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86 VIERNES DE ESTRENO www. abc. es cine VIERNES 7 s 3 s 2008 ABC Proyecto Ópera Prima La ESCAC ha ideado un plan para situar en el planeta cine a sus titulados. El primer fruto es Lo mejor de mí ganadora de dos premios en Locarno. La dirige Roser Aguilar, compañera de promoción de Juan Antonio Bayona, director de El orfanato POR FEDERICO MARÍN BELLÓN MADRID. Roser Aguilar nació en Barcelona, un año después que Jaime Rosales. No debe de ser casualidad que Lo mejor de mí y La soledad compartan similares inquietudes, además de un gusto por experimentar con el lenguaje cinematográfico sin perder nunca de vista al espectador, aunque éste a veces sí pierda de vista su tipo de cine. Con Rosales, el público necesitó una segunda oportunidad. La cinta de Aguilar se estrena hoy, tras un exitoso recorrido por diversos festivales. En Locarno (Italia) se llevó el Boccalino de Oro a la Mejor Película, galardón que concede la crítica internacional, y Marián Álvarez ganó el Leopardo de Plata a la Mejor Actriz. Lo mejor de mí pone a prueba la relación entre Raquel y Tomás (Juan Sanz) un atleta que pronto necesitará un hígado nuevo para sobrevivir. Cuando el trasplante no llega, la chica se plantea darle un trocito de su cuerpo, una vez entregada su alma. Se trata del primer fruto del proyecto Ópera Prima puesto en marcha por la ESCAC (Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya) para dar una oportunidad a sus titulados a través de su productora, Escándalo Films. El equipo de Lo mejor de mí está formado en su totalidad por ex alumnos de la escuela, muchos de los cuales se estrenan en el largometraje. Su directora pertenece a la misma promoción que Juan Antonio Bayona, director de El orfanato otro título que nació pequeño, aunque su trayectoria haya sido la de un gigante. Los responsables de la ESCAC consideran que Lo mejor de mí es su primera propuesta de un proyecto de I+ D. En realidad, su experiencia no es tan breve: han producido ya más de 150 cortos que han obtenido más de 400 premios en todo el mundo. Escándalo Films también coprodujo Yo de Rafa Cortés, seleccionada en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes. A Roser Aguilar le ha llevado cinco años terminar su película. La directora, que quería hablar de la diferencia entre el amor idealizado y el concreto encontró la forma de canalizar sus ideas, hasta entonces casi abstractas, cuando vio una entrevista con el doctor Juan Carlos García- Valdecasas, jefe de Cirugía Hepática del Hospital Clínico de Barcelona. Me faltaba la trama y un día le escuché hablar de los donantes vivos cuenta Aguilar. Me parecía una ocasión perfecta para preguntarle hasta qué punto estamos dispuestos a hacer algo así por amor. Conseguí localizarlo y disfruté su disponibilidad. Me contó todo lo que necesitaba, hasta el punto de que durante dos años me ha asesorado. Nos presentó a donantes, personas trasplantadas... Una de las cosas que aprendió Roser es que además de hacerles un test psicológico, los médicos siempre dejan una puerta de salida al donante, que tiene la posibilidad de escapar Su película se adentra en esa lucha psicológica. Marián Álvarez tiene claro que ella sería capaz de llegar tan lejos como su personaje. La directora no está tan segura. Me lo he planteado, pero no lo sé. De eso va la película. Crees saber, pero luego es bastante más complicado. Sé lo que he hecho hasta ahora por amor, pero no hay que hacer las cosas para quedar bien, sino porque sientes que te apetece Ambas mujeres han discutido también si a veces no se llega a actuar como Raquel, protagonista de la película, sólo por tranquilizar la propia conciencia. Culturalmente parece que queda bien si te sacrificas por alguien, pero es muy peligroso dice Roser. Tienes que hacer las cosas porque tú quieres, pero no para pasárselo al otro por la cara Marián admite que la línea es muy fina: A veces, cuando surge una enfermedad en una familia, de repente todo el mundo es más importante que el propio enfermo. Uno se vuelve egoísta, quieres sufrir más que él, aunque quizá si te lo tomas de otra manera lo ayudas mucho más Trasplantes de donantes vivos Emocionar con inteligencia He rodado en castellano porque el cine es para la gente, no para mi ombligo Llama la atención que Roser Aguilar rodara en castellano su película, producida por una escuela de cine catalana, Decidí hacerlo porque por suerte soy bilingüe y así llegaba a mucha más gente. Lo planteé y no hubo ningún problema. El cine mueve dinero y es para la gente, no para mi ombligo La directora lo tiene muy claro: Lo siento, pero hay una parte pragmática. Yo quiero hacer poesía, pero también quiero que la vean más de tres. Ese equilibrio es extraño, pero necesario Aguilar también habló sobre el miedo a tener una voz propia sobre todo con la primera película. Cuando te llamas Aguilar y no has rodado nada, no puedes imponerte aseguró. O sí, pero en mi caso, como no quiero hacer un cine de autor radical para mí misma, tenía que encontrar el equilibrio entre una historia que llegara a la gente y a la vez encontrar yo mi propio sello. Y ahí está Lo mejor de mí a medio camino A la cineasta le interesan los autores que cuenten algo con un punto de vista propio como Wim Wenders, Wong Kar Wai, Isabel Coixet y Víctor Erice. De las últimas películas destaca XXY y, claro, La soledad Con un tema así, una de las claves era medir el sentimentalismo del filme. Está claro que no íbamos a buscar que el espectador llore dice Aguilar. Hay veces que quieres emocionarlo, pero desde la razón y la inteligencia. Me gusta que me traten así cuando voy al cine e intento hacer lo mismo. Marián y Juan han trabajado en la misma línea y creo que por gusto personal suyo Una gran secuencia de llorar y sufrir supone un premio asegurado corrobora la actriz, pero en esta película no hay grandes escenas así, y eso es un reto. En la vida no somos tan melodramáticos. A lo mejor es la opción menos espectacular, pero yo creo que es la más real Quienes sí soltaron más de una lágrima fueron los actores. Lloramos tanto en los ensayos que luego rodamos mucho mejor, sabíamos decir más con menos asegura Juan Sanz, protagonista masculino. Marián añade que no sabía que se podían alcanzar tantos matices con un personaje. Encontrarlo es casi imposible hoy en día ¿Es necesario que dirija una mujer para conseguir un papel femenino tan bueno? Pues sí asegura. Hay hombres con una sensibilidad increíble, pero nadie entiende a una mujer como otra. Eso está claro. Yo con Roser podía hablar de Raquel sin que me mirase como una marciana. Nos entendíamos. Había un código. Hay matices que... Somos diferentes. No es que seamos unos mejores que otros. A lo mejor un hombre te puede hacer entender otro punto de vista, pero en este caso el papel sólo lo podía haber escri- to una mujer, y esa mujer era Roser La actriz admite, no obstante, que durante el rodaje no era consciente de lo que estaba consiguiendo, más que nada porque la evolución de Raquel es muy sutil. Temía que quienes estaban a mi alrededor pensaran: pero si no está haciendo nada. Porque lo que yo trataba de construir era un rompecabezas. Creo que a partir de la tercera semana sí había más confianza en mí Marián Álvarez, que tuvo que pasar dos casting muy duros, está entusiasmada con la forma en que fue dirigida. Roser lo tiene todo muy claro, pero no nos tenía sometidos, nos dejaba libertad. Hay muchas escenas totalmente improvisadas. La última secuencia ni la