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4 OPINIÓN SÁBADO 15 s 3 s 2008 ABC DIRECTOR: ÁNGEL EXPÓSITO MORA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: JOSÉ MANUEL VARGAS DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO FISCALÍA L PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer, José Antonio Navas y Pablo Planas Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro ERRÁTICA a oposición de la Fiscalía de la Audiencia Nacional a la querella presentada por la Asociación Dignidad y Justicia contra el Ayuntamiento de Arrigorriaga por mantener la designación de una plaza con el nombre del terrorista José Manuel Beñaran Ordeñana, conocido como Argala ha sido determinante para que el magistrado Santiago Pedraz decida rechazarla y aconseje, siguiendo la opinión del fiscal Ignacio Gordillo, que la cuestión se discuta en la jurisdicción contenciosoadministrativo. Se trata de una actuación del Ministerio Fiscal que sólo produce más confusión sobre los criterios de esta institución, de trayectoria errática, ante los delitos de enaltecimiento del terrorismo, decidiendo su posición en cada caso con preocupante incoherencia y falta de unidad. Los antecedentes lo demuestran. Arnaldo Otegi fue absuelto de homenajear a la terrorista Olaya Castresana gracias a la incomprensible decisión de la Fiscalía de retirar la acusación contra él, pese a que la Audiencia Nacional consideró probado que era autor de este delito. Por su parte, el juez Fernando Grande- Marlaska no pudo sentar en el banquillo a Arnaldo Otegi por su participación en el homenaje al etarra Arkaitz Otazu sencillamente porque el fiscal se opuso, y no había acusación popular que pudiera pedir la apertua de juicio oral. Sin embargo, la Fiscalía sí se querelló contra la alcaldesa de la localidad guipuzcoana de Hernani por pedir en un acto público un aplauso para los dos presuntos terroristas autores del atentado contra la Terminal 4 del aeropuerto madrileño de Barajas. El juez Pedraz archivó esta querella utilizando los mismos argumentos que esgrimió la Fiscalía para evitar la condena de Otegi en el caso Castresana Ahora se da la circunstancia de que Arnaldo Otegi está en prisión cumpliendo condena firme por enaltecer al terrorista Argala en un acto celebrado en el año 2003. Sin embargo, paradójicamente, dedicar una plaza al mismo etarra hoy no es delito. Pero sí lo es lanzar una proclama como la que protagonizó Otegi. Para el ciudadano será muy difícil distinguir los matices que hacen que dos homenajes al mismo terrorista merezcan distinta calificación jurídica, una penal y otra, meramente administrativa. Pero sucede que también desde el punto de vista legal no parece haber fundamento para aplicar varas de medir tan diferentes. El enaltecimiento de terroristas es un acto de ofensa a las víctimas que no exige, como la apología, una inducción directa a la comisión de un delito, bastando por tanto con transmitir un mensaje de elogio, disculpa u homenaje al terrorista. Mientras la exaltación del terrorismo forme parte del día a día en las calles y plazas del País Vasco, será muy difícil deslegitimar socialmente a los terroristas y reponer a las víctimas en la justicia material que merecen. El callejero de la infamia etarra, denunciado por ABC ya en numerosas ocasiones, no puede seguir al margen de la acción de la Justicia. Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera SARKOZY DESCUBRE EL MEDITERRÁNEO ADIE puede negar que la proyección estratégica hacia el sur es un elemento fundamental del futuro de la Unión Europea: todo lo que suceda en el norte de África tiene repercusiones económicas y sociales sobre nuestra seguridad, ya sea directa o indirectamente. El llamado proceso de Barcelona- -también conocido como diálogo euromediterráneo -fue una creación española y ha sido durante más de doce años el principal instrumento de cooperación entre las dos orillas. Desde entonces, Europa ha puesto mucho interés político y no poco dinero en fomentar esa relación, se han sucedido los intercambios de ideas y se han puesto en marcha numerosos proyectos. Sin embargo, ninguno de estos gestos ha servido para avanzar en el proyecto de aproximación entre el norte y el sur del Mediterráneo. Es más, la reunión de 2005- -en la que se quiso celebrar el décimo aniversario de la primera cita de este diálogo euromediterráneo- -se saldó con un verdadero fracaso de participación y de falta de consenso. La idea política de Europa es esencialmente continental, y no es fácil hacer que traspase los grandes espacios marítimos y arraigue en otros escenarios. Las relaciones de carácter vecinal que mantienen los países del sur del Mediterráneo son extraordinariamente complejas y están minadas desde hace muchos años por los efectos colaterales del conflicto palestino- israelí y, desde más recientemente, por la emergencia del integrismo islámico y el terrorismo fundamentalista. Esto explica, en parte, que los resultados del proceso de Barcelona hayan sido prácticamente inexistentes en todos los sentidos. Sin embargo, en la orilla africana, los grandes problemas no han desaparecido: las economías no despegan, la democracia no acaba de implantarse y millones de jóvenes no tienen mayor aspiración que la de cruzar el Mediterráneo y venir a Europa en busca de un futuro mejor. Lo que el presidente francés NicolAs Sarkozy intentaba con su propuesta de Unión para el Mediterráneo era experimentar con una nueva fórmula que involucrase únicamen- N te a los países ribereños, pensando que, tal vez, generaría en torno a este viejo mar un espíritu similar al que animó hace cincuenta años a los padres fundadores de la Unión Europea. Era una utopía: Alemania ha impuesto la sensatez y no ha dejado que Francia, Italia y España provoquen una división estéril en el seno de la Unión a cuenta de una propuesta que- -dicho sea de paso- -ni siquiera conocen formalmente los países del sur. La idea inicial de Sarkozy ha quedado tan aguada que ni siquiera es posible definir y, por ello, se ha encargado a la Comisión que estudie la manera de darle forma antes de la cumbre con la que se pretende inaugurar la presidencia francesa el semestre que viene. El viaje de la idea de Unión por el Mediterráneo ha terminado, así, regresando al punto de partida, que era el proceso de Barcelona, aunque después de una sacudida de la que el principal beneficiado es únicamente el presidente francés, NicolAs Sarkozy, que vuelve a aparecer como uno de los animadores más activos del debate europeo. España- -que es no solamente el impulsor de la idea de diálogo euro- mediterráneo, sino uno de los países más sensibles a las turbulencias que se producen al otro lado del estrecho de Gibraltar- -ha estado siempre a remolque de unos y otros, primero de Sarkozy y sus planes exclusivistas, y luego de la actitud reticente de la canciller Merkel, que finalmente se ha salido con la suya. Puesto que, más o menos, estamos donde estábamos, lo más probable es que lleguemos a los mismos resultados. Por más que nos empeñemos en cambiar de nombre a las cosas, la tozuda realidad se impondrá. Los proyectos de integración entre los países árabes del Mediterráneo no han llegado a nada, hay vecinos que tienen las fronteras cerradas y otros viven en una permanente crisis institucional, por no hablar de la distorsión que representa la falta de reconocimiento diplomático de Israel. Como mucho, en ocasiones ha sido posible ver a una decena de países sentados juntos en la misma mesa que la UE. Pensar en ir más allá sigue siendo un quimera. SANGRE EN EL TÍBET cuatro meses de los Juegos Olímpicos de Pekín, China ha revelado al mundo el rostro que sigue ocultando bajo su máscara de cambio social, progreso económico y apertura política. Ayer, en las calles de la tibetana Lhasa, el régimen comunista confirmó que es una dictadura a la que no le tiembla el pulso cuando tiene que ejercer la fuerza bruta para mantener su autoridad. De hecho, el Gobierno chino está dispuesto a manejar férreamente el timón de los acontecimientos políticos dentro de sus fronteras. Al menos dos muertos y varias decenas de heridos han puesto en evidencia que Pekín sólo practica el diálogo y el entendimiento en los negocios, nunca en la política interna. El pragmatismo confuciano de sus autoridades les permite reconocer la propiedad privada, comprar deuda pública emitida por el Tesoro Federal de los Estados Unidos y facilitar el establecimiento de multinacionales en Shangai o Cantón, pero no les impide ordenar que el Ejército dispare sobre miles de monjes y manifestantes que enarbolan banderas tibetanas. Por eso, mientras en Pekín siguen las obras de unos Juegos Olímpicos que ofrecerán la imagen de una China que aspira a rivalizar con Occidente en el siglo XXI, el caos y la violencia se adueñan de la vida de Lhasa y de las principales ciudades tibetanas, y el país de los Himalayas vuelve a retrotraer su memoria a la ley marcial y los graves incidentes vividos en 1989. A El balance de violencia que deja tras de sí la represión de las manifestaciones que han tenido lugar estos días con ocasión del 49 aniversario de la expulsión del Dalai Lama del país no sólo han dañado seriamente la imagen exterior de China, sino que han agrandado el clima de resentimiento del pueblo tibetano hacia las autoridades chinas y han alejado aún más la hipótesis de una solución dialogada que permita, al menos, un régimen de autonomía plena que salvaguarde la cultura y la composición multiétnica de la región. Ocupado en 1950 por las tropas de Mao, desde entonces el Tíbet ha tratado de mantener en pie su maltrecha singularidad frente a la violenta represión y uniformización ejercida por el régimen comunista. Los intentos de Pekín por erradicar la idiosincrasia tibetana han sido innumerables, todos fallidos. Las denuncias y las presiones internacionales no han servido de mucho hasta el momento, pero eso no significa que la comunidad internacional deba mirar hacia otro lado y permitir que China vulnere impunemente los derechos humanos en el Tíbet. Pekín no renunciará nunca a este territorio, pero es indudable también que tarde o temprano tendrá que cambiar su política en la zona si quiere dar estabilidad a un escenario- -una zona especialmente sensible al ser frontera estratégica con Pakistán y la India- -que resulta vital para su seguridad.