Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
54 ELECCIONES 9 M ESPAÑA MONDRAGÓN VOTA EN ESTADO DE SHOCK LUNES 10 s 3 s 2008 ABC El barrio de Isaías votó contra el miedo La fiesta de la democracia fue ayer sólo una frase hecha en Mondragón, donde los vecinos votaron con el recuerdo aún muy vivo del asesinato de Isaías. En la barriada obrera de San Andrés, donde vivía, la participación fue más alta. La dignidad superó al miedo POR PABLO MUÑOZ MONDRAGÓN. A las nueve y veinte de la lluviosa mañana de ayer en Mondragón, la viuda de Isaías Carrasco llegaba al colegio electoral, situado a apenas medio centenar de metros de su casa en la calle de las Navas de Tolosa y del lugar donde los pistoleros de ETA asesinaron a su marido. Sin articular palabra, con la mirada ausente y el rostro marcado por el dolor insuperable, la mujer subió hasta el segundo piso de la escuela, donde estaba su mesa electoral. Estaba al fondo, a la derecha. Se acercó despacio, acompañada por un allegado, mostró su carné de identidad, votó y regresó a casa. Sólo habían pasado unos minutos. Pero el ejemplo era gigantesco. Aproximadamente dos horas después llegaba al mismo colegio su hija Sandra, que el día anterior había pedido a todos que fueran a votar. Su llegada despertó tal revuelo mediático que la Policía tuvo que desalojar del edificio a todos los medios de comunicación que se habían concentrado en el aula donde estaban instaladas las mesas electorales. La suya era la primera de la derecha. La misma persona que había estado junto a su madre- -al parecer se trataba de un tío suyo- -le acompañó a ella. E igualmente no pronunció ni una sola palabra. Su semblante lo decía todo; verla valía por mil palabras. Simplemente, estaba rota por el dolor. Pero en ningún caso le iba a dar el gusto a los asesinos, y a quienes les apoyan, de no ejercer su derecho al voto. La memoria de su padre no lo merecía. Todos los que presenciaron estas escenas jamás las olvidarán. ETA había asesinado a Isaías Carrasco pero nunca podrá arrebatar la dignidad a su familia. Una dignidad que ayer se palpaba por momentos en este colegio electoral, donde los vecinos del ex concejal so- María Ángeles Romero, la viuda de Isaías Carrasco, acudió a votar con el dolor y la dignidad reflejados en la cara cialista acudieron a votar con más fuerza, más convencidos que nunca de que contra el terror, lo mejor es la democracia. Ya iba a venir, pero ahora con más motivo aseguraban muchos de ellos, que además, lógicamente, conocían muy bien a la víctima. Es difícil aventurar que esto sea el principio de una rebelión contra los que justifican y apoyan a los del tiro en la nuca, pero al menos es un comienzo. El único lunar era que la abstención había calado entre los más jóvenes. Me duele la imagen que se está dando de este pueblo comentaba una joven segundos después de depositar su papeleta en la urna. Somos muchos más los decentes añadía, aunque acto seguido admitía que es muy difícil que la gente reaccione, porque se reconozca o no aquí hay miedo. Mucho miedo. En el edificio de enfrente al de Isaías se detuvo a varios etarras recuerda una mujer de mediana edad que también fue a votar. El que dio la información para que le mataran es de este pueblo, seguro añadía. Y esa alcaldesa que tenemos, que no ha condenado el asesinato... Es tonta perdida remachaba otra de las históricas del barrio, que no acertaba a comprender cómo es posible que algo así continúe sucediendo. Porque aquí queremos vivir en paz, como en cualquier otro sitio La de San Andrés es la clásica barriada obrera de una localidad industrial, en la que sobre todo viven los inmigrantes que hace ya décadas llegaron aquí a ganarse la vida, como fue el caso de la familia Carrasco. Sus hijos ya nacieron en Mondragón y se sienten integrados en la sociedad vasca, aunque tampoco olvidan sus raíces. Quizá por ello sea de las zonas de esta localidad guipuzcoana con menos presencia de la habitual parafernalia proetarra, y ni siquiera se ven los clásicos trapos de apoyo a los presos de la banda. Isaías era uno de los suyos y por ello han sentido su asesinato como propio. En el resto de colegios electorales del pueblo la tranquilidad era también la nota predominante. En ellos no se sentía de una forma tan intensa los sucesos del pasado viernes, pero también eran muchos los que hablaban en corrillos de ese asunto. No hay derecho, son unos asesinos y esto tiene que acabar de una vez repetían una y mil veces. La participación era desigual según las mesas y los barrios, pero en los feudos tradicionalmente nacionalistas sí se dejó notar la abstención, aunque no con la fuerza que hubieran querido los de las pistolas y sus amigos. Al final, la participación AP Sin parafernalia proetarra La abstención solicitada por los proetarras hizo que la participación en Mondragón fuera ayer de un 59,51 mientras que en las elecciones de 2004 fue del 73,34 La viuda de Isaías y su hija mayor, pese a la tragedia, tuvieron el coraje de acudir a su cita con las urnas y rindieron así el mejor homenaje al ex concejal asesinado fue del 59,51 considerablemente menor que en 2004 (73,34 El PSE- EE (PSOE) subió de 3.261 votos en 2004 a 4.231; EAJ- PNV bajó de los 3.581 a 2.333 y el PP bajó de 1.437 en 2004 a 1.108. Claro que hay que votar, hay que darles una lección afirmaba un hombre maduro a la salida del frontón de la localidad, habilitado para las elecciones. Una mujer que oía la conversación lo corroboraba, pero ni uno ni otro quería dar su identidad para evitar problemas La jornada, pues, tuvo elementos que invitaban a la esperanza. Pero que nadie se engañe. Como muchos reconocen, cuando pasen estos días y las cosas se calmen los amigos de los asesinos, estos días desaparecidos como su alcaldesa y el resto de concejales de ANV vol, verán a ejercer la presión, a coaccionar, a intimidar, a justificar que se mate a sangre fría a una persona, a manejar a su antojo el presupuesto del Ayuntamiento... Y cuando eso ocurra- -ojalá no sea así, pero lo más probable es que suceda pronto- la familia Carrasco, que ahora recibe muestras de solidaridad y cariño, volverá a ser olvidada por muchos.