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ABC SÁBADO 15 s 3 s 2008 Tribuna Abierta AGENDA 55 Luis Peral Guerra Senador por la Comunidad de Madrid MI MEMORIA HISTÓRICA N el mes de mayo de 1977- -en la campaña electoral de las primeras elecciones democráticas tras la Transición- -acompañé a mi tío, y candidato a senador, Juan Carlos Guerra Zunzunegui, a un acto electoral en Villarramiel, localidad de Palencia de la que es originaria una parte de mi familia. Tras el mitin, acudimos al pequeño cementerio donde está enterrado mi abuelo, Juan Bautista Guerra García, al que hoy acompaña mi tía Rosa María, que también estuvo presente aquel día, hace 31 años. Era aquella una espléndida mañana de primavera, con un cielo limpio, azul. En el pequeño cementerio sólo se oía el canto de los pájaros en los altos cipreses que daban sombra a la tumba de mi abuelo y de sus padres. i abuelo murió el 15 de octubre de 1936. Fue una más de las víctimas del enfrentamiento entre españoles que arrasó España en aquellos años terribles. Mi abuelo era entonces diputado al Congreso por Palencia (por la CEDA) y secretario de la Junta del Colegio de Abogados de Madrid. Había sido detenido en los primeros días de la Guerra Civil, en Guecho (Vizcaya) cuando salía de misa acompañado de su hija mayor, que quedó sola en la calle. Tras pasar un tiempo en un barco- prisión en la ría de Bilbao y en la cárcel de Santander fue asesinado, con otras 41 personas (entre ellos ocho religiosos) en el Monte Saja (Cantabria) y enterrado en una cuneta, de donde tiempo después fueron rescatados sus restos. Mi abuela María Luisa quedó viuda con 29 años y cinco hijos pequeños. Mi abuela- -que fue una persona de una profunda religiosidad- -nunca educó a sus hijos en el odio o en el resentimien- E Mi abuela quiso que, primero sus hijos y luego sus nietos, mirasen al futuro y sólo recordasen los horrores del pasado para intentar contribuir, en la medida de sus posibilidades, a que nunca se repitiese el enfrentamiento de los españoles en otra guerra civil Gobierno inspirado por un resentimiento histórico y por un mesianismo radical inconcebibles en el siglo XXI ha puesto en marcha un proceso de revisión de la Memoria Histórica que amenaza dividir de nuevo a los españoles, con una visión sesgada y partidista de aquellos trágicos años que condujeron a la Guerra Civil y al régimen autoritario que la siguió. Las naciones deben asumir su historia, con sus glorias y con sus fracasos y de nada sirve al futuro reescribir el pasado, pretensión especialmente dañina en un país como España donde las leyes educativas socialistas han deteriorado, hasta extremos inconcebibles, los conocimientos históricos de nuestros jóvenes. quella mañana de mayo de 1977, ante la tumba de mi abuelo, sentí que todos los españoles- -y yo también- -teníamos el deber moral de hacer cuanto estuviera en nuestras manos por evitar volver a enfrentarnos y que la muerte, el odio y la humillación arruinasen la vida de tantas familias. A esa obligación moral apeló el Presidente de la República don Manuel Azaña cuando, el 18 de Julio de 1938, encomendó a las generaciones futuras que, si alguna vez se sintiesen dominados por el odio y por la intolerancia, recuerden a los muertos de nuestra Guerra Civil y escuchen su lección, a esos hombres que han caído embravecidos en la batalla luchando magnánimamente por un ideal grandioso y que ahora, abrigados en la tierra materna, ya no tienen odio, ya no tienen rencor, y nos envían, con los destellos de su luz, tranquila y remota como la de una estrella, el mensaje de la Patria eterna que dice a todos sus hijos Paz, Piedad y Perdón Aquel compromiso moral que adquirí en mayo de 1977 sigue vigente para mí y quiero transmitirlo a mis hijos. Esa es mi memoria histórica. A M to, a pesar de que la falta de un padre marcó la infancia de mi madre y de sus hermanos. Mi abuela nunca quiso saber quién había matado a mi abuelo, ni siquiera cuando tuvo noticia de que habían sido detenidos los responsables del crimen. Mi abuela quiso que, primero sus hijos y luego sus nietos, mirasen al futuro y sólo recordasen los horrores del pasado para intentar contribuir, en la medida de sus posibilidades, a que nunca se repitiese el enfrentamiento de los españoles en otra guerra civil. uchísimas familias, en los dos bandos, pueden contar una historia similar de vidas destrozadas, superación del pasado y búsqueda de la reconciliación entre los españoles. Esta voluntad colectiva, muy mayoritaria, fue la que hizo posible la Transición, ese momento ejemplar de nuestra Historia en el que españoles de muy distintas ideologías quisieron expresamente superar sus diferencias y agravios históricos para dar a nuestra Patria un nuevo futuro. Una Tran- sición que dio lugar a la Constitución de 1978, la Constitución de la Concordia, que el pueblo español aprobó, por una inmensa mayoría, en referéndum y que ha dado a España 29 años de progreso económico, movilidad social, solidaridad con los más desfavorecidos y creciente prestigio internacional. n 1977 los españoles acordaron excluir el pasado como arma política, buscar lo mucho que nos une y no permitir jamás que las diferencias ideológicas nos lleven a la exclusión del adversario. Desde 1977 han sido muchas las leyes que, en ese espíritu de reconciliación y justicia, han reconocido derechos y efectuado reparaciones a quienes fueron perjudicados, expoliados y discriminados por sus ideas políticas en los años que siguieron a la Guerra Civil. Y ahora- -más de setenta años después del inicio de la Guerra Civil, que algunos piensan que empezó en Octubre de 1934 con la revolución de Asturias y la proclamación del Estado catalán- -un Presidente del E M Lola Santiago Escritora SOL DE MEDIANOCHE N sol de medianoche alumbra tu caminar. Nadie va contigo. Nadie. Pero la clara distancia que te separa del resto, de los que siguen caminos paralelos, marca tu deambular solitario. Único en su bagaje de sombras a poniente. Sin añorar tu ayer ni tu posible mañana. Pasado disuelto en la marea de tantas soledades que han hecho posible un presente inmarchitable de reciedumbre añeja en sus tonalidades malvas, con esa nota llamada melancolía que se posa en tu frente cada mañana, besándola despacio. U La vida es hermosa en su juego de espejos y ahora te ves en el noble y sereno de la madurez uego llega el cabalgar diario. A lomos de una nube o de un lucero, explorando el inconmensurable espacio. O simplemente a pie. Nada más sencillo que surcar el camino que bordea el mapa de tu vida diaria. Sin inflexiones grandilocuentes, como el agua que apaga tu sed, que brota clara, diáfana, de una roca, allá en un recodo de la montaña que bordeaste un día, cuando ibas a la búsqueda de ti misma. Esa linde no se ha completado aún, pero, ahora, tienes otra forma de abordarla. Y el agua sigue manando inexorable y apagando tu sed L milenaria... El camino se bifurca, corre, baja, se empina, llega por fin al río. Ya está próxima la mar. Y tú sonríes queda. E l futuro es presente. Cada minuto del futuro que llega. Y no esperas grandes distancias. ¿Para qué? La vida te enseñó a saber esperar. Más aún. Te mostró lo descarnado que puede ser el tiempo pasando imperturbable, mas en tromba, y así cuando quieres realmente acordar no ha pasado ni un día ni dos, sino veinte años. Y sabes que pronto, antes de lo que deseas, estarás mirándote a solas en el espejo sin futuro del fin de la vida. Si no lo sabes aceptar una mueca siniestra golpeteará la luna que te acoge, rayándo- la en carcajada feroz. Pero no desesperemos. La vida es hermosa en su juego de espejos y ahora te ves en el noble y sereno de la madurez, madurez en todos los aspectos, y una sonrisa vuelve a alumbrar tu mañana en el cauce dilatado del hoy que te recrea. erenidad e ilusión para afrontar los cambios, los altibajos, las heridas que te infrinja el vivir. Y mucha fuerza para no decaer. Y que luzca eternamente, aún en el más negro de tus días, ese sol de medianoche, no muy fuerte, pero claro y suave, armonioso, en sus tímidos rayos para alumbrar un mañana de esperanza. Tibio y acogedor. Siempre. Cada día. S