Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC VIERNES 14 s 3 s 2008 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA IZQUIERDA FUNDIDA A expresión del tsunami bipartidista ha sido la aportación más brillante de Gaspar Llamazares a la política española. Lástima que diese con el hallazgo justo después de que el susodicho maremoto lo engullera sumergiéndolo en un océano de inanidad tan leve como sus ideas y postulados. Llamazares puede presumir de una de las carreras descendentes más esforzadas de nuestra política; cogió a Izquierda Unida en una grave crisis y, tras grandes empeños por devaluarla en la estela del PSOE, ha conseguido hundirla por completo en la más absoluta irrelevancia. IGNACIO Bien es cierto que el sisCAMACHO tema electoral le perjudica gravemente. Pero no menos cierto resulta que ese sistema era el mismo cuando, como IU o como PCE, obtenía diez, doce y hasta veinte diputados. Lo que de ninguna manera es verdad es que Llamazares le deba su escaño a 500.000 electores, como arguye para no abandonarlo. Su acta parlamentaria cuesta exactamente 163.000 votos, que son los que ha obtenido en la circunscripción de Madrid, y que representan por cierto 62.000 menos que en 2004, cuando logró dos diputados, y casi 120.000 por debajo que en 2000, cuando IU sacó tres, aunque entonces no era Llamazares el candidato. Pero con la misma ley electoral y en la misma provincia, Julio Anguita facturó en 1996 medio millón largo de votos y seis escaños. Claro que eran otros tiempos. Y otro líder. Como eran otros tiempos y otro líder cuando Gerardo Iglesias se volvió a trabajar a la mina asturiana. Y eso que el listón del fracaso de Gerardín estaba un punto y medio más alto que el de Llamazares, que no tiene que irse a ninguna mina porque es médico, dignísima profesión que quisieran ejercer millones de españoles- -sin duda más que los que votan a IU- pero que acaso resulte ya poco grata a quien se ha acostumbrado a pisar las alfombras del Congreso. La bata blanca, uf, qué pereza. De modo que don Gaspar, llamado Gaspi en el mundo virtual de Second Life, que es el único donde cosecha algún éxito, se va a quedar al menos hasta que lo echen, para administrar el fracaso al que ha arrastrado a su coalición a base de arrimarse al PSOE como un satélite demasiado cercano, hasta perder la identidad. Éste es el drama de Izquierda Unida, que siempre ha de estar midiendo su distancia con el socialismo; si se aleja demasiado, se pierde, y si se acerca mucho, la devoran. Pero la experiencia demuestra que le va mejor cuando está un poco apartada, marcando las diferencias éticas y las referencias políticas que permite un cierto alejamiento del poder. Llamazares ha optado por aproximarse, como las moscas a la luz, en busca de algo que libar, y se ha chamuscado en la lámpara. Hubo un tiempo, sí, en que Izquierda Unida era una fuerza necesaria. Con personalidad, carácter, discurso propio y relevancia. Llamazares, un político superficial, con frases en vez de ideas, sin capacidad de estrategia ni de abstracción, la ha desnudado de todo eso y la ha convertido en una comparsa prescindible. Como él mismo. L LA RESPONSABILIDAD DE GANAR PERSPECTIVA L OS análisis del resultado electoral y de sus consecuencias han sido múltiples y variados, como corresponde a una democracia plural. A mí me interesa particularmente uno, el que hace referencia a los desequilibrios territoriales en el reparto de escaños, porque afecta directamente a nuestro futuro económico. El Partido Socialista ha obtenido resultados espectaculares en Cataluña y País Vasco, el Partido Popular en Madrid y Comunidad Valenciana. Me temo que una cosa sea consecuencia de la otra; no en vano, uno de los ejes de la legislatura pasada fue sin duda la Segunda Transición Autonómica, a pesar de que no estaba en ningún programa electoral. Terminado el tiempo de la propaganda y de las acusaciones mutuas, es hora de los análisis rigurosos y nadie puede afirmar, creo sinceramente, que el engarce de los territorios históricos en España esté hoy más asentado que nunca. Las elecciones han dejado claro que lo que funciona en Madrid no lo hace en Barcelona y viceversa. Así es difícil avanzar. No debería ser sorprendente cuando se decidió utilizar el desarrollo autonómico como estrategia de exclusión política de los populares y se rompió el consenso tácito que había veniFERNANDO do funcionando desde la Constitución. El FERNÁNDEZ triunfo de Zapatero a costa del hundimiento de sus socios en el Tripartito le libera de las ataduras aritméticas que podían haber justificado esa decisión y le confronta con su responsabilidad directa. Tiene margen para elegir, sobre todo si los populares actúan inteligentemente y se abstienen en la votación de investidura. Porque no valen lecturas simplistas. El sueño del presidente reelegido de cerrar el debate autonómico de una vez y para siempre con un acuerdo con los nacionalistas es pura entelequia. Basta recordar que el programa de los socialistas catalanes incluía la equiparación progresiva entre los ingresos de la Generalitat y los que proporciona el régimen de concierto En castellano y para que todo el mundo lo entienda, la aplicación a esa comunidad del régimen del concierto vasco, incluyendo la más que generosa fórmula de cálculo del cupo. Como escribía recientemente Ángel de la Fuente, investigador del CSIC y especialista en temas fiscales, la equiparación de ambas comunidades reportaría a Cataluña 13.637 millones de euros, y costaría a la Hacienda Nacional el 17 por ciento del volumen total de recursos destinados a la financiación del resto de las comunidades de régimen común. Si Madrid y Valencia aplicaran ese mismo concepto de solidaridad interterritorial, el sistema quebraría directamente. Pedir a estas dos últimas comunidades que por sentido de Estado, o por mala conciencia franquista, como sugieren algunos, renuncien a que sus ciudadanos dispongan del mismo nivel de ingresos públicos que los vascos (4.601 euros por habitante) es simplemente ridículo. Que le pregunten a Tomás Gómez si estaría dispuesto a hacerlo en Parla. O si renunciaría a su cuota parte de representantes en las instituciones del Estado, como el Tribunal Constitucional o el Banco de España, de consagrarse el régimen de bilateralismo en las relaciones con el Gobierno central. Este es la herencia que tiene que administrar el gobierno Zapatero, resultado de sus propias indefiniciones y ocurrencias. Sorprende que haya personas inteligentes que sigan hablando del agravio histórico con Cataluña y se olviden de leer los periódicos. Porque lo que hoy leemos es que el Molt Honorable Montilla exige su cuota de poder en el Gobierno central, su empresa eléctrica y su grupo industrial, su proteccionismo comercial y lingüístico, aun a costa de enfrentarnos a sanciones del Tribunal Europeo. Se imaginan los titulares si fuera Esperanza Aguirre quien reclamara lo mismo. Los equilibrios para reconciliar solidaridad, progreso y derechos territoriales históricos eran ya complejos con una economía creciendo al 4 por ciento y una recaudación fiscal al 18 por ciento. En la coyuntura actual, con un miedo creciente al colapso financiero internacional, un euro a 1,56 dólares, una inflación que no bajará del 4 por ciento hasta después del verano, unos compromisos electorales que suponen más de un punto del PIB y un crecimiento económico que se situará en el entorno del 2 por ciento, serán imposibles. Pero nos harán perder mucho tiempo y esfuerzo, nos distraerán de lo que es urgente para responder a la crisis. Salvo que el presidente en funciones decida recuperar el consenso.