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86 TOROS www. abc. es toros VIERNES 14- -3- -2008 ABC Pasión tomista en casa de Ponce FERIA DE FALLAS Plaza de toros de Valencia. Jueves, 13 de marzo de 2008. Lleno de no hay billetes Corrida de Núñez del Cuvillo- -incluido el 1 bis- variada de hechuras, vareada a veces, astifina y seria por delante; desigual de juego; destacaron el estupendo 4 y el 1 bis; noble el 2 el peor fue el geniudo 6 Vicente Barrera, de grana y oro. Pinchazo y estocada contraria. Aviso (saludos) En el cuarto, estocada fulminante (oreja y petición) José Tomás, de rosa y oro. Pinchazo y estocada corta. Aviso (oreja) En el quinto, estocada atravesada que asoma. Dos avisos (saludos) Tomás Sánchez, de caña y oro con cabos negros. Estocada (leve petición y vuelta al ruedo) En el sexto, estocada tendida. Aviso (ovación de despedida) ZABALA DE LA SERNA VALENCIA. El murmullo de los tendidos, ese runrún de las grandes tardes, se fue transformando, como el sonido de la ola rompiente, en una ovación de gala. ¿Para José Tomás? No, qué va, para Mariano Rajoy, escoltado por su mujer, doña Elvira, la del triste abrazo, Francisco Camps y Rita Barberá. No suele ser habitual ver a las mayores autoridades de Valencia por estas fechas en los toros, que acostumbran reservarse para el día 19, broche de oro y fuego; ni tampoco es normal contemplar en 13 de marzo, fecha fuera de la parte mollar de Fallas, la plaza abarrotada hasta las nayas. Había conseguido J. T. su primer objetivo: la demostración de fuerza de colocar un no hay billetes con semejante cartel. El siguiente logro fue desatar en casa de Enrique Ponce, en su feudo, la pasión tomista. Y eso que José Tomás estuvo simplemente bien, con fases muy buenas, pero sin redondear. Si llega a cuajar una de las faenas que lo han convertido en uno de los grandes mitos de la tauromaquia, la locura no hubiera encontrado freno. La pasión, tan sana y beneficiosa para la Fiesta, pierde su razón cuando, como sucedió, se ovaciona, hasta ponerse los tendidos en pie, que el torero escapase de un desarme corriendo al toro, que le hacía hilo, marcha atrás y con la mano en la testuz, como El Fandi... Hombre, que una cosa es ser de José Tomás y otra perder el oremus. Lo que de verdad mereció que se batieran las palmas acaloradamente fueron momentos de la primera faena, que contu- José Tomás vuela el capote en un quite por gaoneras al quinto toro de Núñez del Cuvillo vo el sucedido antes narrado. La cuestión no adquirió la dimensión y la unidad deseadas. Los estatuarios de prólogo se vieron sorprendidos por una colada por el pitón derecho. Quizá por eso José Tomás planteó pronto la izquierda. Ahí erró. Tres naturales soberbios y ya no terminó de acoplarse nunca porque el toro le reponía; la mano era la diestra, a pesar del sopetón inicial. Y de hecho ya el resto de la obra se desarrolló a derechas. Series, unas más pulidas que otras, tan ligadas como embraguetadas, con el toro de Núñez del Cuvillo embistiendo con nobleza pero sin la calidad exigible, elevaron mucho más una temperatura de por sí elevada. A pies juntos y enfrontilado también extendió el metraje. Y por trincherillas y ayudados por bajo de elegancia sutil se cerró el repertorio tomista. O sea, lo dicho, bien sin romperse la camisa. Pinchazo, estocada corta y oreja en justicia. El quinto, un tacazo de toro, astifinísimo, como toda la corrida de Cuvillo, variada de hechuras, de desigual remate y seria toda por delante, prometía. J. T. de salida no halló el lucimiento a la verónica, como ya le había pasado en el anterior, cuando se plantó en los medios por chicuelinas tras naufragar en los lances de recibo. Heterodoxo planteamiento pero cabal ALBERTO SÁIZ en la ejecución. Pues con este quinto, otra vez en el platillo, se clavó para escalofriar por gaoneras. El runrún regresó. Y creció con los derechazos. Tres ligados, recolocación, y otros tres con el colofón de un colosal pase de pecho. El toro amagaba con aplomarse, pero nadie sospechaba que fuera a caer a plomo: un tirón sobre la izquierda provocó que hundiese los pitones en la arena y se derrumbara, para quedarse ya como un marmolillo. No quedó más que para medios viajes. José Tomás consiguió darle la vuelta a la tortilla, crear un clímax de silencio, entre los pitones, con media muleta y juntas las zapatillas. Hirvió el ambiente. La estocada atravesada y el puntillero tiraron de las bridas del apasionamiento. De Vicente Barrera, a mí lo que más gustó fue su lote, estupendo el cuarto. Se vio, eso sí, lo nunca visto: ¡a un matador de toros pidiéndose la segunda oreja! Una ya valía. Si se compara el número de corridas de Barrera en su trayectoria con el que suma el humilde Tomás Sánchez, se concluye que el que estuvo digno de verdad, más puesto y más torero, fue Sánchez. Y, con la suerte de espaldas, paseó feliz una vuelta al ruedo. www. zabaladelaserna. com Rajoy, que recibió el brindis de Tomás Sánchez, acompañado de su mujer, Rita Barberá y Camps ALBERTO SÁIZ