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4 OPINIÓN MARTES 11 s 3 s 2008 ABC DIRECTOR: ÁNGEL EXPÓSITO MORA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: JOSÉ MANUEL VARGAS DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer, José Antonio Navas y Pablo Planas Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro UN SERIO AVISO PARA NICOLÁS SARKOZY L presidente francés, Nicolás Sarkozy, había anunciado un nuevo estilo de ejercer sus funciones, más directo y menos formal, más cercano y espontáneo, pero el resultado provisional de ese estilo de gestión es a todas luces decepcionante: los datos de las elecciones municipales del pasado domingo revelan un preocupante descenso de popularidad cuando apenas ha cumplido un año de mandato. Los franceses no pueden considerarse como una sociedad pacata a la hora de juzgar la vida privada de sus dirigentes. Al otro lado de los Pirineos se ha visto de todo, y en este caso el malestar probablemente no venga del aspecto frívolo de las separaciones, reencuentros, divorcios y bodas por los que ha pasado el presidente de la República en su carrera política, sino de la impresión de que, hasta el momento, casi toda la acción política del dirigente liberal- conservador- -que llegó al poder cargado de promesas de reforma- -se ha limitado a resolver de forma atropellada sus conflictos de alcoba, siempre cerca de los focos de las cámaras de televisión y los fotógrafos. Sarkozy tiene por delante cuatro años de mandato, tiempo suficiente para emprender y desarrollar sus planes de reforma, pero, por desgracia, ha perdido ya el impulso político que obtuvo en su brillante victoria electoral, precisamente frente a la oferta de inmovilismo y retroceso socioeconómico que representaba la socialista Ségolène Royal, sobre cuya vida privada y su relación con el secretario general de su partido- -si se quieren hacer comparaciones- -se han escrito también ríos de tinta. Ese impulso concreto habría sido muy útil para haber convencido a los franceses de que apoyasen las innovaciones esenciales para la modernización del país, como quedó demostrado en las elecciones legislativas que tuvieron lugar justo después de su llegada al Elíseo. Es cierto que algunas reformas ya han empezado a ponerse en marcha, incluyendo una muy necesaria reubicación de Francia en Europa- -resolviendo por fin el grave problema del no a la Constitución europea- -y en el espacio de la OTAN. También es cierto que la oposición socialista no ha logrado seducir a los votantes como se esperaba, y que su larga marcha en busca de un liderazgo convincente está apenas en sus inicios. Sin embargo, a Sarkozy le queda mucho por hacer y muy poco sustento social para lograrlo. Los mejores resultados los ha conseguido en la Francia rural, donde probablemente encontrará pocos apoyos para llevar al país hacia las reformas que le permitan afrontar con éxito los desafíos de la globalización. Afortunadamente, Nicolás Sarkozy tiene todavía una gran oportunidad histórica en sus manos, y no hay razones para creer que haya renunciado a ofrecer a su país la posibilidad de desprenderse de tanto lastre estatalista como ha ido acumulando en las últimas décadas. Todavía puede demostrar si es más liberal que conservador, o viceversa. Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera E INCÓGNITAS DEL DÍA DESPUÉS L análisis de los resultados del 9- M va a centrar la actividad de los partidos en los próximos días y, a medida que pase el tiempo, se irán percibiendo con más nitidez sus consecuencias. El primer dato que servirá para cualquier valoración es el índice de participación. Al ser coincidente con la de las elecciones de 2004, las comparaciones son homogéneas y permiten conclusiones precisas. Por lo pronto, se ha roto eltópico de que la mayor participación perjudica necesariamente al Partido Popular. La razón es muy sencilla: el PP ha ganado más de 400.000 votos y el PSOE menos de 40.000. La victoria socialista se fundamenta en el auxilio del voto útil procedente de ERC e IU, quizá también del PNV Estos tres partidos han perdido casi 800.000 votos, lo que quiere decir que ha habido una clara transferencia de voto socialista al PP y al partido de Rosa Díez, compensada con la llegada de ese apoyo nacionalista y de extrema izquierda. Cataluña y País Vasco han sido decisivos para Rodríguez Zapatero, gracias a una estrategia muy clara de adaptar el discurso socialista a cada terreno- -recurso del que carece el PP- de manera que los electores vascos han reaccionado favorablemente al llamado proceso de paz y los catalanes al reclamo neosoberanista del PSC plasmado en el nuevo Estatuto de autonomía. En ambos casos, los socialistas han tenido éxito en la suplantación de los nacionalismos- -está por ver con qué consecuencias, por ejemplo, en relación con el referéndum convocado por el lendakari Ibarretxe- -y, en general, en la absorción del voto de Izquierda Unida. Por su parte, el PP tiene que volver a afrontar la grave limitación que suponen para sus expectativas electorales nacionales los cortos resultados en el País Vasco y en Cataluña. De los 65 escaños en juego en ambas comunidades, el PP sólo ha conseguido 13 y el PSOE, 34. Tal limitación contrasta, sin embargo, con la clara consolidación de los populares en el resto de España, gracias a la cual ha obtenido unos resultados- -40,11 por ciento, 10.169.973 votos y 153 escaños- -que superan los que en algunas legislaturas anteriores dieron el poder al partido ganador. El avance del PP ha sido posible gracias a la captación de voto moderado, lo que igualmente relativiza la existencia de E un techo electoral irrompible para los populares. En todo caso, la victoria socialista ha producido efectos en cadena en otras formaciones. Llamazares anuncia su renuncia a seguir liderando IU, ERC ha perdido el 50 por ciento de votos y Puigcercós ya se dispone a recoger las cenizas de Carod- Rovira, y el PNV se aleja- -sea o no de forma definitiva- -de su tradicional hegemonía en el País Vasco. Todos están obligados a revisar las condiciones con las que se enfrentan a esta nueva legislatura. El PP también ha de hacerlo, como sucede siempre con el principal partido de la oposición que no alcanza el poder. Ahora bien, Rajoy tiene razones muy sólidas para frenar en seco cualquier pretensión sucesoria intempestiva, porque el resultado cosechado le permite una renovación de equipos y estructuras ordenada La ansiedad de la derecha por esta derrota puede distorsionar el alcance real de los resultados obtenidos por el PP y desenfocar las decisiones que necesariamente habrán de tomar sus dirigentes para optar a la victoria en 2012. Más importante para el PP ahora es saber por qué la negociación con ETA, el Estatuto catalán y la crisis económica no han calado lo suficiente para lograr el vuelco electoral. Aun así, el nuevo Gobierno será el que tenga que vérselas con la oposición más numerosa de la historia de la democracia. Por eso, Zapatero tiene al alcance de su mano rectificar su forma de gobernar para dar paso a una etapa de cooperación con el PP en los asuntos de Estado. El PSOE debe desterrar definitivamente su obsesión por erradicar al PP de la vida política. El contador de los problemas de España no se ha puesto a cero. Sigue ETA, estratégicamente reaparecida en el último día de campaña; sigue la crisis del modelo territorial; los órganos constitucionales permanecen bloqueados; y la economía no ha sufrido ningún repunte milagroso, aunque habrá que acordarse de los pronósticos de Caldera y Solbes sobre la mejora del empleo y la inflación en este mes de marzo. Pronto se sabrá- -en cuanto el PSOE negocie la investidura de Rodríguez Zapatero, muy sencilla, por otro lado- -si hay motivos para confiar en una nueva etapa de estabilidad y cooperación entre los principales partidos nacionales o será una reedición empeorada de la anterior legislatura. ANDALUCÍA Y EL CAMINO DEL CAMBIO OS resultados de las elecciones autonómicas del domingo han confirmado la implantación en la sociedad andaluza de un doble bipartidismo. Por una parte, el hundimiento de los andalucistas, que por primera vez se quedan fuera de la Cámara, ha propiciado una amplia subida del PP que se configura como el único relevo futuro de un socia, lismo cada vez más desgastado tras treinta años de gobierno ininterrumpido al frente de la Junta de Andalucía. Por otra, se ha podido comprobar cómo se ha producido un claro trasvase de votos hacia el PP en las zonas más desarrolladas del litoral andaluz, desde Almería a Huelva, y en la mayoría de las capitales. El PP ha sido el partido más votado en las provincias de Almería y Málaga, gana escaños para las elecciones generales en Málaga y en Cádiz y cuenta con serias posibilidades de atraer en próximos comicios a los últimos votantes de un regionalismo que parece haber quedado desmantelado definitivamente el 9- M. Hay que resaltar, asimismo, que los populares que lidera Javier Arenas no sólo han recogido el voto procedente de los andalucistas, que podría haberles supuesto la subida de cinco escaños, sino que le han arrebatado otros tantos al PSOE, debido posiblemente a cierto cansancio del electorado hacia la omnipresente figura de Manuel Chaves como L presidente de la Junta durante la dos últimas décadas, un cansancio reforzado por el insistente empeño de convocar las elecciones andaluzas junto a las generales, solapando los comicios autonómicos y evitando así un debate centrado en Andalucía. De todas formas, la nueva victoria socialista por mayoría absoluta es inapelable. Asimismo, el reconocimiento público de Manuel Chaves de que ésta, su sexta victoria consecutiva, no es un cheque en blanco anuncia un posible cambio de estrategia en el habitual rodillo parlamentario de la mayoría absoluta socialista, que podría llevar a pactos puntuales con la oposición sobre los más graves problemas que afectan a la comunidad andaluza. El cambio posible que proclamaba el candidato popular puede llegar a hacerse realidad en un futuro- -poco más de 425.000 votos les separan hoy- -si continúa en esa línea para convencer a la sociedad de que necesita liberarse del peso burocrático e intervencionista que le impone un partido hegemónico. Sería deseable que Andalucía celebrara sus propias elecciones sin estar supeditada a una campaña a escala nacional que apaga los ecos del debate autonómico. En todo caso, es una buena noticia que, aunque sea de modo incipiente, empiece a vislumbrarse la posibilidad de un cambio de ciclo en Andalucía.