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102 CULTURAyESPECTÁCULOS LUNES 10 s 3 s 2008 ABC Los herederos de Ian Fleming fuerzan la retirada de La batalla por Bond El libro reproduce documentos de una causa judicial sobre plagio en 1963 EMILI J. BLASCO CORRESPONSAL LONDRES. Cientos de copias del libro La batalla por Bond han tenido que se destruidas por la editorial británica que lo ha publicado, ante el pleito planteado por los herederos de Ian Fleming, el autor de la saga de novelas sobre el agente 007. El libro reproduce documentos de la causa judicial sobre plagio que se siguió en 1963 en relación a la novena novela de Fleming, Operación Trueno El creador de Bond tuvo que pagar 50.000 libras a quienes habían colaborado con él en un proyecto de película en el que se basaba historia. Según publicó ayer The Sunday Times la familia de Fleming ha denunciado que La batalla por Bond de Robert Sellers, rompe los derechos de autor al reproducir documentos de aquel juicio. Éstos quedarán eliminados en la segunda edición que ya prepara la editorial, que saldrá en mayo. El libro recuerda que el célebre espía pasó de ser el personaje despiadado y misógino que Fleming presentó en su primera novela, Casino Royal (1953) a convertirse en un amable mujeriego, que atrae la simpatía de todo lector, que comienza a aparecer a partir de Operación Trueno (1961) El conflicto que ahora los herederos del escritor han querido silenciar se refiere a una colaboración para el cine entre Fleming, el productor Kevin McClory y el guionista Jack Whittingham, quienes en 1958 abordaron el proyecto de la primera película sobre el espía con licencia para matar que operaba un cambio en el perfil de éste. El proyecto se demoraría y Fleming lo utilizó como base para su novela. Las ediciones del libro tuvieron que incluir luego que estaba basada en un tratamiento para la pantalla en colaboración con McClory y Whittingham, como también ocurriría en los créditos de la película que finalmente se realizó con el título de Operación Trueno DANZA Ellas crean Intérpretes: Tamara Rojo, María Pagés, Lienz Chang, Federico Bonelli. Lugar: Teatro Real, Madrid Danza de muchos quilates JULIO BRAVO Ver bailar a Tamara Rojo y a María Pagés es un placer. Verlas compartir el escenario en un mismo espectáculo, un lujo. El escenario de este encuentro entre dos de las grandes damas de la danza española ha sido el Teatro Real, y el artífice el festival Ellas Crean, que ha mostrado siempre su sensibilidad hacia la danza, y que ha posibilitado un encuentro felicísimo. No son sencillos estos combinados. Hay ingredientes que no siempre mezclan bien, y ante la falta de posibilidades de preparar y ensayar con garantías un número conjunto, las dos bailarinas optaron por bailar juntas- -en el mismo escenario y la misma velada- -pero no revueltas. El resultado ha sido un hermoso espectáculo, lleno de arte, de clase, de elegancia, siempre a la altura de las circunstancias. Tamara Rojo bailó tres coreografías en las que desplegó la extensa paleta de sus cualidades: La méditation de Thaïs -donde contó con la colaboración de un enérgico y conocedor Lienz Chang- -permitió ver a una Tamara lírica, de baile exquisito; la coreografía de Roland Petit (la pieza es fragmento de un ballet titulado Tamara Rojo y Lienz Chang, en La méditation de Thaïs Ma Pavlova creado en homenaje a la legendaria bailarina) exige finura y limpieza. El paso a dos de La esmeralda permitió a la bailarina desplegar sus condiciones técnicas y su distinción. Cerró el espectáculo con una pieza que ya bailó en este mismo escenario hace unos meses: los Cincos valses de Brahms al modo de Isadora Duncan una coreografía de Frederick Ashton en la que Tamara muestra su sensibilidad y su dominio del movimiento para crear una interpretación conmovedora. También lo fue María Pagés, de quien Plácido Domingo- -ilustre espectador de la gala- -dijo que era un prodigio de EFE clase y elegancia. Dos características que resumen perfectamente el baile de María Pagés. La sevillana abrió sus intervenciones con el poema de José Saramago Ergo uma rosa sobre la voz del poeta portugués primero y la versión de Luis Pastor (pasada por el tamiz de sus músicos) después. Lo hizo con suavidad y dulzura, cosiendo sus movimientos a la palabra, en un baile a mezza voce que es un regalo para la vista. Su soleá y sus tientos también estuvieron teñidos de elegancia, de distinción. Fue una velada con danza de muchos quilates, con dos artistas distintas, sobresalientes, carismáticas y únicas. CLÁSICA Hélène Grimaud Obras de Charles Ives, Maurice Ravel, Igor Stravinski. Intérpretes: Hélène Grimaud (piano) Deutsches Symphonie- Orchester Berlin. Director musical: Ingo Metzmacher. Lugar: Auditorio Nacional de Música. Madrid Furia fría ANDRÉS IBÁÑEZ La mujer que corre con los lobos es una leyenda de los indios Lakotas que luego se convertiría en la historia principal del libro del mismo título de Clarissa Pinkola Estés, así como en la clave secreta de la película La princesa Mononoke de Hayao Miyazaki. La mujer que corre con los lobos es un arquetipo que representa el lado salvaje de lo femenino. Por salvaje no hemos de entender violento El arquetipo representa la fuerza natural, Ian Fleming ABC la alegría orgullosa y primordial, pero también una cierta distancia, un aura inaccesible. Hélène Grimaud ha abrazado este arquetipo en su vida privada, y lo ha hecho yendo más allá de las metáforas con las que, en mayor o menor medida, solemos conformarnos todos en estos días. ¿Se nos puede culpar si encontramos estas mismas cualidades en su forma de hacer música? Un abalanzarse directo a la obra no como metáfora de sí misma, sino como textura de pura fisicidad sonora; una visión exquisita de la interpretación pero en modo alguno sentimental; una interpretación imbuida de una especie de furia fría y dotada de un perfecto control de sí misma. La larguísima melodía del tiempo lento del Concierto en Sol nos la expuso con una especie de remota elegancia, retrasando con sabia indolencia la mano derecha con respecto de la izquierda, en un rubato que no hacía parecer la frase más cálida, más dicha sino curiosamente más re- mota e impersonal. En los tiempos extremos, su virtuosismo alcanzó cotas de verdadero asombro, lanzándose a las dificultades de la escritura raveliana con una alacridad y una transparencia memorables. La Deutsches SymphonieOrchester de Berlín nos resultó un tanto decepcionante, como también nos lo pareció el trabajo de Ingo Metzmacher que, a pesar de su espectacular currículum, no nos parece un director dotado de una gran personalidad. Las síncopas de Charles Ives parecían tibias, un poco solfeadas, y la Consagración estuvo llena de pasajes donde la tensión se perdía por completo. Todo sonaba o demasiado rápido o demasiado lento, y en los pasajes en pianísimo, la falta de concentración del público era notoria. La tibia respuesta del público nos pareció más que comprensible, especialmente tras una obra como la de Stravinski, que suele generar ovaciones hasta en versiones medianas.