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94 CULTURAyESPECTÁCULOS MARTES 11 s 3 s 2008 ABC Otto Dix y su verismo clínico, en el Thyssen El encuentro entre la Nueva Objetividad y la fotografía fue fatal, pero predestinado. Una exposición enfrenta las pinturas fotográficas de Otto Dix con las fotografías pictoricistas de Hugo Erfurth POR NATIVIDAD PULIDO MADRID. El Museo Thyssen sigue investigando las obras maestras de su propia colección a través de la serie de exposiciones Contextos En esta ocasión le toca el turno a un espléndido cuadro de Otto Dix, Retrato de Hugo Erfurth con perro al que no sólo le acompañan otras obras relacionadas con este cuadro, sino también los resultados de un exhaustivo estudio técnico que ha llevado a cabo el departamento de Restauración del museo. La muestra cuenta una historia escrita a cuatro manos, las del pintor Otto Dix y su amigo el fotógrafo Hugo Erfurth. En realidad, también está escrita a cuatro patas, pues el pastor alemán de este último, Ajax, adquiere gran protagonismo en esta historia: no sólo acompaña a su amo en el cuadro central de la muestra, sino que también aparece en otro como modelo único y en varios esbozos. Gracias a la estrecha relación entre Dix y Erfurth, la muestra ilustra la influencia mutua que hubo en esos años entre pintura y fotografía, muy evidente en las obras presentes en la primera parte de la exposición. En torno al Retrato de Hugo Erfurth con perro del Thyssen, cuelgan dibujos preparatorios a lápiz y carboncillo de esta obra, tres autorretratos del pintor alemán, el retrato de Ajax... además de fotografías de Erfurth, entre ellas retratos de Dix y su familia. Los comisarios, Paloma Alarcó y Ubaldo Sedano- -conservadora de Pintura Moderna y restaurador jefe del Thyssen, respectivamente- han enfrentado una obra tan moderna como la de Dix con el Retrato de una mujer de Cranach. Y aquél aguanta muy bien el tipo. El motivo queda bien explicado en la segunda parte de la muestra, muy didáctica, en la que, a través de los estudios téc- A la izquierda, Retrato de Hugo Erfurth con perro de Otto Dix (Colección Thyssen) A la derecha, Otto Dix con cigarrillo (1926) fotografía de Hugo Erfurth (Otto Dix Stiftung, Vaduz) nicos realizados al Retrato de Hugo Erfurth con perro (radiografías, reflectografías infrarrojas, análisis de materiales... vemos cómo Otto Dix emuló a los maestros antiguos (Durero, Cranach, Fra Angelico... y sus procedimientos: hay coincidencias iconográficas, en el soporte (suele pintar sobre tabla) en la técnica pictórica (usa temple combinado con óleo) en el empleo de minuciosos dibujos preparatorios... Otto Dix es uno de los mejores representantes de la Nueva Objetividad, que surgió como respuesta a la vanguardia y, concretamente, al expresionismo. Como explica Guillermo Solana, conservador jefe del Thyssen, este movimiento de entreguerras se caracteriza por la fidelidad al objeto, el verismo, una tendencia orientada al realismo acerado, clínico; la neutralidad, la frialdad, la impersonalidad... Su estudio, dice, se asemejaba a un quirófano por lo aséptico del ambiente. La Nueva Objetividad y la fotografía, añade Solana, mantuvieron un encuentro fatal predestinado. Caminan en busca del mismo fin (un resultado preciso, minucioso, impecable) pero lo hacen a través de medios divergentes, incluso opuestos En el caso de las obras de Otto Dix, la mano del pintor brilla por su ausencia; ha borrado sus huellas Su deseo era recuperar el lugar del artista artesano del Renacimiento. Pero, al tiempo que se adhería a la tecnología y la estética moderna, mantenía una nostalgia arcaizante. Frente a Cranach El IVAM acoge la mayor retrospectiva de Jean Tinguely en España MARTA MOREIRA VALENCIA. En repetidas ocasiones, el movimiento ha probado ser un versátil elemento de expresión artística. Los elogios a la velocidad de los futuristas comparten con las esculturas de Alexander Calder este motivo de inspiración, que eclosionó posteriormente en la obra de Jean Tinguely. El fallecido creador suizo, a quien el IVAM dedica su primera gran retrospectiva en España, confirió un tono lúdico y satírico al arte cinético, del que hoy es considerado uno de sus máximos exponentes. El Museo Tinguely de Basilea ha cedido la totalidad de las 172 piezas que reúne hasta el 8 de junio el museo valenciano. A través de esculturas, bocetos, dibujos y documentos fotográficos se recorre la evolución de este artista, que fue poroso a la influencia de la Bauhaus, el surrealismo y el dadaísmo de Schwitters y Duchamp. La muestra incluye dibujos abstractos y ensamblajes como ejemplo de estas primeras fases productivas. Pero fue a raíz de su traslado a París en 1952 cuando su genuino arte comienza a tomar forma, y decide romper la alianza optimista con la tecnología y el progreso de sus antecedores futuristas. A pesar de la rigurosidad con la que aplicaba sus conocimientos técnicos a las máquinas escultóricas, la inutilidad práctica de éstas sólo pue- Mirada pesimista al progreso Un hombre contempla El cíclope, la cabeza (1970) de Tinguely ROBER SOLSONA