. Zapatero ha ganado porque al finalhainspiradomenos desconfianzaqueRajoy, pero no más entusiasmo ni mayor ilusión. Y con respecto a sus propios soportes ha perdido palpablemente más apoyo, aunque gracias al voto útil nacionalista haya logrado sumar más respaldo ajeno. Con este panorama se puede engañar a sí mismo observando lasuperficie, pero si es honestoyperspicaz entenderá que ha recibido una advertencia. Por su forma de gobernar a partir de ahora sabremos hasta qué punto ha sabido entenderlo.