Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC VIERNES 7- -3- -2008 Nana Mouskouri dejará los escenarios tras cincuenta años de profesión 83 The Cure, a plena luz Sin prescindir de las ahogadizas obsesiones que han marcado la obra de su banda, Robert Smith rebobina treinta años de carrera en un atípico concierto de grandes éxitos y salidas de tono, punto y seguido ante la inminente edición de su nuevo álbum de estudio POR JESÚS LILLO FOTO: ÁNGEL DE ANTONIO MADRID. Robert Smith se quitó anoche las telarañas en el palacio de los Deportes. Pintado como una puerta, vestido de negro, con el pelo cardado y a todo volumen, el líder de los Cure no renuncia a la plástica de un personaje popularizado por la videografía de los años ochenta, genio y figura televisada, pero se deja iluminar para interpretar en la gira que ayer le trajo a Madrid, con un aseo instrumental que contrasta con su desaliño físico, el lado más pop y luminoso de su obra, la cara b de una oscuridad que demasiado a menudo le ha servido de refugio y desafío. Anoche, y durante tres horas de recital, Smith se puso de parte del público- -general, no adicto- -para salir de aquel claustrofóbico armario de Close To Me y darse un baño de estribillos. La única sombra fue ayer la de sus ojos. Con las entradas agotadas desde semanas atrás y ante una audiencia- -fanática, por las pintas y otros síntomas de entrega- -que hubiera tolerado de buena gana cualquier ejercicio de reflexión gótica e interiorismo enlutado, los Cure, con una formación clásica- -Gallup, Thompson y Cooper- -repasaron los grandes éxitos de una carrera lastrada por los tópicos de esas tinieblas que su propio líder cultiva en encerronas discográficas y escénicas y que anoche, sin embargo, fue abierta en canal por el costado de las canciones de consumo y fin de semana. También presentaron, bien camuflado y disperso, un adelanto de su próximo álbum, tantas veces aplazado y previsto para esta primavera. Sin teclados- -el cuarteto echó mano de samples sintéticos en numerosas ocasiones y, en cambio, dejó cojas algunas piezas, como Lullaby necesitadas de cierto ensueño programado y cuyos arreglos resultaron bastante discutibles- los Cure, liderados por un maniaco del sonido, realizaron una impecable ejecución de lo mejor de su obra, un repaso superficial y estructurado- -ejercicio muy complejo por la previsible arritmia que pudiera provocar la remezcla de sonidos pertenecientes a distintas épocas- -a sus clásicos. Plainsong una de las cimas de Desintegration abrió y marcó el grueso de un repertorio que amaneció nublado y que de forma progresiva se fue despejando, hasta concluir, tres horas más tarde, en el estallido rítmico de un miniciclo dedicado al contenido de Three Imaginary Boys grabado hace ya treinta años, cuando Smith iba con la cara lavada. Sin señales de vídeo, sin otro decorado que una serie de fotos fijas proyectadas sobre una pantalla trasera, activada de vez en cuando para sacar al público de una ceguera, inducida, que obligaba a forzar el oído, Smith no tuvo en esta ocasión prejuicios para recuperar, a modo de ilustración de una carrera marcada por los altibajos estilísticos, flamencadas como The Blood desinhibidos números de funk Hot Hot Hot guiños a un Madchester que también se atrevió a pisar Never Enough o razias como One Hundred Years De todo un poco. Vergüenza, ninguna. Fue, pese a todo, el cuádruple bis dedicado a su irrenunciable lado oscuro, cerrado con A Forest lo mejor de un Robert Smith expuesto en esta gira a las luces de cruce de su propio y laberíntico scalextric creativo. Por lo oído anoche de su próximo álbum, A Boy I Never Knew el músico británico se dispone a buscar de nuevo las sombras, su cobijo. Remezcla de épocas do cuenta de lo importante que es la interpretación y cada vez simplifico más, en algunos temas sólo toco dos o tres notas. Al final, mi música igual acaba siendo un largo silencio pero cargado de emoción. -Se dicen toda clase de cosas sobre mí, unos dicen que mi música es arte y otros que es siempre la misma basura, pero si prestara atención habría dejado la música hace mucho. Para este disco tampoco hay una categoría, no es un disco clásico al uso y tampoco es chill out, ni new age, ni rock, claro. Mi musica surge de mi inspiración, que a veces viene de alguna parte. Yo me veo como un vehículo, un médium. Otros músicos han dicho algo así antes. -La crítica le considera un músico previsible, con un sonido característico que está por encima del estilo que aborde. algo que unas veces sale del alma, otras de los sueños y otras procede de un lugar más allá. Cuando funciona muy bien, es una sensación muy especial. Es como si un ser divino se expresara a través del sonido. ¿Sigue sin escuchar ninguna música ajena a la suya? ¿Es verdad que barajó la idea retirarse? -Sí, lo he pensado. Después de 35 años y 24 discos he hecho mucha música de todo tipo y, en este momento, ya no es la prioridad en mi vida. Cuando tenía 19 años me refugiaba en ella porque no me gustaba el mundo exterior. Ahora estoy más a gusto con mi existencia y disfruto más de otras cosas, como llevar a mis hijas al colegio, ver los delfines por la bahía de Palma o navegar con mis barcos. Me fascina el mar, a lo mejor los océanos me podrían servir de inspiración en el futuro. -Tan sólo escucho la que me da vueltas en mi cabeza a todas horas, incluso cuando duermo. Mi música favorita es la del silencio. -Siempre ha buscado referencias espirituales para sus composiciones. -Es verdad, la inspiración puede surgir en cualquier lugar pero para mí la música es Robert Smith, líder de la banda británica, durante su actuación de anoche en Madrid