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ABC MARTES 11- -3- -2008 CIENCIAyFUTURO www. abc. es cienciayfuturo 97 El soldado Shaun Rusling sentó un precedente Si un soldado, estadounidense al menos, demuestra que está enfermo por algo a lo que se le expuso en acto de servicio tiene derecho a recibir una pensión conforme con los daños padecidos. En 2002 el británico Shaun Rusling, un veterano de la primera Guerra del Golfo, logró que un tribunal de su país le diera la razón y una pensión, y de paso reconociera legalmente la existencia de su enfermedad. Antes de ganar el caso y sentar precedente, Shaun Rusling se había pasado nueve años reclamando en vano, mientras médicos del Pentágono estadounidense y de los ministerios de Defensa británico y francés rechazaban la existencia de su mal. Todas las pensiones solicitadas por ese motivo habían sido denegadas. Un veterano de los conflictos de Irak y Afganistán llora durante una entrevista tras volver en 2007 a su hogar, en Massachusetts AP Identifican un agente químico ligado al síndrome de la Guerra del Golfo Los síntomas de los soldados- -fatiga, dolor, problemas de sueño y de memoria, dificultades respiratorias... -se explican por la acción de la acetilcolinesterasa POR ANNA GRAU SERVICIO ESPECIAL NUEVA YORK. Por fin se ha identificado una causa física que pudo desencadenar la llamada enfermedad, o más bien síndrome, de la Guerra del Golfo, un conjunto de trastornos crónicos sufridos por veteranos de la primera invasión de Irak, entre 1990 y 1991. Un estudio de la Universidad de California en San Diego, publicado esta semana en la revista PNAS de la Academia Nacional de Ciencias, ha identificado por primera vez varios agentes químicos como posibles causantes de la enfermedad. Irónicamente, uno de ellos se halla en los comprimidos de la medicación preventiva que recibían los soldados. El impacto de este estudio podría no circunscribirse al ejército norteamericano ni a la primera Guerra del Golfo, y afectar incluso a ex combatientes europeos en otras contiendas, como la de los Balcanes. Hace tiempo que se discute sobre si el conjunto de síntomas que denuncian muchos veteranos de guerra llegan a sumar una enfermedad. Los veteranos describían cuadros de fatiga, dolor, alteraciones en el humor, en el sueño y en la memoria, e incluso dificultades crónicas para respirar, que para algunos médicos estaban más que justificados en el marco del estrés post- traumático de participar en una guerra. Otros, en cambio, insistían en que tenía que haber una causa más tangible, más objetiva. No era fácil que se pusieran de acuerdo no ya los científicos con los militares, sino ni siquiera los científicos entre ellos. La espectacularidad de ciertos datos- -por ejemplo, a lo largo de los años se han apreciado reducciones significativas de la corteza cerebral de algunos veteranos- -contrasta con su ambigüedad: esas mermas cerebrales se han apreciado también en otros pacientes aquejados de dolores persistentes como los que se asocian, por ejemplo, a la fibromialgia. ¿Es el síndrome de la Guerra del Golfo la fibromialgia de los militares? El carácter elusivo al diagnóstico de ambas dolencias ha desencadenado una cascada de opiniones y connotaciones a la que ahora intentan poner freno el estudio de San Diego y su directora, la científica Beatrice Golomb. Su conclusión es que muchos de los síntomas de los veteranos se explican por la acción de la acetilcolinesterasa (AChEls) componente químico que bloquea la enzima que descompone la acetilcolina, el primer neurotransmisor descubierto, que tiene que ver con una exagerada estimulación muscular a la que siguen el dolor y la fatiga. Este compuesto es potenciado por algunos pesticidas, y los síntomas de los trabajadores agrícolas expuestos a ellos coinciden con los de los veteranos de la Guerra del Golfo. El equipo de Golomb ha cruzado los datos de hasta 115 estudios para concluir que las causas de las molestias crónicas de entre un 25 y un 33 de los veteranos de esa guerra procedieron de su exposición al gas sarín cuando se destruyeron los depósitos de municiones de Khamisayah, e incluso de la administración a la tropa de píldoras de bromuro de piridostigmina (PB) Estas píldoras se ad- Exposición al gas sarín Un comprimido para prevenir agentes nerviosos contenía un principio causante del conjunto de síntomas ministraban precisamente para prevenir gases u otros agentes nerviosos lanzados por el enemigo. Parece que el remedio puede ser, si no peor, por lo menos tan preocupante como la enfermedad. El estudio atribuye que unos veteranos enfermaran y otros no, y unos más que otros, a las particularidades genéticas de cada uno, que pueden explicar la mayor o menor capacidad de procesar agentes tóxicos. Pero lo más importante es que trasciende la doctrina oficial que se ha intentado mantener hasta ahora por el Pentágono, la que tendía a considerar que los desórdenes eran de naturaleza psicológica. Las píldoras de bromuro que aparecen entre los posibles culpables ya no figuran en el botiquín de la tropa. De todos modos este estudio pone bajo la lupa y hasta bajo el microscopio el alcance de las heridas y las secuelas de guerra en los tiempos del combate químico, cuyos efectos no son necesariamente visibles en el momento ni a corto plazo. Su impacto puede obligar a modificar los niveles de exigencia sanitaria de todos los países miembros de la OTAN, no sólo de EE. UU. Más información sobre la investigación: http: www. pnas. org cgi doi 10.10 73 pnas. 0711986105