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88 VIERNES deESTRENO VIERNES 7 s 3 s 2008 ABC El protagonista de la película lucha con un mamut en una escena de 10.000 Hace un millón de años... o casi Llega hoy a las pantallas españolas 10.000 una epopeya dirigida por el alemán Roland Emmerich Godzilla El Día de la Independencia que narra una historia de amor prehistórica, y en la que se multiplican los mamuts y las aves gigantes ABC MADRID. La última vez que Roland Emmerich llegó a las pantallas españolas fue para inundar y congelar el mundo. Antes, el director alemán ya había dado ejemplo de catastrofismo en películas como Godzilla o El Día de la Independencia donde no dejaba un edificio en pie. Y claro, con nuestro planeta destruido, no le ha quedado otro remedio que viajar en el tiempo. Concretamente, Emmerich sitúa su nuevo trabajo en el año 10.000 antes de Cristo; no ha querido el cineasta quebrarse la cabeza y ha titulado así su película: 10.000 Se trata, dicen los productores del filme, de una epopeya llena de acción y aventura ambientada en una época en la que la humanidad vivía entre grandes mamuts y tigres de dientes de sable que dominaban la tierra y añaden como aclaración, para avisar al espectador, que la película está basada en la Historia pero impulsada por la imaginación Una excusa como otra cualquiera para introducir licencias en el filme. La película cuenta la historia de un cazador, D Leh (interpretado por el semidesconocido Steven Strait) que se ha enamorado de Evolet (Camilla Belle, protagonista del reciente remake de Cuando llama un extraño Ella vive en una remota tribu de la montaña, que se ve atacada por un grupo de misteriosos señores de la guerra que arrasan el pueblo y raptan a la joven. D Leh emprenderá entonces, acompañado por un grupo de cazadores, un viaje para lograr rescatar a su amada. Conducido por el destino- -cuentan los productores- el insólito grupo de guerreros debe luchar contra tigres de dientes de sable y otros depredadores prehistóricos y, al final de su heroico viaje, descubren una civilización perdida. Su última esperanza yace en un imperio más allá de la imaginación, dónde las altas pirámides legan hasta los cielos. Allí opondrán resistencia a un poderoso dios que ha esclavizado brutalmente a su gente La historia de amor y el viaje del protagonista está vestida, como era de esperar, con monumentales decorados, poderosos animales ya extinguidos, batallas espectaculares y miles de extras. Cecil B. de Mille y Samuel Bronston redivivos y pasados por el tamiz de la tecnología, convertida en esta película en un actor más. Cuando el tema principal es un hombre primitivo- -ha explicado Emmerich- tienes la oportunidad de contar historias heroicas muy intensas en las que un personaje tiene que lograr cosas imposibles. Quería hacer una película que te permitiera trasladarte a este otro mundo que, por apariencia y feeling, no se puede comparar con nada que hayas visto antes y que consiga transportarte a una época y un lugar donde todas esas cosas que has oído cobran vida Según Emmerich, no ha querido sólo contar una historia de amor, y su protagonista convertirá el viaje de rescate de Evolet en el descubrimiento de un nuevo mundo: esta idea mayor es salvar la vida humana, salvar la idea de libertad. No tienen otra esperanza contra estos invasores, que tecnológicamente están mucho más avanzados que ellos, que unir a esta gente contra el enemigo común La aventura, insiste el director, ahonda en temas universales como el destino y las profecías, la opresión y la emancipación y la naturaleza del heroísmo y del liderazgo. Cada hombre tiene que decidir- -dice- -cuán grande es el círculo al que pertenece. ¿Encierra sólo a los seres amados, a su familia, quizás a la tribu o a un grupo mayor de gente? Nuestro héroe emprende un viaje lleno de descubrimientos. Tiene que evolucionar desde el joven egoísta que es para convertirse en líder de los hombres. Y la clave es el tamaño de ese círculo y cuánta gente cabe en él La película fue rodada en Nueva Zelanda y Suráfrica. Se quería, dice Emmerich, encontrar lugares apenas explorados por el hombre para embarcar a los espectadores en un en- Quería hacer una película- -dice Emmerich- -que me permitiera trasladar al espectador a un mundo que no se puede comparar con nada