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ABC SÁBADO 15- -3- -2008 81 ya conduzco. Hago mi vida como antes, con una única diferencia. Soy mucho más feliz que antes Francisco y Rocío Dos cuñados unidos por el mismo hígado Dolores y Pedro Un matrimonio y dos riñones No quería que él pasara por la diálisis A Pedro la enfermedad no le cogió por sopresa. Su herencia genética le regaló una poliquistosis hepato- renal, una enfermedad hereditaria que hace mella en el hígado y, sobre todo, en los riñones. La aparición de un gran número de quistes renales deteriora la función renal hasta hacer necesario un trasplante o vivir atado a la hemodiálisis, el riñón artificial. De los seis hermanos, sólo uno se ha librado de ella. Así que cuando Pedro empezó a tener más problemas sabía lo que le esperaba. Dolores, su mujer, había visto en sus cuñados cómo la hemodiálisis les dejaba sin fuerzas. Ella, más que él, tenía claro, que no quería eso para su marido, ni la espera angustiosa de la lista de espera. Desde el primer momento tuve claro que si mi riñón servía, sería para mi marido. Al principio, no me tomaban en serio La broma dejó de serlo el día en que la función renal de Pedro llegó al límite. Dolores empezó a remover papeles, a llamar por teléfono para organizarlo todo y trasladar el expediente médico de su marido desde Burgos, donde viven, a Madrid. Yo lo organicé todo, pasé por un psiquiatra, por el comité ético del hospital, por el juzgado, por la infinidad de controles médicos... Me hicieron un chequeo como el que le hacen a los astronautas de la NASA. Mi marido, sólo se dejó llevar Cuando los nefrólogos y urólogos le dijeron que era apta para el trasplante y pusieron fecha a la operación se sintió como si me hubiera tocado la lotería Dolores no tuvo tiempo ni para dudas, ni para miedos. Puro coraje, dice que el día del trasplante se subió a la mesa de operaciones de un salto. El cirujano estaba impresionado. Siempre hay riesgos, pero estaba deseando que pasara y no pensé en nada más. Mis dos hijos sí tuvieron miedo. Pero era normal porque tenían el mismo día a sus dos padres metidos en un quirófano El riñón de Dolores se enganchó al cuerpo de Pedro con rapidez. Después, un amago de rechazo que quedó en un susto y más días de hospitalización. Para Dolores y Pedro hoy es el mejor recuerdo. El riñón de su mujer es la mayor expresión de amor. Después de esto, ¿qué le puedo pedir más? Los médicos me dejaron siempre una puerta de escape Por un hijo se da la vida, por tu pareja, probablemente también. ¿Y por un cuñado? A Francisco la enfermedad de Rocío, hermana de su mujer le obligó a formularse esa pregunta. Cuando la cirrosis hepática llegó a una situación terminal después de nueve meses en lista de espera, su propia mujer, su cuñado y él se hicieron las pruebas necesarias para saber quién era compatible. Su mujer quedó descartada porque acababa de tener un bebé, su cuñado también porque tuvo una hepatitis en su infancia y sólo quedó él. El hígado de Francisco era el único válido. Ella era como una hermana para él, quizá como la hermana que se dejó la vida en la carretera años atrás. Entonces no pude hacer nada por ella y ahora tenía la oportunidad de salvar una vida Francisco sabía que era lo correcto, era lo que debía hacer. En su mano estaba que su sobrino creciera con su madre, aunque las dudas no se apartaron de él en ningún momento. Siempre las tuve. No es una decisión fácil, yo también tenía un hijo. Estaba el quirófano, los riesgos... Como a todos los donantes, a Francisco los médicos del Hospital Doce de Octubre que se encargaban del trasplante también le dejaron una salida. Incluso en la mesa de operaciones me dijeron que estaba a tiempo, que podía arrepentirme y pararlo todo. Estaban dispuestos a decir que alguna prueba había salido mal para no hacer el trasplante y no sentirme presionado por la familia. Siempre me dejaron una puerta de escape La recuperación fue complicada y el coco pasa factura apunta. Cualquier problemilla de salud que tengo ahora lo achaco al trasplante y sé que no hay motivos médicos Rocío nunca le presionó, asegura él, Ni le animé ni le desanimé, sólo le pedí que lo tuviera muy claro recuerda Rocío. Me limité a tomar la mano que me brindaban El trasplante no sirvió para unirles más. Intentan que la relación sigue igual que antes y eso significa discutiendo y picándonos igual que antes. Mi familia incluso me dice que he cogido las mismas manías que mi cuñado. ¡Y todo porque tengo parte de su hígado! Fran le donó parte de su hígado a su cuñada Rocío hace cinco años ÁNGEL DE ANTONIO Dolores vive con un solo riñón desde que le dio uno de ellos a Pedro, su marido FÉLIX ORDÓÑEZ madre me ha dado la vida dos veces. Me encuentro genial. Salgo, entro. ya no me siento enferma asegura Ana Belén. Está feliz por ella, por su madre, por su marido... Y, sobre todo, por su pequeña Carlota, porque desde que nació ha conocido a su madre enferma La presión moral sobre los familiares que pueden convertirse en donantes es intensa. Tanto que puede condicio- narse la libertad de decisión, especialmente en condiciones de urgencia. Por eso, los controles, los exámenes psicológicos son exhaustivos. La madre de Ana Belén también tuvo que pasar por la consulta de los psicólogos para preguntarla si estaba decidida. Yo les decía, soy su madre ¡qué dudas voy a tener! Por mi hija doy la vida, cómo no voy a dar un riñón Ahora que todo ha ido bien recuerda el día del trasplante como el momento más bonito de su vida. Ni si quiera cuando nació mi hija fui tan feliz. Ha sido un milagro y creo que ahora la quiero mucho más que antes La recuperación ha sido muy buena para las dos. Antonia todavía se siente cansada- mi médico dice que mi cuerpo se debe acostumbrar a vivir con un riñón- aunque ella sigue haciendo su vida con normalidad. Ha pasado un mes y Más información en: http: www. ont. es.