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ABC MIÉRCOLES 12 s 3 s 2008 Tribuna abierta OPINIÓN 7 Jorge Castañeda LA ESTRATEGIA CHINA DE RAÚL CASTRO A dimisión de Fidel Castro de dos de sus dos tres cargos públicos, junto con el nombramiento de su hermano pequeño y sucesor, Raúl, señala el final de una era... o algo por el estilo. Raúl sustituye a Fidel como presidente del Consejo de Ministros y el Consejo de Estado, pero no como primer secretario del Partido Comunista de Cuba. Y, en una escena digna de los años gloriosos del estalinismo, recibía el permiso unánime del parlamento cubano para consultar con Fidel en todos los asuntos importantes. Mientras Fidel esté presente- -escribiendo, reuniéndose con dignatarios extranjeros y opinando sobre todo tipo de temas, desde el etanol hasta la campaña presidencial estadounidense- -dos cosas seguirán estando claras. En primer lugar, Raúl apenas tendrá margen de maniobra, ni siquiera para las modestas reformas estrictamente económicas y reguladoras que de un modo un tanto ingenuo espera que devuelvan la comida a la mesa de los cubanos. n segundo lugar, aunque el acuerdo de sucesión que los Castro diseñaron hace años tiene la ventaja de la estabilidad y la previsibilidad, Raúl será incapaz de sustituir a la vieja guardia por líderes más jóvenes (su sucesor en las Fuerzas Armadas tiene 72 años, y su vicepresidente, 77) El hacerlo daría cierta ventaja a quien Raúl, de 76 años, escoja cuando se retire, y él y Fidel no necesariamente coinciden respecto a quién debería sucederlos. La estrategia de Raúl es adoptar una solución vietnamita o china: reformas económicas orientadas al mercado manteniendo el régimen comunista, sin avances en democracia ni en derechos humanos. Para quienes en Estados Unidos han llegado correctamente a la conclusión de que el embargo comercial de medio siglo ha resultado contraproducente, esta es una atrayente respuesta intermedia que proporciona una coartada para la moderación: las reformas económicas traerán en su día el cambio político. Para los pragmáticos latinoamericanos, siempre temerosos de los quintacolumnistas cubanos, ofrece una forma de cuadrar el círculo: fomentar el cambio en Hay razones lógicas para establecer un calendario para la vuelta de Cuba al seno democrático latinoamericano sin imponer las elecciones como un primer paso o una condición previa. De hecho, las elecciones libres y justas y el pleno respeto a los derechos humanos pueden darse al final, si ese final se establece con claridad L América Latina, aun sin estar libre de estas plagas, ha construido una serie de cortafuegos para prevenirlas. Aceptar la excepción cubana supondría un enorme revés. ¿Qué detendrá al siguiente dictador y asesino centroamericano si a los cubanos se les da carta libre? Invocar el pragmatismo para justificar las constantes violaciones de los derechos humanos en Cuba meramente porque las reformas económicas podrían disuadir el éxodo masivo a México y Florida es una mala idea. México parece especialmente tentado a volver a su pasada complicidad con Cuba. Por lo visto, el ministro de Exteriores mexicano no se reunirá con los disidentes locales durante su próxima visita a La Habana, lo cual representa una ruptura con los precedentes establecidos desde 1993. Hay razones lógicas para establecer un calendario para la vuelta de Cuba al seno democrático latinoamericano sin imponer las elecciones como un primer paso o una condición previa. De hecho, las elecciones libres y justas y el pleno respeto a los derechos humanos pueden darse al final, si ese final se establece con claridad. L E Cuba sin ir demasiado lejos. Y, para algunos gobiernos europeos, es un típico remedio de no intervención que sitúa el problema directamente en manos estadounidenses. P ero la senda vietnamita o la china son inaceptables en América Latina, que ha progresado enormemente a la hora de transformar los avances en democracia y en respeto a los derechos humanos en un orden jurídico regional que va más allá de la soberanía nacional o el sacrosanto principio de no intervención. Tras décadas de golpes militares, dictaduras, tortura y desapariciones, hoy La estrategia de Raúl Castro es adoptar una solución vietnamita o china: reformas económicas orientadas al mercado manteniendo el régimen comunista Mientras Fidel esté presente, su hermano Raúl apenas tendrá margen de maniobra, ni siquiera para las modestas reformas económicas o que sería inaceptable son los dos extremos: convertir la transición inmediata al sistema democrático en una condición previa para normalizar las relaciones con Estados Unidos y retornar a la comunidad latinoamericana, o eximir a Cuba de la obligación de adherirse a los principios y a las prácticas democráticas basándose en la idea de que por alguna razón es diferente. En 1953, Fidel Castro, en el que probablemente sea el discurso más conocido de la historia política latinoamericana, proclamaba ante un tribunal que la historia lo absolvería. De hecho, la historia sólo los juzgará a él y sus 50 años en el poder cuando estén los resultados: cuando los logros iniciales en sanidad, en educación y en la lucha contra la desigualdad se evalúen de acuerdo con criterios internacionales y con la transparencia a la que los demás países de la región están sometidos. Sólo entonces sabremos si al menos tuvo sentido el canje, aunque para muchos fuese inaceptable: justicia y progreso sociales auténticos a cambio de un gobierno autoritario, el ostracismo internacional y un desierto cultural. Ex ministro de Exteriores de México (2000- 2003) Profesor Distinguido de Política y Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Nueva York