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ABC DOMINGO 9 s 3 s 2008 OPINIÓN 3 LA TERCERA HIPÓTESIS ESPAÑA He aquí el poder constituyente genuino. Sin tocar ni una coma de la Constitución ni reformar la ley electoral: todo es posible mediante un pacto que suponga el triunfo de la política sobre el partidismo. Nadie queda excluido. Lealtad es la palabra mágica. Los nacionalistas entienden muy bien este mensaje... TRA vez los asesinos infames. Vuelven, por desgracia, el terror totalitario y la náusea mezclada con la indignación. La tristeza, el silencio, la angustia, acaso el desaliento. La gente de bien reclama firmeza implacable. Todos juntos, por favor, de una vez y para siempre. ¿Sabemos estar unidos? Prefiero no comentar la escena de la capilla ardiente. Amigo Isaías, uno más que dejamos en el camino. ¿Quién tiene ganas de hablar de elecciones? Urnas abiertas, debería ser una fiesta. Algún día ganaremos, supongo... Menos mal que por la razón que sea, los lacayos de ETA no tendrán sitio en las Cortes Generales, porque la sede de la soberanía nacional está reservada a las personas decentes. Es una buena noticia para los amantes de la libertad. Sí, algún día vamos a derrotar a ETA... Sociedad abierta, democracia constitucional, economía de mercado con Estado de bienestar: todo imperfecto, claro; seguramente fugaz; a veces frágil y quebradizo. Es cierto, pero somos unos privilegiados porque vivimos en la sociedad menos injusta de la historia. Aquí está España, situada de forma ya irreversible en el lugar que le corresponde. Con una condición: virtud cívica, sentido de la responsabilidad, política de principios frente al oportunismo coyuntural. Cada cual debe ejercer su propia opción tomando muy en serio el deber inherente a la ciudadanía. Como bien decía Montesquieu, el principio que inspira la democracia es la virtud. Hay muchas cosas en juego, tal vez demasiadas. Lo primero, examen de conciencia. Es inaceptable actuar con frivolidad, con una mirada miope hacia el interés particular o con el desprecio posmoderno por las cosas que de verdad importan en la vida. España es una gran nación histórica, a la altura de las mejores del mundo, y los españoles tenemos que dar la talla, cada uno desde su preferencia legítima. Digamos alto y claro que ya está bien de sectarismo enfermizo: un país en el cual las diferencias han ido demasiado lejos es un peligro para sí mismo escribe T. S. Eliot, quizá el mejor poeta del siglo XX, conservador en política, revolucionario en literatura. No siempre la izquierda domina el mundo de la cultura, aunque algunos no lo comprendan. o podemos repetir otra legislatura como ésta. Tenemos que ser muy exigentes con nuestros políticos. Gane quien gane, España debería ganar siempre. Apliquemos el sentido común. No existen dudas constitucionales sobre el triunfador: en un régimen parlamentario, quien consiga más escaños tiene derecho a ser candidato para formar Gobierno. Fuera las trampas populistas sobre cualquier otra opción. Un paso adelante. Es la hora de crear una convención constitucional de forma consciente y deliberada: opinio iuris decimos los juristas. Expresado su rechazo político en la primera votación, el perdedor tendría que abstenerse en el segundo turno para permitir la investidura del líder de la mayoría minoritaria en el Congreso. Llega la hora de dar preferen- O cia al deber patriótico. Rajoy lo admite de forma explícita. Zapatero tiene que estar a la altura, aunque los antecedentes invitan al pesimismo. Todo apunta a que los nacionalistas han tocado techo en cuanto al apoyo popular. Lectura política: los españoles exigen sentido de la responsabilidad a los grandes partidos nacionales. No sirve pactar apoyos con las minorías a cambio del desguace de la sociedad y el Estado. Lo demostrará el resultado de esta noche. Zapatero pretendió configurar un nuevo poder constituyente arrojando al PP a los márgenes del sistema. Apuesta falaz, y además fallida. En democracia, la oposición es tan importante como el Gobierno. Si la regla de oro es que la mayoría gana el ochenta por ciento largo de los ciudadanos votamos por uno de los dos grandes partidos. He aquí el poder constituyente genuino. Sin tocar ni una coma de la Constitución ni reformar la ley electoral: todo es posible mediante un pacto que suponga el triunfo de la política sobre el partidismo. Nadie queda excluido. Lealtad es la palabra mágica. Los nacionalistas entienden muy bien este mensaje. ¿Utopía inalcanzable? Depende de nosotros. Piense y compare antes de acudir al colegio electoral. ecciones prácticas para ocasiones futuras. Muchos lectores inteligentes de ABC lo comentan en sus cartas. ¿Tiene sentido la distinción formal entre campaña y precampaña ¿Para qué prohibir la publicación de encuestas que todo el mundo conoce? ¿Sería mejor suprimir los mítines y multiplicar los debates? Hay más cosas. Las Cámaras no se constituyen hasta el día uno de abril, y el nuevo Gobierno empezará a trabajar mucho después. Ninguna empresa privada podría asumir esta parálisis sin sentido. En el Reino Unido, habría primer ministro esta misma semana, y no me digan que se debe sólo al sistema mayoritario. Aquí, como en todas partes, los polí- ticos llegan a un acuerdo- -cuando llegan- -en el último minuto del último día. Si acortamos los plazos legales, el gran teatro de la negociación reducirá drásticamente el número de funciones. Acaso son cuestiones menores, si las comparamos con ETA y el futuro de España, pero no siempre vamos a hablar de lo que quieren los terroristas. Los problemas aguardan a la vuelta de la esquina. La adopción de medidas eficaces para afrontar la crisis económica no admite demoras: ¿o es que ya nadie se acuerda? Hace falta tiempo para diseñar la reforma ineludible de ciertas instituciones fallidas; un enfoque diferente de la política exterior; un pacto de Estado para salvar la escuela y las universidades; las pautas de una justicia eficiente alejada de la política de las togas... En España, las grandes leyes llegan siempre al final de la legislatura. ¿Su aplicación? Veremos a quién nombran... Experiencia eterna del funcionario. Paciencia infinita de una sociedad escéptica ante las ocurrencias del poder. or supuesto, habrá ganadores y perdedores. Si pierde Zapatero... Fracaso incuestionable. Primer presidente que no repite mandato. Inevitable recurrir a ETA, del proceso fallido al vil asesinato de Mondragón. Como era el favorito, aunque por poco, casi nadie planteaba la reacción del PSOE en caso de derrota. Pasarán muchas cosas, casi seguro, pero será a medio plazo. La izquierda soporta la oposición con la ventaja de jugar a favor en la batalla de las ideas. Siempre llevan razón, luego algo inventarán para justificar lo inexplicable. Si pierde Rajoy... Depende, según y cómo. Al margen de nombres propios, lo esencial es la inteligencia táctica para adaptar el proyecto a la sociedad real. Lo peor, y no es descartable: asumir un absurdo papel de minoría perseguida y disfrazarse con esa caricatura de la derecha que tanto gusta al PSOE. En política, como en la vida, es muy satisfactorio confirmar los prejuicios que alimentan a las mentes dogmáticas. Convendría no regalar esta baza al adversario. Virtud y fortuna, al modo renacentista. No confundir con la suerte, que es todo lo contrario de una expectativa razonable. Por cierto que si llegara ese pacto de abstención para la investidura la supervivencia política de sus protagonistas sería más factible. El sentido de Estado ofrece ventajas adicionales. Un buen consejo: busquemos solamente lo posible... decía Bentham, un liberal austero. Alguna vez tendremos que ganar. He aquí la hipótesis España: trasladar a los políticos la voluntad de un gran mayoría del pueblo, único titular legítimo de la soberanía. ¿Los partidos? Unos mejor y otros peor. En democracia, siempre hay otra oportunidad. Algunas personas decentes ya no la tendrán nunca: los guardias civiles de Capbreton; los inmigrantes de la T- 4; el antiguo concejal que renunció a llevar escolta... Malditos asesinos. P L N BENIGNO PENDÁS Profesor de Historia de las Ideas Políticas