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80 VIERNES deESTRENO VIERNES 14 s 3 s 2008 ABC Sería un error fatal decir que hubo nazis buenos y nazis malos Stefan Ruzowitzky s Director de Los falsificadores Oscar en lengua no inglesa POR FEDERICO MARÍN BELLÓN MADRID. El Oscar a la mejor película en lengua no inglesa cada vez se parece más al fútbol (al de antes, al menos) juegan cinco, en lugar de once, pero al final siempre gana Alemania. Al igual que La vida de los otros Los falsificadores está inspirada en un caso real. Adolf Burger, autor del libro en el que está inspirada The devil s workshop es además uno de los dos supervivientes de aquellos sucesos y, como es lógico, un personaje fundamental en su adaptación cinematográfica, aunque no el protagonista. La película cuenta el conflicto de un equipo de impresores judíos que vivieron en una jaula de oro a cambio de fabricar libras esterlinas y dólares para los alemanes. teniendo las mejores intenciones. Para mí era muy importante mostrar que las personas que estaban en el campo de concentración no sólo esperan su muerte, sino que también tienen dificultades entre ellas, cometen fallos y se pelean. De alguna manera, también les ayuda a mantenerse. Cuando exhibía la película ante un público judío, tenía la sensación de que esto lo valoraban mucho, sobre todo el hecho de que no todos sean santos, sino que exista esa complejidad. -Imagino que una de sus mayores preocupaciones era cómo contar algo nuevo en un escenario tan utilizado, por desgracia. -Parece que el cine alemán ha encontrado un filón en su historia más o menos reciente. -En principio, quería hacer una película con este tema pero para un público más joven, que ha nacido mucho más tarde y al que ya no le pesa la culpa. Ya no se puede decir yo acuso porque ya no hay nadie a quien acusar. Al mismo tiempo, quería hacer una película interesante, que tuviera su tensión y que emocionalmente aportara algo. -Sí, quería hacer una película que no fuera simplemente una clase de historia, sino que de verdad proponga y confronte preguntas universales. Era muy importante mostrar situaciones en las que no hay una solución absoluta, en las que los protagonistas buscan diferentes formas de defenderse. He intentado dar a cada uno una motivación, porque no hay una única verdad, sino que cada uno tiene la suya y todas valen. -Quizá el secreto sea la ambigüedad moral del protagonista, que no es el típico héroe. Recuerda al William Holden de Traidor en el infierno de Billy Wilder. Karl Markovics, delante de una de sus obras en una escena de la película público estaría mucho más de su parte, porque es guapo e idealista y contrasta con el protagonista, un vividor y un delincuente, un falsificador sin principios. Incluso corté escenas en las que mostraba los lados oscuros de Burger- -el autor del libro- pero parece que todos nos identificamos mucho mejor con Sorowitsch- -el protagonista- que simplemente intenta seguir adelante, buscar su camino. En cambio, todos conocemos en nuestras vidas a radicales que creen tener todas las respuestas. Y no nos gustan tanto. Cuando estrenamos la película en Nueva York, conocí a una pareja mayor de emigrantes cubanos que reconocieron a Burger al instante. Su rigidez, su carácter, aferrado a unos ideales por los que está dispuesto a morir y a que mueran otros... -Sin embargo, el personaje del mártir, tan íntegro, no cae simpático. Usted no lo trata con cariño. -En un principio pensé que el -Sus películas suelen hablar de idealismo trucando. Un campo de concentración es el sitio perfecto para desarrollar esta idea. -Usted es austriaco y conoce la influencia que todavía tienen los partidos neonazis en su país. ¿No supone algunos riesgos ese nuevo punto de vista? -Lo que ha emprendido es un camino intermedio, en el que se pueden contar estas historias, con temas complicados, pero de forma que llegue al público. Son películas que no están sobrecargadas y tienen interés. Antes sólo se hacían comedias que no decían nada o dramas muy serios que no encontraban público. Ahora hay películas como La vida de los otros que logran entretener. Los falsificadores Alemania 2007 80 minutos Género- -Drama Director- -Stefan Ruzowitzky Actores- -Karl Markovics, August Diehl, Devid Striesow Gran dilema algo falto de emoción F. M. B. A Stefan Ruzowitzky le bastan 80 minutos para contar la mayor estafa de la historia En plena decadencia nazi, sus jerarcas ponen en marcha la Operación Bernhard dirigida a financiar la guerra y, de paso, hundir las economías aliadas mediante el nada original pero muy rentable método de fabricar dólares y libras esterlinas a granel. El director austriado tiene en sus manos -Cuando un alemán o un austriaco se mete con un tema como el Holocausto siempre hay riesgos y existen probabilidades de hacer algo mal, incluso dos ases: el personaje del genio falsificador, un prestidigitador que si necesita dinero sólo tiene que darle a la manivela de su talento; y la increíble historia del barracón de lujo donde tipógrafos y artesanos judíos rescatados de las cámaras de gas castigaban su conciencia y permitían que el Tercer Reich mimara sus cuerpos a cambio de su colaboración. Con tan buenas cartas en la mano, Ruzowitzky apuesta por el conflicto moral, probablemente con buen criterio. Enfrenta al descreído protagonista, sabedor de que lo único importante es sobrevivir, con el idealista fanático dispuesto, como el soldado del chiste, a no comer para que se fastidie el comandante. Éste, cercano al primero por su riqueza en mati- ces, viene a hacer de croupier. Comprado, por supuesto. A la cinta le falla, sin embargo, algo tan sencillo como el mecanismo de la intriga. Lo que vemos es tremendo, pero ya sea por falta de desarrollo (lo bueno, si breve, a veces es un poco menos bueno) o porque la estructura dramática está mal rematada, la emoción se escapa entre los muñones y queda una sensación agridulce de oportunidad perdida. La escena del banco en la que se descubre la calidad de las falsificaciones es paradigmática. Concebida para aumentar la tensión, su artificiosidad consigue justo lo contrario. Por contra, el desgarro interior de los personajes merecía más atención. Pero aunque no sepa llegar tan hondo, el drama es digno de verse. ¿Cuál es su valoración moral del comandante de las SS? -En efecto. En retrospectiva puedo ver que es un tema que se me aparece siempre. Incluso he leído después varios libros y propuestas que vienen de Estados Unidos y también tienen que ver con esto, la lucha entre el pragmatismo y el idealismo. -He intentado dibujarlo exactamente como era, según los datos históricos de los que dispongo. Cuando rodábamos, vinieron Burger y otro falsificador que todavía vive. De repente, empezaron a discutir sobre si el comandante era un salvador o un criminal. Burger sostenía que era un asesino porque fue culpable de la muerte de seis de sus compañeros. Su compañero respondía que sin él habrían matado a otros 47. En aquel momento pensé: de eso exactamente trata la película. Cuando el comandante tuvo su juicio, muchos judíos testificaron a su favor. Fue la razón de que no lo condenaran. ¿Usted lo absuelve también?