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14 ESPAÑA Tras las elecciones del 9- M s Los planes de Zapatero VIERNES 14 s 3 s 2008 ABC Pero... ¿ha ganado el PP? Si el presidente del Partido Popular precisa un nuevo equipo (más que el suyo como dice, el de un partido renovado) el tono y el discurso distintos son imprescindibles ha dado una significativa curiosidad semántica. Hay una política de la fe (la expresión es de Michael Oakeshott) que piensa que el poder de los gobiernos genera los procedimientos adecuados para controlar y dirigir a los ciudadanos hacia la excelencia, mientras la derecha liberal se abona a la política del escepticismo basada en el convencimiento de que la experiencia humana es variada y contradictoria, imposible la ingeniería social y necesarias las instituciones que limitan y controlan el poder público. El PSOE incluía la palabra creer en su lema y el PP, además de un corazón voluntarioso, la cabeza que suele ser, cuando funciona, escéptica. Sin embargo, en la fiesta postelectoral, Rajoy vuelve a la fe y nos dice que se presenta a la reelección porque es lo mejor para el partido y para España Que sea lo mejor para el partido quizá exige una explicación que el presidente del PP no estaba en condiciones de aportar. Por un lado, el anuncio de su continuidad ha funcionado como cortafuegos de algunos intentos apresurados y sin respaldo en el partido para una sustitución, más que sucesión, que iba a resultar peor que lo ocurrido hasta el momento. Habrá que esperar al anunciado congreso de junio para ver si Mariano Rajoy da el volantazo necesario para que su partido adquiera el tono liberal y la preocupación por un sector del electorado, moderado y templado, que en la fase final de la legislatura aseguraba poder votar a cualquiera de los grandes partidos pero que el PP no ha convencido lo suficiente para ganar los comicios. Detenida la gangrena interna, veremos si el candidato es capaz de aportar el reconstituyente necesario para que el partido adquiera el tono adecuado. El PP precisa abandonar el discurso presentado como un currículo imbatible y adoptar el más templado de la pedagogía política. Si el presidente del PP precisa un nuevo equipo (más que el suyo como dice, el de un partido renovado) el tono y el discurso distintos son imprescindibles. Germán Yanke A veces, escuchando a algunos dirigentes del PP estos días, se diría que han ganado las elecciones. Uno comprende- -o más bien admite por repetido- -que los partidos hagan la lectura más amable de los resultados, pero en las explicaciones populares han abundado las paradojas para no reconocer lo que sin duda ha sido un fracaso. El PP ha aumentado los votos y el número de escaños, es decir, está mejor que hace cuatro años. Pero no se puede olvidar que, según el análisis de los conservadores, las elecciones de 2004 fueron una excepción. En el segundo debate televisado, Rajoy acusó a Zapatero de pretender ganar las elecciones como en 2004, es decir, con la guerra de Irak y el 11- M. Esas eran, según el análisis popular, las causas de una derrota que, antes de los atentados, era imposible. Y ahora, según ese razonamiento, no podía ocurrir lo mismo, sobre todo después de una legislatura de gestión gubernamental lamentable en la que se habrían puesto en peligro los consensos básicos, la estructura constitucional, la adecuada política antiterrorista y el futuro económico. La única vuelta a la normalidad para el PP, era ganar, y no ha ocurrido. Un fracaso, por tanto. Otra explicación es un ejercicio de solipsismo, como si el PP se hubiera presentado a las elecciones contra sí mismo o contra su pasado y no para ganarlas al PSOE. Por eso llama la atención que, al menos por el momento, no haya habido autocrítica: ni se cometieron errores, ni se falló en una campaña perfecta, ni se deslizó equivocación alguna en el discurso. Lo único malo, dijo Rajoy en su comparecencia tras el comité ejecutivo, fue el resultado como si la culpa fuera ajena, de los electores que no se han dado cuenta de que lo único conveniente era votar al PP. Durante esta campaña se Patxi López y Jesús Eguigurén, ayer, en Orio REUTERS El Gobierno piensa en el 7 de abril como fecha para la sesión de investidura Mesquida toma fuerza como posible ministro s Suena el nombre de Margarita Robles como fiscal general del Estado L. A. ENVIADO ESPECIAL J. A. BRUSELAS MADRID. El Gobierno baraja las fechas del 7 y el 8 de abril como las más probables para la sesión de investidura de José luis Rodríguez Zapatero como jefe del Ejecutivo para los próximos cuatro años, según dijeron ayer fuentes gubernamentales. Zapatero comenzará después de las vacaciones de la Semana Santa los contactos para obtener posibles apoyos para ser elegido de nuevo presidente del Gobierno. El 1 de abril es la fecha prevista para la constitución del Congreso de los Diputados y se estima que en una semana, habría tiempo suficiente para que se produjeran las consultas de Su Majestad el Rey con las formaciones que han obtenido escaños en las pasadas elecciones generales, y, tras ellas, encargara a Zapatero formar gobierno. Sin embargo, hay una dificultad y es que Zapatero tiene que viajar el día 2, como muy tarde a mediodía, a Bucarest para estar presente en la Cumbre de la OTAN, que se prolongará hasta el día 4. Eso limitaría el tiempo posible para que acudiera al Palacio de la Zarzuela, por lo que otras fuentes apuntan a un retraso de la sesión de investidura hasta el día 14 de abril. Si se mantuviera la fecha del 7 y el 8 de abril, Zapatero podría dar a conocer la composición de su Gabinete pocas horas después y celebrar la primera reunión del Consejo de Ministros incluso antes del viernes, día 11. En cualquier caso, la fecha tope para la sesión solemne de apertura de las Cortes es el 18 de abril. Entre tanto, se van conociendo los primeros bosquejos sobre posibles cambios en el Gobierno de Zapatero. Fuentes cercanas a Presidencia del Gobierno comentaron a ABC que ante la composición del próximo Ejecutivo encabezado por Zapatero, el actual director general de la Policía y de la Guardia Civil, Joan Mesquida, aparece muy bien situado ante una posible entrada en el Gobierno. Mesquida es uno de los Ibarretxe: Si negoció con ETA, ¿por qué Zapatero no lo va a hacer conmigo? M. L. G. F. BILBAO. El lendakari Ibarretxe dijo a Rodríguez Zapatero tras las elecciones que su agenda estaba abierta, puesto que ambos están condenados a entenderse La mano tendida al presidente en funciones tiene como objetivo conseguir un acuerdo que admita el derecho a decidir del pueblo vasco Tras los malos resultados electorales de su partido, Ibarretxe no ha cambiado su discurso y mantiene que si el presidente negoció con ETA sobre el derecho a decidir del pueblo vasco, ¿por qué no lo va a hacer ahora con el lendakari? Lamentó Ibarretxe que el secretario general del PSE, Patxi López, afirmara que su consulta a la sociedad vasca y su hoja de ruta estaban excluidas de cualquier acuerdo con el PSOE. No se puede decir al otro que para poder hablar debe retirar sus propuestas dijo el lendakari, a lo que el secretario general del PSE de Vizcaya, José Antonio Pastor, contestó que Ibarretxe no se ha enterado todavía del resultado de las elecciones.