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78 CULTURAyESPECTÁCULOS www. abc. es culturayespectaculos MIÉRCOLES 12- -3- -2008 ABC Tras la alambrada de Guantánamo, uno de sus presos. Quién sabe si el que ha escrito: Mi espíritu será libre en los cielos, aunque mi cuerpo esté preso por las cadenas AP Versos desde Guantánamo Un libro recoge en español 22 poemas escritos por prisioneros de Guantánamo que han estado o siguen recluidos en ese limbo jurídico situado en Cuba y ajeno a la Convención de Ginebra TULIO DEMICHELI MADRID. Al abrir estos Poemas desde Guantánamo (Península) en los que hablan los detenidos en la base americana, ese lugar limítrofe con el no- lugar, se viene a la memoria el Romance del prisionero popular anónimo publicado en el Cancionero de 1511 y que era una de esas lecturas escolares que siempre se guardan en el corazón. ¿Lo recuerdan? Un prisionero del que nada sabemos- -ni siquiera si ya ha sido juzgado, tampoco si es culpable o inocente de algún crimen religioso o civil- -rememora el mes de mayo cuando los trigos encañan y están los campos en flor, cuando canta la calandria y responde el ruiseñor, cuando los enamorados van a servir al amor desde una prisión en la que ni sé cuándo es de día ni cuándo las noches son Una cárcel del siglo XIV o XV cuando la justicia civil no se desenvolvía bajo lo que hoy consideramos garantías procesales. Como en este limbo de Cuba. Y es que Guantánamo está más próxima a aquellas cárceles, aún medievales, que al nolugar del infierno del Holocausto: infierno porque el que ingresaba allí en efecto perdía toda esperanza. En cambio, las víctimas de este limbo contemporáneo, clase de infierno abominable pero más atenuado donde se han suspendido las garantías jurídicas y se agobia a los prisioneros con prácticas lindantes con la tortura, sí tienen nombre y apellido, tienen religión y nacionalidad, todo aquello de lo que se privaba en el no- lugar al individuo para desposeerlo de toda humanidad. Allí sólo eran un número y enseguida, ceniza o nada. También son romances de prisioneros poemas de ausencia y melancolía por la vida que ahí fuera corre, éstos que ha reunido Marc Falkoff, sobre los que Ariel Dorfman reflexiona en el epílogo y a los que el prólogo de Flagg Miller sitúa en una equivalente tradición árabe, pues habla del sufrimiento y sus formas en la poesía carcelaria musulmana. Pero también son gritos de rabia por la injusticia y de incomprensión ante el mundo moderno, de militancia religiosa o política y por eso, a veces, sólo panfletos de odio a Occidente. Falkoff, que ha formado parte de comisiones de abogados voluntarios que visitan este inaceptable limbo jurídico, ha reunido 22 poemas escritos por hombres que han estado o siguen recluidos en Guantánamo. Algunos ya han sido liberados y devueltos a sus países de origen, pero la mayoría sigue cumpliendo allí un largo cautiverio sin cargos ni juicios, ni los derechos más elementales que contemplan las Convenciones de Ginebra, porque no se les considera prisioneros de guerra sino combatientes extranjeros un raro eufemismo. La supervivencia de estos textos no ha sido fácil porque estos prisioneros, al principio, no tenían recurso a la escritura y los componían como así lo hacían otros en los campos de concentración y en el Gulag. Siempre sujetos al escrutinio implacable de la censura, aún quedan muchos poemas inéditos, o presos, que las autoridades consideran un riesgo para la seguridad Falkoff se conmueve porque sus autores se refugian en la poesía para mantener la cordura, dejar patente su sufrimiento y preservar su humanidad Y además, lo hacen con alguna esperanza. En fin, a nuestro prisionero medieval que recuerda que por mayo era, por mayo la prisión no le restaba alas a su alma porque una avecilla me cantaba al albor No una calandria o un ruiseñor, sino algún pajarillo de poca alcurnia. Pero matómela un ballestero; déle Dios mal galardón Su música era la vida, la primavera, el sol y la luna, los campos que no podía ver. Y su ausencia preña la palabra para que él sobreviva- -como estos detenidos en Guantánamo- -a través nuestro, ya en el cancionero. Sujetos al escrutinio de la censura, aún quedan muchos poemas fuera por ser un riesgo para la seguridad ABC. es La introducción de Marc Falkoff y epílogo de Ariel Dorfmann pueden leerse en abc. es cultura