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ABC ELECCIONES 9 M LUNES 10- -3- -2008 EL PARTIDO POPULAR ESPAÑA 19 Eduardo San Martín GANANCIA UNA AMARGA l PP ha perdido ganando. Era una paradoja a la que apuntaban los sondeos previos. Ganancia de escaños y de votos, pero no en grado suficiente. De forma que la medida del resultado del PP no son sus propios datos, que son especialmente meritorios dadas las circunstancias, sino los que ha obtenido el PSOE, que podría gobernar incluso sin apoyos externos. También, la sensación de haber perdido una oportunidad de oro para haber vencido Después de haber realizado un trabajo de fidelización de su electorado durante la primera mitad de la legislatura con una política de oposición dura, sin contemplaciones y a veces muy antipática, Mariano Rajoy no ha sido capaz, en la segunda mitad, de construir sobre esos cimientos una plataforma ganadora por el único procedimien- E Rajoy, junto a su mujer, Acebes y Pizarro, en el balcón de la sede popular en la calle Génova de que las estructuras del partido deben aguantar con Rajoy al frente durante esta legislatura, dado que ha mejorado los resultados, pero puestos ante un proceso de sustitución, defienden que éste se haga de forma ordenada y con el concurso de las organizaciones territoriales, sin que sea un modelo centralizado por Madrid. En todo caso, el Partido Popular está obligado a celebrar un congreso ordinario este año. Tocaba en octubre de 2007, pero el periodo preelectoral recomendó retrasarlo unos meses a la espera de que tuvieran lugar los comicios. Ahora, la incógnita es si será antes o después del verano y hasta qué punto volverá del re- IGNACIO GIL vés las estructuras del partido. En el primer partido de la oposición hay, sin duda, un banquillo amplio y con experiencia en la gestión. Es lo que muchos han denominado el clan de los administradores de la derrota cuyo objetivo es mantener la potencia del partido que, a pesar de la derrota, ha demostrado tener buena salud. to posible de captar votos en otros caladeros. Las terribles heridas con las que el PP sobrevivió a la debacle de marzo de 2004 probablemente exigían el trabajo desarrollado en esos primeros años de legislatura. Con el tiempo, se fue haciendo una evidencia que el partido no sería capaz de ganar si no saltaba esa barrera del 38- 40 por ciento de votos que las encuestas le asignaban machaconamente. En vísperas de los comicios, esa barrera seguía ahí, inalterable. Y los votos la han confirmado. En la primavera de 2006, Rajoy se encontraba en condiciones de desmentir a quienes le consideraban una mera proyección del pasado. La conferencia del partido celebrada en aquellas fechas, vista ahora en perspectiva, fue la ocasión perdida de acercarse a otros electorados sin abandonar el núcleo duro de su política. Las presiones de determinados medios externos, erigidos en maquiavelos de fortuna, y el malhadado desenlace del affaire Aguirre- Gallardón, cegaron en el último tramo de la legislatura cualquier vía en esa dirección. El trabajo que entonces no se hizo deberá realizarse ahora con más escaños pero no con una mayor capacidad de influencia en la política española.