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20 ELECCIONES 9 M ESPAÑA PERFIL DEL LÍDER DEL PP Ángel Acebes Secretario general del PP LUNES 10 s 3 s 2008 ABC Pío García- Escudero Portavoz del PP en el Senado y director de la campaña Eduardo Zaplana Portavoz del Grupo Popular en el Congreso Valor en alza en el PP, es uno de los dirigentes del partido llamado a altas responsabilidades, según subrayó Rajoy antes de comenzar la campaña electoral El líder de la oposición destaca de él su fidelidad y espíritu de trabajo; su papel ha sido básico para mantener la unidad del PP en esta crispada legislatura La estrategia de los socialistas y sus socios de arrinconar al PP en la Cámara Baja no hizo fácil su labor y eso es reconocido por los compañeros del partido MARIANO RAJOY s CANDIDATO DEL PARTIDO POPULAR LA SOLVENCIA DE RAJOY VOLVIÓ A PERDER ANTE EL TALANTE DE ZAPATERO Tras una legislatura crispada y tensa, ha sabido mantener unido al PP y llegar a las vísperas electorales con posibilidades reales de victoria J. L. LORENTE MADRID. Si hay algo que no se puede reprochar a Mariano Rajoy es su gestión para gobernar el barco del PP durante cuatro años complicados de oposición y haber concluido la travesía con posibilidades reales de alcanzar la victoria. Desde su atalaya de administrador de la derrota en 2004, ha transitado por una legislatura difícil y tensa en la que ha sabido mantener unido al PP y llegar a las vísperas electorales con un empate técnico en estimación de voto. Los obstáculos no han sido pocos, tanto dentro del PP- -con debates recurrentes sobre su liderazgo- como desde fuera- -con la obsesión enfermiza del PSOE y sus socios por arrinconarle en la extrema- derecha- Rajoy arrancó la legislatura en una situación de extrema gravedad para su partido. No era fácil para una formación política pasar de la mayoría absoluta a la derrota en las urnas. Es más, nunca en la historia de la democracia española se había producido tal hecho. En su mérito está haber logrado que el partido superase el desconcierto general motivado por la salida traumática del poder tras los atentados del 11- M y consolidarse en poco tiempo como oposición eficaz y alternativa real al Gobierno de Zapatero. Tampoco se le puede reprochar falta de coherencia. Su partido ha mantenido en estos cuatro años un discurso predecible e igual en todos los territorios del suelo patrio. El problema es que nunca terminó de conectar del todo con la ciudadanía. A su electorado le tenía convencido- -véase la fidelidad de voto entre los votantes del PP- pero le costó atraerse el apoyo de sectores sociales de centro e indecisos. Quizá lastrado por la herencia de la última etapa de Aznar, la de la guerra de Irak, su mensaje nunca llegó nítido a la sociedad española, que en términos generales le ha mirado con una cierta desconfianza. Tampoco supo aprovecharse de los errores de su adversario socialista- -que a ojos del conjunto del electorado han podido ser muchos y graves- -para emerger como la mejor solución a los problemas del país. Durante la legislatura más crispada de la democracia, Rajoy se ha destapado como un solvente gestor, buen orador y fiable político, pero esas armas no han sido suficientes para imponerse al talante y la telegenia de Zapatero, más dado que él a vender humo. Hermético y desconfiado, aunque agradable en el trato directo, Rajoy ha sabido hacer de los tópicos del galleguismo un escudo protector. Su máxima es la que concierne al sentido común y, sobre todo, a no dar pasos en falso que le puedan comprometer. Tal vez por eso, algunos- -incluso dentro de su partido- -le achacan que prefiere quedarse quieto antes que tomar decisiones drásticas. Pero lo cierto es que esa estrategia le ha servido para llegar donde está, como quedó demostrado cuando Aznar le designó sucesor. Aunque eran otros los que estaban mejor colocados en las apuestas de la carrera sucesoria, supo sacar partido a los fallos de sus competidores. El ideario político de Rajoy se enmarca dentro del centro reformista, concebido como la defensa de la libertad individual de los ciudadanos frente al poder del Estado. El carácter liberal del presidente del PP le viene de su padre, ahora octogenario, que llegó a ser presidente de la Audiencia Provincial de Pontevedra y que no lo pasó demasiado bien durante el franquismo; y de su abuelo, declarado republicano que en 1932 intervino como actor fundamental en la redacción del Estatuto de Autonomía de Galicia y fue apartado de la docencia universitaria por la dictadura franquista hasta principios de los cincuenta. También de su padre, fiel lector de ABC desde hace décadas, le viene la especial simpatía que siente por este diario. Como anécdota suele contar que su progenitor suele llamarle a primera hora de la mañana para interesarse por su trabajo cuando ha leído en este periódico alguna crítica a su gestión. La trayectoria política de Rajoy es extensa, ya que ha asumido casi todos los cargos de responsabilidad política en el ámbito local, autonómico y nacional. Apadrinado por Pío Cabanillas Gallas, Rajoy comenzó a tomarse en serio eso de la política en 1981, aunque tenía carnet de Alianza Popular desde 1978, lo que le convierte en un pata negra según la nomenclatura del partido. En 1982 fue designado director general de Relaciones Institucionales de la Junta de Galicia. Un año después, fue elegido concejal en Pontevedra y presidente de la Diputación, cargo que desempeñó hasta 1991. A mediados de los ochenta, no dudó en apoyar a Antonio Hernández Mancha, pero en contra de lo que le pasó a muchos dirigentes populares de aquella época, no acabó quemado por las luchas cainitas del centro- derecha. Él salió indemne. El salto a la política nacional lo dio en 1990 de la mano de Aznar, cuando fue elegido vicesecretario general del PP refundado. Con Aznar, ocupó varias carteras ministeriales y la vicepresidencia política del Ejecutivo. Edil y presidente de Diputación La bandera del sentido común Su ideario político se enmarca en el centro reformista, concebido como la defensa de la libertad individual Quizá lastrado por la herencia de la última etapa de Aznar, su mensaje nunca llegó nítido a la sociedad