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15 3 08 EN PORTADA Schiaparelli Moda y surrealismo (Viene de la página anterior) Datos de interés La exposición Cosas del surrealismo estará abierta en el Museo Guggenheim de Bilbao, de martes a domingo, hasta el 7 de septiembre. Las piezas de Schiaparelli forman parte de las 250 que se exhiben relacionadas con el diseño, el interiorismo, la escena y la moda influidas por este movimiento artístico. Avda. Abandoibarra, 2. Bilbao. Tel. 944359080 www. guggenheim- bilbao. es tenía que ver con el entorno modesto de las otras grandes de la moda. Tanto Madame Vionnet como Chanel como Jeanne Lanvin fueron niñas desgraciadas y jovencitas a las que la vida puso empinados obstáculos. La Schiap se apareció como una china en el zapato de Coco Chanel, que hasta 1933 no había tenido rival. Aunque ahora parezca difícil de creer, Schiap llegó a ser, para disgusto y estupefacción de Chanel, la más famosa diseñadora del mundo. Una innovadora que introdujo las hombreras, las cremalleras, los tejidos sintéticos (el Rodofan, un plástico) la primera en abrir una tienda de prêt à porter la creadora de un color (el rosa shocking, en 1947, la marca de la casa) la que usaba tela de tapicería y rizo de toalla, la que utilizaba botones con forma de cacahuete o de abejorro. La artista italiana que hace ropa la llamaba, despectivamente, la francesa. Chanel era el sentido común. Schiaparelli, la extravagancia. Chanel, la amiga de los cubistas. Schiaparelli, la amiga de los surrealistas. La italiana se había casado en 1914 con el conde William de Wend de Kerlor (nada podía ser sencillo, ni el nombre del marido, que, además, era seguidor del movimiento teosófico de Madame Blavatski) En 1919 se fueron a vivir a Nueva York. Allí, y ese mismo año, tuvo a su hija, Yvonne, más conocida como Gogo (que era la madre de la actriz Marisa Berenson) El conde se la pegó por enésima vez, se divorció, trabajó de guionista y traductora y emigró a París en 1922 más moderna que ninguna, con ese background que incluía su romano y aristocrático sentido de la historia, todas las novedades de la ciudad de los rascacielos y su extraordinario carácter, tan alocado como provocativo. Muy austera- -para variar- Schiaparelli en su taller de París, en 1949 El zapato por montera Una de sus joyas el collar de insectos con materiales De ella se esperaba lo inusual, y no defraudaba. El buen gusto era menos importante que la creatividad. No quería dar a las mujeres estilo y elegancia (ya se les suponían) debían atreverse a ser diferentes, a llamar la atención. Y después de la Gran Depresión se necesitaba excitación. Era el momento de ponerse el zapato por montera. Una de las verdades que salpican sus memorias es lo de que nunca fue tímida a la hora de aparecer en público hecha un cromo (también es verdad que era tan fea que no venía mal desviar la atención) Ya fuera con una cabeza de pantera auténtica como sombrero, con un vestido que simulaba trompe l oeil llevar un pecho al descubierto o con Botines de pelo de mono, que han reaparecido en recientes colecciones una peluca rizada y plateada que el peluquero Antoine le hizo especialmente para esquiar. Fue una de las primeras que se centró en la ropa sportwear e hizo una escandalosa falda pantalón (precursores de los shorts a Lilí Álvarez para Wimbledon en 1931. También diseñó el vestuario para la aviadora Amy Johnson en su vuelo en solitario a Ciudad del Cabo en 1936. Schiaparelli se inventó a sí misma y se hizo inventora de ropa (no sabía coser y se